viernes, 31 de enero de 2014

Pedagogía y estilo de san Juan Bosco

Como gran educador que fue, san Juan Bosco tenía su método, su fina pedagogía para educar mediante los Oratorios. Allí acudían muchachos y jóvenes, sin apenas instrucción ni mucho menos formación religiosa. Y lo que don Bosco buscaba no era meramente entretenerlos, sino llevarlos a Dios; y no era una pedagogía de los valores tal como la entendemos hoy, con lenguaje secularizado, sino virtudes cristianas, vida cristiana y vida de la gracia.


Don Bosco es un evangelizador, es decir, quiere que aquellos muchachos y jóvenes conozcan a Cristo y vivan la vida de la gracia. No funda una ONG, ni una asociación recreativa, sino lugares de formación cristiana, ámbitos cristianos de vida mediante la oración, la enseñanza, la predicación y también el juego, la recreación, el teatro... y la eterna alegría cristiana.

Las imágenes secularizadas de los santos, leídos en las claves hoy de lo políticamente correcto, les hacen un flaco favor. Y a veces el trabajo con los jóvenes se puede convertir más en mera distracción juvenil que en formación cristiana; en dinámicas de grupos más que en doctrina cristiana explicada.

Pero, ¿qué hacía Don Bosco? ¿Cómo trabajaba para evangelizar a los jóvenes?

En el "Resumen Histórico", de 1862, Don Bosco escribe detallando las actividades de los domingos:

miércoles, 29 de enero de 2014

El enfermo en la maternidad de la Iglesia

La Iglesia es Madre solícita, providente, amorosa. Ninguna circunstancia de nuestra vida le es ajena o extraña, sino que se muestra como Madre en la vida de sus hijos.

Con el catecumenado formó a sus hijos con catequesis, lecturas bíblicas, exorcismos y oraciones; en el Bautismo dio a luz estos hijos, renacidos para una vida nueva y santa; en la Confirmación, les comunicó el Espíritu Santo para que sean imagen plena de Jesucristo, ungidos con el Espíritu del Señor; y los alimenta constantemente, cada día, con el sagrado banquete (sacrum convivium) del Cuerpo y Sangre del Señor. La Iglesia, Madre, ofrece su corazón como un hogar, recibiendo a todos y compartiendo la vida como "familia de Dios".

También la Iglesia se muestra como Madre en las situaciones de debilidad, de enfermedad de sus hijos, ofreciéndoles remedios adecuados.

Ante las situaciones de pecado, la Iglesia ejerce su maternidad en el sacramento de la Penitencia, y acompaña a sus hijos orando por ellos.

Ante las situaciones de enfermedad y postración, la Iglesia ofrece el don del Espíritu Santo en el sacramento de la Unción de los Enfermos, llevando la comunión eucarística a los enfermos, visitándolos y pidiendo al Señor por su salud de cuerpo y alma.


lunes, 27 de enero de 2014

Magisterio: sobre la evangelización (XIII)

La Iglesia, nunca instalada, se calza constantemente las sandalias, se reviste la túnica, y con el celo por el anuncio del Evangelio, sale a los caminos del hombre para mostrarle a Cristo.

Tarea permanente, nunca acabada, es ésta de la evangelización. La Iglesia siempre está in statu missionis, en estado de misión. Esa conciencia de misión es la que hoy debe alentar el espíritu y toda pastoral, el compromiso pastoral y cualquier apostolado, toda iniciativa nueva sea parroquial o sea en los nuevos areópagos de la fe y la razón, de la cultura, del arte...

"La Iglesia ha adquirido una conciencia aún más clara de su innata vocación misionera, reconociendo en ella un elemento constitutivo de su misma naturaleza. En obediencia al mandato de Cristo, que envió a sus discípulos a anunciar el Evangelio a todas las gentes (cf. Mt 28, 18-20), también en nuestra época la comunidad cristiana se siente enviada a los hombres y a las mujeres del tercer milenio, para darles a conocer la verdad del mensaje evangélico y abrirles de este modo el camino de la salvación. Y esto —como decía— no es algo facultativo, sino la vocación propia del pueblo de Dios, un deber que le incumbe por mandato del mismo Señor Jesucristo (cf. Evangelii nuntiandi, 5). Más aún, el anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden dar a cada persona y a todo el género humano, por estar llamados a comunicar a todos el amor de Dios, que se manifestó plenamente en el único Redentor del mundo, Jesucristo" (Benedicto XVI, Discurso a un Congreso sobre el 40 aniversario del decreto Ad Gentes, 11-marzo-2006). 

Obsérvese bien: el primer servicio que podemos prestar es evangelizar. La evangelización no es un momento posterior a la promoción humana, a la educación, al desarrollo, o a ese "estar anónimamente" inserto en la ciudad o en el barrio pensando que sólo "estar" como uno más ya es significativo. La evangelización es "el primer servicio" que podemos prestar porque orienta la vida del hombre en el encuentro con Cristo. 

domingo, 26 de enero de 2014

La vida íntima del teólogo

¿A qué nos referimos con la vida íntima del teólogo?

A aquello que es la fuente de su vida y la dirección que marca su vocación teológica.

La fuente de la vida del teólogo es el Logos, que lo ha aprehendido, y el teólogo se ha dejado llevar, contemplando, razonando, amando, dejándose interpelar... Este Logos, la Razón, el Verbo, la Palabra, se ha hecho carne en Jesucristo. El teólogo se pone a la escucha y ejercita la fe que busca entender. Superando un mero racionalismo, descubre el Logos y las posibilidades de la razón puestas en el orden de la fe y al servicio de la fe.

"No es que yo crea que con sus libros los teólogos hayan sido los operarios más serviciales en la Iglesia; no, pero también estoy convencido de que sin ellos ciertas misiones sagradas suyas no se pueden cumplir. Sin el logos del teólogo, la fe puede convertirse en magia o en ideología, sucumbir al poder o desconocer sus orígenes en una historia particular, olvidar que ella se nutre de memoria, experiencia y esperanza, que, por tanto, siendo la vida presente sagrada, ella reclama y abre a la vida eterna, aquella que sólo Dios nos puede otorgar. La teología, hoy como siempre, es un carisma al servicio de Dios y de los hombres en la Iglesia.

Quienes nos dedicamos a ella no la hemos elegido, sino que nos hemos encontrado elegidos para esa misión por una especial invitación de Dios o por obediencia a quienes con la autoridad apostólica nos encargaron su cultivo. Ella es un servicio a la fe, la esperanza y la caridad" (O. González de Cardedal, La teología en España (1959-2009), Madrid 2010, p. 444).

jueves, 23 de enero de 2014

Hablando del cuerpo (en positivo)

Restos de maniqueísmo, de dualismo, siguen persistiendo en la Iglesia. Un desmedido afán espiritualista continúa despreciando o rechazando la corporalidad, mirándola con sospecha. Pareciera que todo lo material, lo corporal, es de por sí pecaminoso, fuente de pecado. Más aún, en nuestro lenguaje, apenas se presta atención a la resurrección de la carne, sino que nos limitamos a hablar del "alma" para la vida eterna, mutilando la escatología; bueno, mutilando la escatología, la antropología, la cristología y la redención.

El cuerpo forma parte de uno mismo, ya que la persona tiene dos co-principios para ser tal persona: el cuerpo y su alma. La visión cristiana sobre el cuerpo es muy rica, serena y equilibrada. Hay que dominarlo para que la concupiscencia de la carne no nos arrastre, pero no porque el cuerpo mismo sea fuente de pecado, sino porque nuestra alma herida por la concupiscencia se desorienta. Recordemos la belleza y la inocencia original de Adán y Eva y cómo, por el pecado, el cuerpo del otro era ya mirado con pasión y deseo, a la vez con vergüenza, y debe ser cubierto, vestido.

Veamos una perspectiva teológica del cuerpo y de la corporalidad, ofrecida por Benedicto XVI con sublime maestría:

"Conjugar la teología del cuerpo con la del amor para encontrar la unidad del camino del hombre: este es el tema que quisiera indicaros para vuestro trabajo.

Poco después de la muerte de Miguel Ángel, Paolo Veronese fue llamado ante la Inquisición, con la acusación de haber pintado figuras inapropiadas alrededor de la Última Cena. El pintor respondió que también en la Capilla Sixtina los cuerpos estaban representados desnudos, con poca reverencia. Fue el mismo inquisidor el que defendió a Miguel Ángel con una respuesta que se hizo famosa: “¿No sabes que en estas figuras no hay nada que no sea espíritu?”. En la actualidad nos cuesta entender estas palabras, porque el cuerpo aparece como materia inerte, pesada, opuesta al conocimiento y a la libertad propias del espíritu. Pero los cuerpos pintados por Miguel Ángel están llenos de luz, vida, esplendor.