jueves, 14 de noviembre de 2013

La historia de la Iglesia es historia de sus santos

La historia, la gran historia, a veces se escribe de la manera más oculta y discreta, velada para los ojos profanos, cuando Dios entra en diálogo con un alma y la va transformando. En esos diálogos decisivos de oración, intimidad y amor, Dios está escribiendo una nueva página en la historia.


¡Qué manera tan eficaz, tan sorprendente, tan alejada de centros de poder político o económico, de ideología, es la manera de los santos! Ellos han partido de la iniciativa divina revelándose, dándose a ellos. Todos suelen coincidir en aquel versículo de Isaías, "secretum meum mihi", "mi secreto para mí", sin exponer a la mirada indiscreta la hondura de Dios con el alma. Y aun cuando hayan narrado mucho de su proceso interior, como san Agustín en sus Confesiones o santa Teresa en su Libro de la Vida, siempre saben y así lo expresan que hay un núcleo último, inexplicable, inefable, que es Dios obrando y el hombre ante Él.

martes, 12 de noviembre de 2013

Los milagros y curaciones del Señor

¿Por qué tantos milagros y curaciones en los evangelios?
¿Qué interés tiene Cristo en curar?
¿Y sobre todo, por qué?

Podría en un acto de su voluntad divina haber curado de una vez a todos los ciegos, cojos, paralíticos, leprosos... Podría haber ahorrado mucho sufrimiento. ¿No era Jesús un filántropo, un amigo de la humanidad? ¿El iniciador de una ONG nueva?

Los milagros pretendían sobre todo un fin espiritual. Mostraban su divinidad de manera clara, actuando mediante su carne, su humanidad. Y así, curando, se veía que aquel Hombre era el Dios-con-nosotros, que el poder de Dios residía en Él, porque era Dios mismo, y su actuación señalaba el orden más importante, el que más le preocupaba e interesaba.

Los milagros y curaciones son signos del Reino de Dios, de la victoria pascual del Señor.

Esto no es negar la verdad histórica: fueron realmente curados y no son relatos mitológicos o simbólicos. ¡Que se lo pregunten a estos enfermos que tanto se alegraban! Lo que hemos de conseguir es ir más allá de una lectura del milagro concreto para comprender la intención de estas actuaciones salvadoras de Jesus.
La enfermedad y la sanación en el Evangelio tienen que ver con el Reino de Dios que en Cristo se está inaugurando:

lunes, 11 de noviembre de 2013

Robustecer la fe

¡Señor, auméntanos la fe!

La petición de los discípulos hemos de hacerla nuestra también nosotros en este año de la fe. Al fin y al cabo, un año de la fe busca clarificar y robustecer la fe, cuando se puede encontrar debilitada, fría, acomodaticia o con el virus de la secularización.

Volvamos los ojos a Cristo para robustecer y afianzar la fe -esto siempre- y crezca el gozoso sentido de pertenencia a la Iglesia, columna y fundamento de la Verdad, la que conserva el depósito de la fe transmitiéndolo.

Una vez más será la sabia palabra de Pablo VI, en una catequesis, la que va a servirnos para formarnos y profundizar. Leedla como quien nada sabe, como quien por primera vez oye estas verdades, dejaos impactar y pensad luego despacio.

"Ante vosotros, queridos visitantes, peregrinos a esta tumba del Apóstol Pedro, brotan en nuestros labios las palabras que Cristo dijo en la última cena a sus discípulos, cuando sólo quedaban once, después de la salida del traidor: 'No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y también creed en mí" (Jn 14,1). Sí, es lo que deseamos para vosotros, lo que os recomendamos: tened fe en Dios y tened fe en Cristo, es el tema del año que, a finales de este mes, va a concluirse, y que precisamente Nos mismo llamamos el Año de la Fe en memoria y honor del centenario del martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Al pronunciar estas palabras solemnes y benditas advertimos el contraste que encuentran con las ideas turbulentas que corren por el mundo contemporáneo sobre el santo nombre de Dios, y que, como tremenda oleada, ahogan la fe de muchos hombres de nuestro tiempo. Estas ideas, habréis oído hablar de ellas sin duda, acaso las habéis escuchado como una agresión contra vuestro espíritu, y quizá se han insinuado en vosotros como una solución lógica y convincente, estas ideas son muchas, graves y complicadas, adquieren nombres nuevos y extraños: secularización, desmitización, desacralización, oposición global y, finalmente, ateísmo y antiteísmo, es decir ausencia o negación de Dios, bajo muchos aspectos, siguiendo las escuelas filosóficas de las que procede este rechazo de Dios, o los movimientos sociales y políticos que lo defienden o lo promueven, o el descuido práctico de todo sentimiento y de todo acto religioso.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Teología, canto, redención

Hay una crítica de Nietzsche, el filósofo nihilista que lleva marcando el pensamiento contemporáneo casi dos siglos, que posee una grandísima parte de verdad y a todos nos obligaría a pensar y reflexionar.

"Mejores canciones tendrían que cantarme para que yo aprendiese a creer en un redentor: ¡más redimidos tendrían que parecerme los discípulos de éste!

Desnudos quisiera verlos: pues únicamente la belleza debiera predicar penitencia. ¡Mas a quien persuade esa tribulación embozada!

¡En verdad, sus mismos redentores no vinieron de la libertad y del séptimo cielo de la libertad! ¡En verdad ellos mismos no caminaron nunca sobre las alfombras del conocimiento!

¡De huecos se componían el espíritu de esos redentores; mas en cada hueco habían colocado su ilusión, su tapahuecos, al que ellos llamaban Dios!" (Nietzsche, Así habló Zaratustra, Parte II: De los sacerdotes).

¡Mejores canciones, más caras de redimidos!

¿Qué testimonio ofrecen hoy los católicos?

jueves, 7 de noviembre de 2013

Sacerdocio bautismal que ofrece

Hay que recordar que, por el bautismo, participamos todos del sacerdocio de Cristo: somos sacerdotes, profetas y reyes. Es una impronta del Espíritu Santo en nosotros que marca y configura cuanto somos y hacemos. Somos sacerdotes por el bautismo -se llama "sacerdocio común-.


El Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen Gentium, aludía a este carácter sacerdotal de todo el pueblo cristiano por el bautismo. Decía:

"Cristo Señor, Pontífice tomado de entre los hombres (cf. Hb 5,1-5), de su nuevo pueblo «hizo... un reino y sacerdotes para Dios, su Padre» (Ap 1,6; cf. 5,9-10). Los bautizados, en efecto, son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de toda obra del hombre cristiano, ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de Aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz (cf. 1 P 2,4-10). Por ello todos los discípulos de Cristo, perseverando en la oración y alabando juntos a Dios (cf. Hch 2,42-47), ofrézcanse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios (cf. Rm 12,1) y den testimonio por doquiera de Cristo, y a quienes lo pidan, den también razón de la esperanza de la vida eterna que hay en ellos (cf. 1 P 3,15).