domingo, 31 de julio de 2011

Oblación de mayor amor y estima


Con san Ignacio bien podríamos aprender a rendirnos completamente al Amor de Dios y entonces, libres de todo, buscar sólo su Gloria y el bien de los hombres.

Ese fue el ejercicio de su vida y así lo plasmó en ese proceso interior que llamamos "Ejercicios Espirituales". Al final, habiendo reconocido el fin para el que soy creado, reconocido y aborrecido el pecado internamente, siguiendo a Cristo que llama a través de la meditación de su vida, hallando contrición por su Pasión y gozo por su Resurrección, el cristiano se dispone a entregarse a Dios en su Iglesia.

Entonces surge, con la fuerza de la verdad y de la vida, la siguiente plegaria de san Ignacio, situados en el corazón de la Iglesia, sintiendo con la Iglesia:

Tomad, Señor,
y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer.
Vos me disteis, a Vos, Señor, lo torno.
Todo es Vuestro:

disponed de ello según Vuestra Voluntad.

Dadme Vuestro Amor y Gracia,

que éstas me bastan. Amén.

sábado, 30 de julio de 2011

Humanismo cristiano integral

El humanismo cristiano es integral, porque no se detiene a considerar al hombre en sí mismo, considerándolo casi un producto acabado y perfecto, olvidando su origen y su destino. Es más, el humanismo cristiano mira al hombre y ve en él al ser creado por el amor de Dios, que encuentra su plenitud humana en Jesucristo (que es el modelo y revelación de todo hombre), que tiene vocación de eternidad en la comunión con Dios.


Muchas pueden ser las corrientes humanísticas que hoy pululan... que hablan del hombre, su dignidad y derechos, pero todo está supeditado al hombre mismo y a su capricho, determinando el hombre mismo cuáles son sus derechos y creándolos (derecho al aborto, por ejemplo). Pero eso no es humanismo, es una caricatura del mismo. Ni ven en el hombre más que el portador de un voto y por tanto ha de ser convencido, engañado y manipulado, o ven un hombre que simplemente es un consumidor en el mercado: habrá que crearle necesidades nuevas para que requiera consumir y que se crea que así es feliz.

Nada de eso corresponde a la estructura de lo humano.

El humanismo cristiano en su valoración del hombre (creado, redimido, agraciado) lo potencia en todo aquello que sea bueno, bello y verdadero y le oriente y acompañe en su camino de comunión con Dios. De lo contrario el hombre está siempre frustrado, nostálgico, perdido. Esa es la grandeza del humanismo cristiano integral:

jueves, 28 de julio de 2011

La Palabra es celebrada

Celebrar es el momento festivo, simbólico y ritual en que se desarrolla la escucha y respuesta a la Palabra del Señor. Una celebración que, ciertamente, pertenece a la Iglesia (SC 26). Esta liturgia de la Palabra comienza a ser celebración cuando el lector sube al ambón y teniendo el leccionario abierto, signo de la presencia del Señor, presta su voz a las palabras contenidas en él, y la Palabra se hace Espíritu y deja de ser letra muerta impresa en un libro. Aquí está la celebración, comunitaria (por cuanto es Palabra dirigida a la Iglesia) y gozosa (puesto que es Espíritu y vida).

    ¿Y cómo se celebra?
    Ante todo, con la escucha atenta. Oír las palabras del Señor en el corazón y orarlas es la primera y más importante participación que se puede dar en la liturgia de la Palabra.

    Se celebra proclamando con voz fuerte y decidida, convencido de aquello que se está proclamando, las lecturas bíblicas, tarea de los lectores. Unas lecturas con las que, como a los discípulos de Emaús, "nos tiene que arder el corazón" (Lc 24,32).

    Se celebra también con el canto. El canto, gozo del espíritu, que recibe y responde a las palabras del Señor tomando "prestadas" las mismas palabras del Señor, es decir, cantando el salmo responsorial, con actitud orante, que cala en el corazón de la asamblea (dicho sea de paso: jamás el salmo se puede sustituir por cualquier otro canto, por mucho que le guste al coro). Cantando, también el Aleluya, de pie, con alegría, para recibir el anuncio del Evangelio, siempre nuevo.

    Se celebra, además, con unos signos rituales, que no hay porqué despreciar., minimizar o realizar de manera in-significante (de cualquier manera).
 

miércoles, 27 de julio de 2011

Ante las tentaciones (textos isidorianos)

14. De ningún modo incurre en las asechanzas del diablo quien no admite las sugestiones de él. Porque, si se desprecian sus primeros estímulos, fácilmente se le rechaza en la acción consiguiente. El diablo es, en efecto, una serpiente escurridiza, que, si no combatimos en la cabeza, es decir, en la primera sugestión, penetra toda entera, al no darnos cuenta, en lo íntimo del corazón.

15. Los principios de las tentaciones diabólicas son endebles; pero, si no se atajan, antes bien, por la repetición de actos, se convierten en costumbre, a la postre se acrecientan poderosamente, de tal modo que nunca o con dificultad se vencen.


16. Si es cierto que el diablo desea que el hombre peque durante toda la vida, sin embargo, al final de esta se esfuerza más en engañarlo. De aquí resulta cierto lo que al principio se dijo a la serpiente con respecto al primer hombre: “Y tú le acecharás el calcañal” (Gen 3,15), porque es verdad que el diablo se apresta a poner asechanzas en los últimos momentos al hombre que en el decurso de la vida anterior no pudo engañar. Así, pues, aunque uno sea justo, nunca debe considerarse seguro en esta vida, antes debe estar siempre precavido con humildad y siempre temer con solicitud, no vaya a sucumbir al fin.


17. El diablo halaga a sus secuaces, mas a los siervos de Dios los acecha con pruebas diversas; sirva de ejemplo el Señor, que permitió lo tentase el diablo después del bautismo (cf. Mt 4,1).



martes, 26 de julio de 2011

El Bautismo, sacramento social

Ya vimos lo que significa "social": todos los sacramentos se reciben en la Iglesia, mediante la Iglesia y como unión con la Iglesia superando así la imagen devocionalista y privada de la que a veces hemos revestido a los sacramentos. La reflexión teológica de De Lubac nos ilumina con nuevas perspectivas.

El Bautismo es el primer sacramento, la puerta de la vida eterna, la regeneración, el nacimiento sobrenatural como hijos de Dios, miembros de Cristo, templos del Espíritu... y así agrega al bautizado a un pueblo nuevo, una nación santa, la Iglesia.

El primer sacramento es el bautismo y “el primer efecto del bautismo, por ejemplo, no es otro que esta agregación a la Iglesia visible. Ser bautizado es entrar en la Iglesia. Hecho esencialmente social” (Catolicismo, p. 61). 
 
Las consecuencias del bautismo no son sólo jurídicas (aspecto éste nada desdeñable), sino que son consecuencias de orden espiritual y místico porque la Iglesia no es una sociedad meramente humana, y por eso la recepción del sacramento es la entrada en una sociedad religiosa que incorpora al bautizado al Cuerpo místico, y por ser miembro de este Cuerpo místico, de esta sociedad santa, se es hijo, se recibe la gracia de la filiación divina y la inhabitación del Espíritu como este mismo Espíritu inhabita a la Iglesia.