Vayamos a la Tradición litúrgica de la Iglesia y encontraremos otro ejemplo de cómo se realiza y cuál es el lenguaje de esta oración de los fieles.
El diácono ha despedido a los catecúmenos después de una bendición del obispo (“Catecúmenos, id en paz”); luego ha despedido a los posesos tras la oración del obispo (“Id, posesos”); también a los que han de ser iluminados-bautizados en la próxima Pascua después de la bendición del obispo (“Id, los que tenéis que ser iluminados”) y por último despide a los penitentes después de una plegaria del obispo (“Salid, penitentes”) (Cf. Constituciones apostólicas, lib. VIII, 6,5-9,11). El lenguaje del diácono es imperativo: “Id, salid”, nunca en plural: “Podemos”, “Nos damos”.
El diácono ha despedido a los catecúmenos después de una bendición del obispo (“Catecúmenos, id en paz”); luego ha despedido a los posesos tras la oración del obispo (“Id, posesos”); también a los que han de ser iluminados-bautizados en la próxima Pascua después de la bendición del obispo (“Id, los que tenéis que ser iluminados”) y por último despide a los penitentes después de una plegaria del obispo (“Salid, penitentes”) (Cf. Constituciones apostólicas, lib. VIII, 6,5-9,11). El lenguaje del diácono es imperativo: “Id, salid”, nunca en plural: “Podemos”, “Nos damos”.
Entonces el diácono va proponiendo diversas intenciones para que los fieles oren a Dios:
- “Oremos por la paz y la tranquilidad del mundo y de las santas Iglesias: que Dios, creador de todas las cosas, nos conceda su paz, perpetua y estable; que él nos guarde para que perseveremos en la virtud perfecta gracias a la fe.
- Oremos por la santa Iglesia de Dios, católica y apostólica, extendida de un límite al otro de la tierra: que el Señor la preserve de los remolinos y tempestades y la guarde hasta el fin del mundo, fundamentada sobre la roca.
- Oremos también por esta santa parroquia: que el Señor del universo nos conceda esforzarnos sin desfallecer para alcanzar su esperanza celestial y para que nos entreguemos a aquella oración perseverante que debemos dirigirle.
- Oremos por el episcopado de toda la tierra, para que anuncie con fidelidad la doctrina de tu verdad.
- Oremos por nuestro obispo Santiago y por sus parroquias. Oremos por nuestro obispo Clemente y sus parroquias. Oremos por nuestro obispo Evodio y por sus parroquias. Oremos por nuestro obispo Aniano y por sus parroquias. Que el Dios misericordioso los guarde en sus santas iglesias y les conceda salud, honor, larga vida y una vejez venerable, colmada de piedad y justicia.
- Oremos también por nuestros presbíteros: que el Señor los preserve de toda acción errónea o mala y les conceda ejercer su ministerio de manera íntegra y honorable.
- Oremos por todos los que, en Cristo, ejercen el diaconado y le sirven: que el Señor les conceda servir de manera irreprochable.
- Oremos por los lectores, los cantores, las vírgenes, las viudas, los huérfanos; oremos por los esposos y sus familiares: para que el Señor se muestre misericordioso con todos ellos.
- Oremos por los que viven en santa continencia. Oremos por los que viven entregados a la castidad y a la piedad.
- Oremos por los que, en la santa Iglesia, presentan ofrendas y por los que dan limosnas a los pobres. Oremos también por los que entregan oblaciones y primicias ante el Señor nuestro Dios. Que el Dios de toda bondad les conceda, a su vez, sus dones celestiales y les dé el céntuplo en el tiempo presente y en el tiempo futuro les dé la vida eterna, y que a cambio de los bienes temporales les conceda los bienes eternos y a cambio de los bienes terrenales, los bienes celestiales.
- Oremos por nuestros hermanos neófitos: que el Señor los sostenga y los fortalezca.
- Oremos por aquellos hermanos nuestros que se encuentran afligidos por la enfermedad: que el Señor los libre de toda dolencia y de toda enfermedad y haga que puedan volver con buena salud a su santa Iglesia.
- Oremos por aquellos hermanos nuestros que viajan por mar o por tierra. Oremos por aquellos hermanos nuestros condenados a las minas o que están desterrados, o se encuentran en la cárcel o encadenados a causa del nombre del Señor. Oremos por los que sufren una dura esclavitud.
- Oremos por nuestros enemigos y por los que nos odian. Oremos por los que nos persiguen a causa del nombre del Señor: que el Señor detenga su furor y apacigüe su cólera contra nosotros.
- Oremos por los que están fuera de la Iglesia o se han extraviado: que el Señor les conceda la conversión.
- Acordémonos de los miembros de la Iglesia que están en la edad de la niñez: que el Señor les conceda progresar en su temor hasta la perfección y les lleve hasta la plenitud de la edad.
- Oremos los unos por los otros: que el Señor nos proteja con su gracia y nos guarde hasta el fin, que nos libre del Maligno y de todas las insidias de los que cometen el mal; que nos salve (y nos lleve) al reino celestial.
- Por todas las almas cristianas” (Const. Apost., lib. VIII, 10,3-22).




