Una buena dosis de creatividad es necesaria para la nueva evangelización en la que estamos inmersos. Creatividad sana en virtud del principio: "nueva en su ardor, nueva en su método, nueva en sus expresiones", que dijo Juan Pablo II, al convocar para la nueva evangelización.
Probablemente estamos en una larga fase de tanteos cuando nos hemos querido dar cuenta. Sabemos que no hay fórmulas mágicas, ni programas pastorales que resuelvan las situaciones difíciles a las que hemos de dar respuesta. El programa es Jesucristo.
Ahora bien, la cultura ha cambiado en pocos años, las preguntas del hombre post-moderno (pocas preguntas desde luego) piden una respuesta comprensible. El gran reto hoy es evangelizar el mundo de la cultura. Como suena, sin que parezca algo lejano ni reservado a especialistas.
Primero, buscar al hombre, salir a su encuentro:
"En nombre de la fe cristiana el Concilio comprometió a la Iglesia entera a ponerse a la escucha del hombre moderno para comprenderlo e inventar un nuevo tipo de diálogo que le permita introducir la originalidad del mensaje evangélico en el corazón de la mentalidad actual. Hemos de encontrar de nuevo la creatividad apostólica y la potencia profética de los primeros discípulos para afrontar las nuevas culturas. Es necesario presentar la palabra de Cristo en toda su lozanía a las generaciones jóvenes, cuyas actitudes a veces son difíciles de comprender para los espíritus tradicionales, si bien están lejos de cerrarse a los valores espirituales" (Juan Pablo II, Discurso a la plenaria del Pontificio Consejo para la cultura, 18-enero-1983).
Y entonces, ¿qué? Comenzar -proseguir, mejor dicho- un diálogo con las culturas, franco, abierto, elevador; implicar también a evangelizadores en el mundo de la cultura, cuan amplio es.



