Elevemos hoy nuestra plegaria a Dios y sea el esto de la misma plegaria, realizada personalmente, una catequesis que evangelice las fibras de nuestro corazón.
Son los santos grandes orantes, grandes evangelizadores; y en este caso, sea san Juan de Ávila el que guíe nuestra plegaria a la Pasión del Señor, considerándola y despertando el afecto hacia el Señor.
"¡Jesús benditísimo!, que verte por fuera
atormentado quiebra el corazón del cristiano, y verte por dentro quebrantado
por algunos dolores, no hay vista ni fuerza que lo pueda soportar.
Tres
clavos, Señor, rompieron tus manos y tus pies con fuertes dolores; setenta y
tantas espinas se dice que penetraron tu divina cabeza; tus bofetadas e
injurias fueron muchísimas; y de los crueles azotes que recibió tu delicadísimo
cuerpo, se dice que pasaron de cinco mil.
Por
esto, y por otras muchas penas que concurrieron en tu pasión, tan graves que
otro que tú, que las pasaste, no las alcanza, se había dicho refiriéndose a ti
mucho tiempo antes: Todos los que pasáis
por el camino, atended y mirad si hay dolor igual al mío (Lm 1,12).




