sábado, 23 de noviembre de 2013

Controlar la lengua (Exht. a un hijo espiritual - XVI)

"Muéstrate así, hijo mío, cuando quieras practicar el ayuno; y a la hora de la abstinencia, abstén también tu lengua de palabras ilícitas. 


Aleja de ti toda blasfemia y que no salgan de tu boca habladurías superfluas, porque en el día del juicio también por tus palabras ociosas deberás rendirle cuentas a Dios.

No habitúes tu lengua a maldecir a nadie, proque fue creada para bendecir y alabar al Señor.

De las cosas que ignoras no hables en una reunión, sino que las palabras oportunas salgan de tu boca cuando llegue el momento oportuno, para que todos los que te oigan te den las gracias.

De toda charlatanería modera tu lengua, para que quienes te oigan nunca se espanten y se tapen los oídos y quedes tú avergonzado delante de todos.

De lo que no te veas molestamente afectado, no discutas con acritud, ni te habitúes a esta pésima costumbre, porque lo que, de tanta rutina, se encallece, no es poco el trabajo que cuesta evitarlo"

(S. Basilio Magno, Exh. a un hijo espiritual, n. 16)

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Participar de verdad en la liturgia


            Durante el Año de la Fe, se plantearon una serie de objetivos e iniciativas, entre ellas, según señalaba la Congregación para la Doctrina de la Fe, “el Año de la fe «será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía». En la Eucaristía, misterio de la fe y fuente de la nueva evangelización, la fe de la Iglesia es proclamada, celebrada y fortalecida. Todos los fieles están invitados a participar de ella en forma consciente, activa y fructuosa, para ser auténticos testigos del Señor”[1].





            Sigue siendo un objetivo necesario: tenemos por delante que intensificar en la medida de nuestras posibilidades, la participación verdadera en la liturgia, el cultivo de la liturgia, de su solemnidad y sacralidad al celebrarla, renovando la participación plena, consciente, activa, interior, fructuosa, ya que la fe se nutre y se expresa en la liturgia. 


               En esto cada cual, según su ministerio y vocación, como sacerdote, religioso o seglar, habrá de ver qué puede hacer (o en algunos casos, dejar de hacer porque se hace mal) y mejorar.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Magisterio: sobre la evangelización (XII)

Una vez más, e intentando ser exhaustivo con el Magisterio, un Mensaje de Benedicto XVI afronta el reto de la nueva evangelización, esta vez con un clarísimo tono personal.

La preocupación por vincular fe y razón en diálogo, sin oposición ni enfrentamiento ni rivalidad, induce a Benedicto XVI a tratar los nuevos areópagos de cara a la evangelización.


Para esto hace falta amplitud de miras. Reducida nuestra mirada al ámbito del campanario, poco entenderíamos. Pensaríamos que evangelizar es hacer lo que siempre se ha hecho aquí y que lo demás o es absurdo o es una pérdida de tiempo. Sin embargo, esos nuevos areópagos que han surgido son los que fraguan una cultura y una mentalidad, un estilo de vivir, que llega de forma poderosa a todas partes, incluso al "campanario" más perdido y remoto. De la pastoral (y mentalidad) de "campanario" hemos de pasar a tener una visión más global y amplia de la acción evangelizadora. A lo mejor en una pequeña aldea la evangelización de una parroquia será más limitada, pero eso no justificaría que se desprecie o minusvalore otros campos de evangelización (cultura, universidad, internet).

sábado, 16 de noviembre de 2013

Pensamientos de San Agustín (XXI)

La vida del hombre está envuelta de muchas realidades, y le añadimos, además, muchas necesidades, unas más básicas e imprescindibles, pero otras no tan necesarias, sino caprichosas. Sin embargo, ¿qué constituye nuestra vida y orienta a nuestro fin? ¡Sólo Dios! Entonces descubrimos que todo lo demás no es ni tan importante, ni tan urgente, ni tan imprescindible. ¡Qué libertad dará esto al hombre! Ya lo proclamó el Señor al pronunciar las bienaventuranzas.

"Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". Este ese fin de nuestro amor: fin con que llegamos a la perfección, no fin con el que nos acabamos. Se acaba el alimento, se acaba el vestido; el alimento porque se consume al ser comido; el vestido porque se concluye tejiéndolo (San Agustín, Sermón 53,6).

viernes, 15 de noviembre de 2013

Crisis de fe y respuesta creyente

Ante la crisis generalizada de fe, con múltiples causas que influyen, no una sola, la respuesta sólo puede ser, en primer lugar, una fe más firme, más ardiente, más valiente, más clara, más decidida. La respuesta ha de ser creyente, la de católicos con una fe fuerte, vital. Y, en segundo lugar, una fe que lejos de arrinconarse, sale a la plaza pública, proclama, llama, anuncia, testimonia: es la evangelización, el apostolado.

Una crisis de fe azota a las sociedades modernas desde hace ya varios decenios, la indiferencia cunde.


"Somos conscientes de la inquietud que agita en relación con la fe ciertos ambientes modernos, los cuales no se sustraen a la influencia de un mundo en profunda mutación en el que tantas cosas ciertas se impugnan o discuten. Nos vemos que aún algunos católicos se dejan llevar de una especie de pasión por el cambio y la novedad. La Iglesia, ciertamente, tiene siempre el deber de continuar su esfuerzo para profundizar y presentar, de una manera cada vez más adaptada a las generaciones que se suceden, los insondables misterios de Dios, ricos para todos de frutos de salvación. Pero es preciso al mismo tiempo tener el mayor cuidado, al cumplir el deber indispensable de búsqueda, de no atentar a las enseñanzas de la doctrina cristiana. Porque esto sería entonces originar, como se ve desgraciadamente hoy en día, turbación y perplejidad en muchas almas fieles.

Conviene a este propósito recordar que, por encima de lo observable, científicamente comprobado, la inteligencia que Dios nos ha dado alcanza "lo que es", y no solamente la expresión subjetiva de las estructuras y de la evolución de la conciencia; y por otra parte, que la incumbencia de la interpretación -de la hermenéutica- es tratar de comprender y desentrañar, con respecto a la palabra pronunciada, el sentido propio de un texto, y en ningún modo crear este sentido de nuevo a merced de hipótesis arbitrarias.

Pero, por encima de todo, Nos ponemos nuestra inquebrantable confianza en el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, y en la fe teologal, sobre la que descansa la vida del Cuerpo Místico. Sabemos que las almas esperan la palabra del Vicario de Cristo y Nos respondemos a esta expectativa con las instrucciones que normalmente damos"

(Pablo VI, Disc. en la clausura del Año de la Fe, 30-junio-1968).