lunes, 19 de marzo de 2012

Nos vamos de catequesis por ahí

Preciosa talla de san José, en la Reserva eucarística,  de la parroquia de Sto. Domingo de Lucena

Un buen amigo me pidió que escribiera hoy la entrada en su blog, dedicada a san José. El blog refleja, con clarísimo tono católico, la vida especialmente cofrade de la ciudad de Lucena (Córdoba), donde estuve 4 años ejerciendo el ministerio sacerdotal, feliz, muy feliz.

Y bien saben los amigos de Lucena que mi corazón está allí y que cuanto pidan, si puedo, lo tendrán.

Por eso la catequesis de hoy la leeréis en otro blog:

http://elparigolon.wordpress.com/2012/03/19/san-jose-o-quien-sabe-estar-articulo-de-don-javier-sanchez-martinez/

¡Feliz día de san José!

domingo, 18 de marzo de 2012

Nos referimos al Misterio pascual

"Misterio pascual" es una expresión muy rica de contenido, que constantemente se usa en liturgia para indicar la Muerte y Resurrección del Señor, su paso de la muerte a la vida.


Tal vez "misterio" lo relacionamos espontáneamente con lo oculto, lo que no sabemos; pero en el lenguaje bíblico y patrístico, el Misterio es el mismo Dios que en Cristo se revela y se da. Así, misterio pascual conlleva una idea clara de comunicación por parte de Dios y de revelación. Se revela comunicándonos la vida divina por la Pascua de Jesucristo.

¿Lo pasado entonces se puede hacer presente? Sí. Junto al concepto "Misterio pascual" hallaremos el concepto "anámnesis", "memorial", que significa no recuerdo o memoria psicológica, sino presencia, actualización. La Pascua de Cristo se hace presente mediante la liturgia sacramental y de esa manera continúa salvándonos a nosotros, aquí, hoy y ahora.

Necesitamos ir asimilando los conceptos propios del cristianismo, nuestro lenguaje cristiano, para hablar con propiedad, por eso comenzamos con una catequesis deliciosa de Pablo VI sobre el "misterio pascual".



                "¿De qué podemos hablaros en estos días que siguen a la celebración de la resurrección de Cristo sino del “misterio pascual”? No tratamos de aventurarnos en la delicada y erudita discusión que en estos últimos decenios ha sido objeto de estudio de doctos especialistas sobre el tema del misterio cristiano, sobre las relaciones afirmadas, negadas o puntualizadas entre el misterio cristiano y los misterios paganos. Nos basta enlazar con la conclusión, sacada ya por los especialistas –exegetas, historiadores o filósofos-, acerca de la originalidad bíblica de esta palabra y de su significado cristiano, cultural y teológico, aunque en la literatura cristiana de los primeros siglos fue usada con referencia puramente literaria y analógica con el lenguaje helenístico corriente (Cf. Bouyer, Le mystère pascale, págs. 453 ss; La vie de la liturgie, págs. 115 ss).

La palabra “misterio”

                Os hablamos del misterio pascual en los términos elementales y familiares de este nuestro acostumbrado coloquio con quienes nos visitan en las audiencias generales de cada semana, ante todo porque esta vez la audiencia cae en la octava de Pascua, y además porque esta denominación de “misterio pascual” ha entrado ya en el uso corriente: el Concilio la ha resaltado y la repite frecuentemente en sus documentos, especialmente en la Constitución sobre Sagrada Liturgia (cf. SC nn. 5, 6, 61, 106).
                ¿Qué se entiende por misterio? Hay que tener presente el doble significado escriturístico de esta palabra. El primer significado es el de nuestro lenguaje usual: el de cosa oculta, verdad escondida. “A vosotros se os ha concedido –dijo una vez el Señor- conocer el misterio del reino de Dios” (Mc 4,11), y san Pablo habla del misterio de Cristo, que no era conocido en otras edades, a los hijos de los hombres (Ef 3,5; Col 1,26).

sábado, 17 de marzo de 2012

La limosna del ayuno

El tiempo cuaresmal, para ser vivido santamente, fructuosamente, incluye el rigor del ayuno y de la abstinencia de carne. La ley eclesiástica determina que ayuno (una sola comida al día) es obligatorio el Miércoles de ceniza y el Viernes Santo, y que la abstinencia de carne se da, además de esos dos días de ayuno, todos los viernes cuaresmales sin posibilidad de conmutarlo por ningún ejercicio piadoso ni oración. Aquí, en Sentire cum Ecclesia, tenéis una buena presentación.





Pero una mirada atenta y amorosa verá que realmente es poco lo que nos prescribe, con carácter obligatorio, nuestra Madre Iglesia.


El tiempo cuaresmal es tiempo de voluntario -aquí es donde vamos a insistir- ayuno, de privaciones generosas, y por encima de todo, los viernes de Cuaresma, tan penitenciales. En esos días muy bien podríamos ayunar, es decir, hacer una sola comida al día; tampoco los viernes son días para ir de bares a tomar algo o convocar una comida de amigos. Además, toda la Cuaresma debería ir señalada con privaciones cotidianas de alimentos y bebidas que nos puedan gustar.

Estos días de privaciones, que realmente nos deberían costar, sirven para mucho:

viernes, 16 de marzo de 2012

La cruz gloriosa del Señor Jesucristo

"Este árbol es, para mí, salvación eterna;
de él me alimento, de él me sustento;
en sus raíces me arraigo,
con sus ramas me dilato,
con su aura (Espíritu) me refresco,
abanicando como por un viento,
bajo su sombra armo mi tienda
y huyendo del tórrido calor,
encuentro fresco refugio,
con sus flores me adorno
y con sus frutos me deleito sobremanera;
sin dificultad recojo los frutos
que desde un principio me fueron preservados.

Este árbol es para mí bocado exquisito
cuando estoy hambriento;
en la sed, una fuente;
en el desamparo, un refugio.
Sus hojas son aliento de vida.
Ya no necesito las hojas de la higuera.
Cuando temo a Dios, es para mí protección,
cuando vacilo es apoyo,
cuando lucho es premio,
cuando triunfo es trofeo.

Es para mí el sendero estrecho,
el camino dificultoso,
escala de Jacob,
ruta de ángeles
a cuyo extremo se encuentra realmente el Señor.

Este árbol altísimo sube de la tierra al cielo.
Es un árbol inmortal,
plantado entre el cielo y la tierra,
soporte del universo,
columna del universo,
base del mundo entero,
nudo del cosmos,
cohesión de la esencia múltiple del hombre,
cosido con clavos invisibles del Espíritu,
para que el hombre, una vez unido a las cosas divinas,
no se pierda más;
con la extremidad superior toca el cielo,
y con los pies se apoya en la tierra,
y abarca con inmensas manos 
el rico soplo de aire que se encuentra en medio"

(Pseudo-Hipólito, Hom. pascual).

miércoles, 14 de marzo de 2012

Creo en el Espíritu Santo (IV)

Ahora le toca al Espíritu Santo renovar la alianza en los corazones, llevarnos a la plenitud de la verdad, desvelarnos los misterios de la Redención, transformarnos, santificarnos y configurarnos con Cristo. 


El Espíritu Santo, Persona divina, es el Don que Cristo derrama desde el Padre. Sin Él, poco seríamos, poco podríamos hacer. Lo veremos actuar y derramarse abundantemente en la santa Pascua, en la noche de la Vigilia pascual, en los sacramentos de Cristo celebrados en la Iglesia.

Sí, creemos en el Espíritu Santo. Así dice el Credo que reciben los catecúmenos en Cuaresma y que, cada domingo, profesamos:

Creo en el Espíritu Santo.