martes, 13 de marzo de 2012

Tú eres nuestro refugio (Plegaria)

En los combates y en las luchas, el Señor es nuestro refugio.

En las adversidades y contradicciones, el Señor es nuestro refugio.


En los peligros y dificultades, el Señor es nuestro refugio.

En las debilidades y flaquezas, el Señor es nuestro refugio.

En las soledades y amarguras, el Señor es nuestro refugio.

En las búsquedas y tanteos, el Señor es nuestro refugio.

En las aflicciones y persecuciones, el Señor es nuestro refugio.

lunes, 12 de marzo de 2012

La labor del confesionario

El sacramento de la Penitencia es un medio de gracia, reconciliación con Dios y con la Iglesia, perdón de los pecados, ayuda en el discernimiento y aliento en el crecimiento de la vida cristiana.

No sólo para la santa Cuaresma, sino para todo el año, este sacramento merece ser predicado, expuesto en la catequesis y ofrecido por los sacerdotes cada día. Esta tarea pastoral en una parroquia, que es un martirio silencioso para el sacerdote confesor, renueva las almas y es un signo de vitalidad para una parroquia.

Nada más bueno ni agradable que saber que se puede ir a la parroquia y encontrar sacerdotes disponibles en sus confesionarios, esperando como el Padre de las misericordias, para acoger a quien necesita de la gracia del perdón divino. Esta labor del confesionario, cotidiana, es una siembra amorosa del Evangelio en las almas, pero a largo plazo y sin duda entra en la categoría "pastoral" más que otras acciones que expresan el "activismo" en el que vivimos.

Una pastoral sobre el sacramento de la Penitencia se hace necesaria, tanto para explicar bien el sacramento, de forma amable, en homilías, predicaciones, retiros y catequesis, como la posibilidad real de ver al sacerdote en el confesionario aguardando cada día. Esta sí es una lección sobre el valor de este sacramento más que muchas palabras pronunciadas y más de una vez será determinante para que alguien se decida a celebrar el sacramento.

sábado, 10 de marzo de 2012

El combate de la Cruz en nuestra debilidad

"San Pablo marcha delante de nosotros como el atleta y como el obrero de la viña del Señor (cf. 2Co 11,19; 12,9). Toda su vida fue lucha y esfuerzo, persecución y cuidados. ¡Cómo fue acosado este hombre! No encontró descanso en ninguna parte. Tan pronto como le dejaba un momento un enemigo, salía otro nuevo. Y lo peor de todo era que sus propios hermanos eran muchas veces sus peores y más enconados enemigos. Hay que añadir su mala salud, las persecuciones por parte de las autoridades y del Estado, la preocupación por sus hijos espirituales. Sin embargo, este hombre no se gloría de sus trabajos. Podía haberlo hecho, pues hizo del cristianismo una religión universal, él, el "maestro de los gentiles" (1Tm 2,7). Pero no dice más que "sólo me gloriaré en mis flaquezas" (2Co 12,5). Porque si él es débil, Cristo es fuerte en él. Y Cristo es su gloria, su vida y su amor. Quiere ser todo sólo para Cristo, que ha muerto por él. Es muy grande la revelación del poder de Dios en su fiel Pablo. No obstante, para que no se ensoberbeciera, Dios le envió un ángel de Satanás, que le martirizaba a puñetazos. Repetidas veces rogó al Señor que le librara de aquel azote. Pero el Señor le contesta: "Te basta mi gracia, que mi fuerza se realiza en la flaqueza" (2Co 12,9). Así, pues, San Pablo se gloriará de su debilidad, para que habite en él la fuerza de Cristo (cf. 2Co 12,9), la fuerza del Ágape. ¡Qué pequeño es el hombre que se apoya en sí mismo y qué grande, en cambio, el que se olvida de sí mismo!

Nosotros también tenemos que recorrer el camino de nuestra vida igual que San Pablo: tenemos que aceptar pacientemente la debilidad con que Dios ha cargado nuestras espaldas y confiar únicamente en Dios; aun los pecados que Dios ha tolerado, debemos llevarlos humildemente en penitencia, para que Cristo pueda mostrarse en nosotros como Redentor y Salvador. Si fallamos con tanta frecuencia y si nuestras fuerzas son tan exiguas y mezquinas, alegrémonos, porque de esa manera el hombre, en nosotros, se hace pequeño, y Dios, en cambio, grande. Muchas veces Dios nos hace llevar ciertas cargas a lo largo de toda la vida, para que seamos humildes y clamemos: "En ti, Señor, me cobijo, ¡nunca quede defraudado!" (Sal 30,2; Sal 70,1). Esto no quiere decir que no debamos combatir nuestras debilidades. El que no lucha, está ya perdido. No, la victoria está solamente en la lucha, primeramente una victoria oculta, y más tarde -cuando lo quiera Dios- una victoria manifiesta. Muchas veces Dios no nos concede saborear durante mucho tiempo la victoria, para que no le perdamos a Él, al Señor. ¿Para qué nos serviría una victoria externa, si quedáramos con ella separados de la verdadera fuente de energía? Pensaríamos al fin que habíamos alcanzado la meta por nuestros propios medios, siendo así que solamente la misericordia de Dios puede salvarnos. "El que se gloríe, gloríese en el Señor" (1Co 1,31). Solamente la paciencia consigue la corona".

(Odo Casel, Misterio de la Cruz, p. 166-167).

viernes, 9 de marzo de 2012

Desde allí ha de venir... (III)

Por una parte consoladora afirmación, por otra parte tremendamente seria y exigente: Cristo vendrá y aparecerá como Juez de vivos y muertos, Aquel que realiza el verdadero y último discernimiento. Entonces cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo.


Tal vez el buenismo reinante, que ignora la realidad del pecado y cree en una salvación automática e inmediata siempre y para todos, le ha restado fuerza y valor a esta venida de Cristo y su juicio, y, sin embargo, eso es lo que aguardamos tal como el mismo Señor nos enseñó.

Nuestra vida ni es indiferente ante Dios ni es irresponsable: lo que hacemos tiene peso delante de Dios y hemos de asumir la responsabilidad de lo que hacemos y de lo que omitimos. Vivamos rectamente y no temeremos al Juez; amémoslo en esta vida y con amor lo recibiremos cuando llegue. Por eso confesamos:

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La Vigilia pascual es la meta de la Cuaresma

Tal vez pueda parecer cansino y repetitivo, en persona y aquí virtualmente, pero hemos de considerar las cosas rectamente y repetirlas tantas veces cuantas sean necesarias para integrar verdades sencillas que suponen un cambio de conducta.

En este caso concreto, la repetición es decir y reiterar, a tiempo y a destiempo, que la Cuaresma que vivimos está enfocada a la Pascua, a los cincuenta días de Pascua que se inauguran con la Santísima Vigilia pascual, la noche santa de la Resurrección del Señor, del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.

No todo es la Cuaresma ni podemos detenernos en la Cuaresma ni remarcar pastoral y litúrgicamente tanto la Cuaresma que nos olvidemos que ésta es un camino bautismal y ascético para llegar a una realidad nueva: la santa Vigilia pascual con la que inauguramos los festivos cincuenta días de Pascua.

Retengamos los consejos sobre el camino que nos da san Agustín, porque realmente es esto lo que nos pasa en Cuaresma:

"Nadie llega sino quien está en el camino; mas no todo el que está en el camino llega... Quienes ya están en él no deben sentirse todavía seguros, no sea que, retenidos por los encantos del camino mismo, no tengan suficiente amor para sentirse arrastrados hacia aquella patria" (S. Agustín, Serm. 346B, 2).