Más de una vez, jóvenes que están en la Universidad, católicos ellos, que espero que realmente estudien y se abran al conocimiento de la Verdad y no simplemente aprobar asignaturas, se preguntan sobre su existencia católica en la Universidad. Realmente lo tienen duro, difícil: sienten que se les mira como bichos extraños, seres de otro planeta. Piensan que, como la Universidad es cosa de la razón-inteligencia, la fe es una superstición pasada y miran a los jóvenes católicos con cara de extrañeza.
Desde luego, lo primero que hay que desmontar es que la fe se relegue al ámbito del sentimiento, de la privacidad, y que la razón sea autónoma e incompatible con la fe. Al revés, la razón participa del Logos, que es Jesucristo, y la fe empuja a la razón a la búsqueda de la Verdad, la ilumina y sostiene. Por tanto, nada más católico que el estudio, la formación, el amor a la Verdad, el cultivo de la razón con la luz de la fe, el desarrollo de la inteligencia. Los jóvenes católicos en la Universidad deben saberlo y mirar su carrera universitaria desde esa perspectiva.El papa Benedicto se dirigía a los jóvenes en la Universidad y les decía:
¿Qué espera la Iglesia de vosotros? Es el mismo tema sobre el que estáis reflexionando para sugerir la respuesta oportuna: "Nuevos discípulos de Emaús. Como cristianos en la Universidad"...
Esto puede realizarse si vosotros, como los discípulos de Emaús, encontráis al Señor resucitado en la experiencia eclesial concreta, y particularmente en la celebración eucarística. "En cada Misa, de hecho --recordé a vuestros compañeros hace un año durante la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney--, el Espíritu Santo desciende nuevamente, invocado en la solemne oración de la Iglesia, no sólo para transformar nuestros dones del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, sino también para transformar nuestra vida, para hacer de nosotros, con su fuerza, un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo".



