martes, 6 de septiembre de 2011

La Eucaristía, sacramento "social" (De Lubac)

El tercer sacramento "social" que señala De Lubac (siguiendo el hilo de anteriores artículos) es el Gran Sacramento, el que los contiene a todos y todos conducen a él: el sacramento de la Eucaristía, donde De Lubac anticipa y resume, con suma claridad, lo que expondrá unos años después en “Corpus mysticum. La Eucaristía y la Iglesia en la edad media”.

La Eucaristía es el gran sacramento de la unidad. Es el Sacramento del Cuerpo de Cristo que se da a aquellos que forman su Cuerpo; es el Cuerpo de Cristo sacramental que se ofrece a su Cuerpo místico. ¡Recibimos lo que somos! Recibimos el Cuerpo de Cristo porque somos el Cuerpo de Cristo. Muy evocadora la cita que trae de Lubac de San Agustín -entre otras citas patrísticas- cuando el gran Doctor predicaba a los neófitos en la Vigilia pascual y su Octava: 
“Se os dice: el cuerpo de Cristo. Y vosotros respondéis: Amén. Sed pues miembros del Cuerpo de Cristo, para que sea verdadero vuestro Amén. ¿Y por qué este misterio está hecho con pan? No digamos nada de nuestra propia cosecha. Escuchemos al Apóstol que, hablando del sacramento, dice: "Todos nosotros, con nuestro gran número, somos un solo cuero, un solo pan". Comprended y regocijaos. ¡Unidad, piedad, caridad! Un solo pan: ¿y qué es este pan único? Un solo cuerpo, hecho de muchos. Notad que el pan no se hace con un solo grano, sino con un gran número. Durante los exorcismos, estabais en alguna manera bajo la muela. En el bautismo, habéis quedado empapados de agua. El Espíritu Santo ha venido entonces a vosotros, como el fuego que cuece la masa: Sed pues lo que veis y recibid lo que sois...

En cuanto al cáliz, hermanos míos, acordaos cómo se hace el vino. Muchos granos penden del racimo, pero el licor que mana de todos se confunde en la unidad. Así ha querido el Señor que le pertenezcamos, y ha consagrado sobre su altar el misterio de nuestra paz y de nuestra unidad” (Sermón 272 y 234).

lunes, 5 de septiembre de 2011

J.A.S.P., preparados, formados (JMJ)

Hará algunos años, una campaña de publicidad -¿de qué era? ¿tal vez de un coche?- acuñaron el término J.A.S.P., como un concepto atractivo y elitista, que era el acróstico de "Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados". Las imágenes asociaban el producto a jóvenes ya con su primer puesto de trabajo conseguido, bien remunerado, que, pese a su juventud, mostraban una alta cualificación intelectual y acádemica.

J.A.S.P., "Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados" me ha venido a la cabeza con las palabras del Papa en la JMJ. ¿Qué horizonte marcaba el Santo Padre? Dirigía la mirada de todos a una suficiente formación, cualificación, en la doctrina, en la fe. El Papa quería a los jóvenes que fueran plenamente jóvenes "aunque sobradamente preparados". Lanzaba el reto de la formación.

Para ser exactos, la formación de los jóvenes ya la tuvo presente y se refirió a ella en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud, con fecha 6 de agosto de 2010. Para ser arraigados en Cristo y para que Cristo nos fortalezca en la fe, era necesaria -¡es necesaria!- una formación doctrinal suficiente y razonada:

"Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!»" (Mensaje, n. 4).

domingo, 4 de septiembre de 2011

La nueva forma, estructura y realismo de la teología

La teología ha recibido con el Concilio Vaticano II un nuevo impulso y se le ha asignado una especial relevancia a su estatuto y a su método.

Especialmente hermoso y sugerente es el análisis que realiza Ratzinger. Con este análisis:

-podremos aprender qué es la teología

-valoraremos la función y la vocación del teólogo (hoy denostada, porque sólo importa hoy "lo pastoral" inmediato)

-tendremos elementos de criterio para discernir la verdadera teología de otras cosas, libros, artículos, blogs, que realmente son o ideología o mera repetición de lo que Ratzinger llamaba irónicamente "teología de encíclica".

"Con ello hemos llegado a un punto en que podemos ya intentar establecer una tesis fundamental sobre la esctructura de la apertura del concilio al mundo.

En efecto, la apertura dentro de la teología parece ser por de pronto asunto puramente interno  de la Iglesia de su labor teológica, pues quedan inmediatemente incorporados nuevos campos de la tradición.La relación entre las fuentes y el magisterio, entre el carácter normativo de éste y el carácter normativo de la Escritura pasan a ser objetos de nuevo reflexión.


viernes, 2 de septiembre de 2011

La Cruz de Cristo y sus dimensiones

"En realidad, propio de la divinidad es extenderse a través de todo y ser coextensiva de la naturaleza de los seres en todas sus partes, porque nada puede permanecer en el ser, si no permanece en lo que es, y por otro lado, lo que es propia y primariamente es la naturaleza divina, y la permanencia de los seres nos obliga necesariamente a creer que esa naturaleza está en todos los seres. Pues bien, por medio de la cruz, cuya figura se distribuye en cuatro, de suerte que, partiendo del punto medio, hacia el cual todo converge, se pueden contar cuatro prolongaciones, se nos ha enseñado lo siguiente: el que sobre ella fue extendido en el momento oportuno según el plan divino para su muerte es el mismo que conjunta y ajusta todo a sí mismo, reuniendo por sí mismo las diferentes naturalezas de los seres en un solo acuerdo y una sola armonía...
 
Por tanto, puesto que toda la creación mira hacia Él y está alrededor de Él, y por medio de Él mantiene su cohesión, pues gracias a Él se conjuntan las cosas con las de abajo y las de los flancos entre sí, era necesario, no sólo que se nos llevara por el oído al conocimiento de la divinidad, sino también que nuestra vista se convirtiera en maestra de los más altos conceptos. De ahí es de donde parte el gran Pablo cuando inicia en los misterios al pueblo de Éfeso y le da, mediante su enseñanza, la capacidad de conocer cuál es la hondura, la altura, la anchura y la largura.


jueves, 1 de septiembre de 2011

Ofrecernos con Cristo (adoración eucarística)

Un rasgo espiritual de Eucharisticum Mysterium, n. 50, señala otra dimensión sacerdotal, en este caso, la oblación, la ofrenda de uno mismo uniéndose a Cristo: 
“ofreciendo con Cristo toda su vida al Padre en el Espíritu Santo, sacan de este trato admirable un aumento de su fe, su esperanza y su caridad” (n. 50). 
 No son víctimas animales, ni algo exterior al bautizado, sino él mismo, su persona entera, la que en la adoración eucarística se ofrece con Cristo al Padre, “ofreciéndose como hostia viva, santa, agradable a Dios. Éste es vuestro culto racional” (o razonable, Rm 12,1). Con Cristo, en su presencia sacramental, reconocen la voluntad divina y se ofrecen: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hb 10,10) y se ofrecen buscando realizar en todo la voluntad de Dios como san Pablo: “Señor, ¿qué quieres que haga?” (Hch 22,10).

    El dinamismo teologal se pone en juego: la fe, la esperanza y la caridad se ven aumentadas por la unión con Cristo, viviendo la vida espiritual, vida cristificada de los hijos de Dios. La adoración eucarística expone al fiel ante el fuego de la zarza ardiente, el Misterio fascinante de Dios que quema purificando: ¿Cómo no arderá el corazón en fe, esperanza y caridad, ante Aquél que es Fuego, Vida, Luz y Amor?