El tercer sacramento "social" que señala De Lubac (siguiendo el hilo de anteriores artículos) es el Gran Sacramento, el que los contiene a todos y todos conducen a él: el sacramento de la Eucaristía, donde De Lubac anticipa y resume, con suma claridad, lo que expondrá unos años después en “Corpus mysticum. La Eucaristía y la Iglesia en la edad media”.
La Eucaristía es el gran sacramento de la unidad. Es el Sacramento del Cuerpo de Cristo que se da a aquellos que forman su Cuerpo; es el Cuerpo de Cristo sacramental que se ofrece a su Cuerpo místico. ¡Recibimos lo que somos! Recibimos el Cuerpo de Cristo porque somos el Cuerpo de Cristo. Muy evocadora la cita que trae de Lubac de San Agustín -entre otras citas patrísticas- cuando el gran Doctor predicaba a los neófitos en la Vigilia pascual y su Octava:
“Se os dice: el cuerpo de Cristo. Y vosotros respondéis: Amén. Sed pues miembros del Cuerpo de Cristo, para que sea verdadero vuestro Amén. ¿Y por qué este misterio está hecho con pan? No digamos nada de nuestra propia cosecha. Escuchemos al Apóstol que, hablando del sacramento, dice: "Todos nosotros, con nuestro gran número, somos un solo cuero, un solo pan". Comprended y regocijaos. ¡Unidad, piedad, caridad! Un solo pan: ¿y qué es este pan único? Un solo cuerpo, hecho de muchos. Notad que el pan no se hace con un solo grano, sino con un gran número. Durante los exorcismos, estabais en alguna manera bajo la muela. En el bautismo, habéis quedado empapados de agua. El Espíritu Santo ha venido entonces a vosotros, como el fuego que cuece la masa: Sed pues lo que veis y recibid lo que sois...
En cuanto al cáliz, hermanos míos, acordaos cómo se hace el vino. Muchos granos penden del racimo, pero el licor que mana de todos se confunde en la unidad. Así ha querido el Señor que le pertenezcamos, y ha consagrado sobre su altar el misterio de nuestra paz y de nuestra unidad” (Sermón 272 y 234).




