
(S. Juan Crisóstomo, Hom. 85, 3 sobre el Evangelio de San Juan).
La devoción al Corazón de Jesús -que es más, es toda una espiritualidad, un modo de vivir y tratar con Jesucristo- es sacramental.
El cáliz contiene la Sangre del Señor, recibimos su Cuerpo en la comunión y hemos sido lavados en el bautismo con el agua que brotó de su Costado.
Adoramos su Cuerpo eucarístico en la comunión, en el Sagrario y en la exposición eucarística... ¡y recibimos su amor y su salvación!
Salve, Cuerpo verdadero, que has nacido de la Virgen.
Por nosotros inmolado, en la cruz has padecido.
De tu pecho traspasado brotan ríos de agua y sangre.
Que podamos recibirte en la hora de la muerte.
¡Oh Jesús dulce!
¡Oh Jesús bueno!
¡Oh Jesús, hijo de María!
No hay comentarios:
Publicar un comentario