sábado, 7 de agosto de 2010

Eucaristía: Banquete pascual

La celebración de la Misa es Banquete porque la Eucaristía es el pan de la vida, dispuesto para ser comido y ser adorado; Banquete pascual, con su contenido explícitamente religioso y no secularista, y con un matiz escatológico, pues prefigura el banquete de Bodas del Cordero.

Estamos pues ante un Banquete distinto (y afirmar esto no es negar sus otras dimensiones, como el ser sacrificio, o la Presencia real). La Tradición de la Iglesia interpretó así el sacramento de la Eucaristía viendo en todos los banquetes en los que Jesús participó un anuncio del verdadero Banquete; también Jesús Resucitado se hace presente comiendo con sus apóstoles en comidas pascuales... y la imagen del Banquete (y Banquete de Bodas) le servirá al Señor para explicar los misterios del Reino de Dios.
 

La Eucaristía siempre ha tomado forma de Banquete; sus elementos principales son comida, pan y vino, "eucaristizados", "espiritualizados", transformados en el Cuerpo y Sangre del mismo Señor; los vasos litúrgicos siempre tuvieron una forma solemne: patenas amplias y cálices grandes; el altar del Sacrificio es una Mesa (nunca fue excesivamente grande, sino pequeña y cuadrada) que se reviste con manteles y velos festivos... y el signo principal es, después de la consagración, la fracción del Pan consagrado para que los fieles participen del Banquete comiendo el Cuerpo del Señor y bebiendo su Sangre.

De influjo protestante, y hoy en la misma Iglesia con las líneas secularistas de entender todo y desacralizar, la Eucaristía se presenta sólo como banquete-comida signo de fraternidad y solidaridad, fiesta mundana que nos lleva a la praxis de la transformación del Reino, etc. Sin embargo, ni ese es el concepto de Banquete, ni se puede desvincular del Sacrificio de la cruz. 
 
Dice Eucharisticum Mysterium: 
 “en la misa el sacrificio y el banquete sagrado pertenecen a un mismo misterio, de tal manera que están íntimamente unidos. Pues el Señor se inmola en el mismo sacrificio de la misa cuando «comienza a estar sacramentalmente presente como alimento espiritual de los rieles bajo las especies de pan y vino». Y Cristo entregó a la Iglesia, este sacrificio para que los fieles participen de él tanto espiritualmente por la fe y la caridad, como sacramentalmente por el banquete de la sagrada comunión. Y la participación en la Cena del Señor es siempre comunión con Cristo, que se ofrece en sacrificio al Padre por nosotros” (EM 3, b).
Al ser Banquete sagrado, O sacrum convivium!, el respeto, la adoración, la delicadeza deben estar muy presentes, sabiendo que aquí ya Jesucristo mismo anticipa el Banquete de bodas del Cordero; celebrar la Eucaristía como una comida humana, desacralizándola, ¡es no entender nada!

1 comentario:

  1. Pedro Arroyo Gómez07 agosto, 2010 12:10

    Que hermosa la liturgia del Banquete Pascual.
    Tenemos y debemos de cuidarla en el mas mínimo detalle.
    Es el mismo Dios, quién se hace presente.
    Feliz Banquete Pascual.

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