lunes, 28 de junio de 2010

Me huelen las manos a crisma

Sí, tal cual. No es una metáfora. Las manos me huelen a crisma. Ayer después de la Misa de 11.15 tuve la celebración de un bautismo y cuando al mediodía volví a casa, todavía me olían al santo crisma. Es un aroma penetrante, duradero.

El santo crisma en mi diócesis huele bien. Algo que tendría que ser evidente y normal, sin embargo, a veces, en algunos sitios, no es tan normal. A veces en lugar de oler bien, parece aceite rancio o pasado (¿tal vez porque no renuevan los óleos en ciertas parroquias cada año?). En mi diócesis, me contaba el canónigo maestro de ceremonias, desde el año pasado, el bálsamo para mezclarlo con el aceite lo compraban en no sé cuál monasterio y se había notado el cambio. Uno abre la crismera y se desprende un suave aroma, una fragancia que "llena la casa" como María en Betania (Jn 12).

A mí me emociona el momento de ungir con el santo crisma al niño, ya recién bautizado, ya hijo de Dios. Me unjo las yemas de los dedos índice y corazón con abundante crisma y me acerco al niño, ya Templo del Espíritu, ungiendo su cabeza ampliamente. El niño desprenderá el olor del crisma, el niño desprenderá el olor de Dios. ¿No hablaba san Pablo que la vida cristiana debía desprender el "bonus odor Christi", el buen olor de Cristo (2Cor 2,15)? 

Los grandes signos litúrgicos se deben cuidar, realizar bien, ser expresivos y no limitarse al mínimo, de forma poco elocuente, poco significativa. Inventamos símbolos (¡algunos llegan a ofrecer unas sandalias y hasta unos calcetines agujereados en la presentación de las ofrendas diciendo "Te presentamos... símbolo de nuestro compromiso misionero..."!, ¡qué horror y qué mal gusto!) y sin embargo los gestos de la liturgia los realizamos pobremente. Aquí hay dos símbolos/gestos:

-el Crisma como perfume que realmente debe dar buen olor

-la unción, amplia, en la cabeza, para que el aceite esté extendido realmente (sin limpiarlo inmediatamente con un purificador o un pequeño algodón, sino dejando que se seque e impregne el aceite perfumado).

Dice el Ritual del Bautismo de niños: "Seguidamente, en silencio, el sacerdote unge en la coronilla a cada uno con el santo crisma. Si son numerosos los bautizandos y están presentes varios sacerdotes o diáconos, cada uno de ellos puede ungir a algunos niños" (n. 129). Evidentemente si se prevé la posibilidad de varios sacerdotes o diáconos es porque ungir lleva un cierto tiempo; si fuera sólo una pequenísima cruz y secarla con algodón a continuación, no harían falta más ministros para abreviar...).

Por el santo crisma, que viene de Cristo, el bautizado es llamado "cristiano". ¡Qué rito litúrgico tan espléndido si se hace bien y antes se ha explicado en la catequesis pre-bautismal!

Me olían las manos a crisma. Ni lavándome con un poco de gel se quitaba... También ahora y aquí "la casa se llenó de suave olor".

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