lunes, 24 de septiembre de 2012

Catequesis y catequistas

Un lugar de honor merecen los catequistas por su entrega a la educación y transmisión de la fe. Ellos son los pedagogos que conducen hasta Cristo si ellos mismos han tenido un encuentro personal con el Señor, una solidez formativa y una vida interior, litúrgica, constante.

El único motor que les mueve -si son verdaderos catequistas- es la transmisión de la fe por amor a Jesucristo. Son enviados por la Iglesia, que discierne y avala, y con ese sentido eclesial, lejos de comunicar sus propias ideas originales, representan a la Iglesia Madre engendrando hijos por la fe.

El problema de la catequesis es amplio, nada fácil. Quienes vienen a catequesis normalmente carecen hasta de los mínimos fundamentos, sin respaldo familiar o social, sino viviendo a la intemperie de la cultura de hoy. Catequizar así no es fácil y requiere el esfuerzo del catequista para: primero, ser un testigo, ofrecer un testimonio de vida cristiana que los interpele; segundo, para transmitir con claridad y precisión la fe de la Iglesia; tercero, para acompañar suavemente, sin forzar, pero sin limitarse al rato de la sesión de catequesis.

Este problema, por lo complejo que es, no se resuelve con soluciones simplistas: cambiar el libro de catequesis, cambiar las "dinámicas de grupo"... Parecería que el problema es de método didáctico o pedagógico; a lo que se le suma el silencio en los grandes temas de la fe procurando un lenguaje del "buenismo" más crudo y rancio. Sólo hay que ser amigos, se trata de ser "buenas personas", educar en valores, el compromiso con los pobres, con la ecología... Ya vendrán los grandes entendidos en "catequética" que repiten la misma catequesis y modelo antropocéntrico de los años 70.

No es extraño que a veces se experimente cansancio, resignación, tristeza, ante estas situaciones.


Algunas líneas podrían orientarnos:

1) Cuidar la propia formación de los catequistas de manera continuada, con nivel, con una programación anual para ir estudiando los grandes ejes de la fe, tal vez, siguiendo el Catecismo: fe, liturgia, moral, oración; lectura de discursos del Papa o encíclicas, artículos sólidos de teología, etc.

2) Integrar a todos los catequistas en una misma formación doctrinal y espiritual (retiros mensuales en la parroquia, por ejemplo): allí, como familia cristiana de diversas edades, estarán los catequistas de adultos, pero también los de infancia, adolescentes y jóvenes.

3) Potenciar la vida espiritual del catequista: no puede ser que un catequista sólo aparezca en su rato de catequesis, y luego a Misa a cualquier otro sitio según le convenga, sin insertarse en la vida cristiana parroquial. A un catequista hay que conducirle al descubrimiento de la vida cristiana y en ella vivir: la Misa dominical (y sugerirle la Misa diaria), la confesión frecuente, la adoración al Santísimo expuesto, retiro mensual, el Triduo pascual vivido en la propia parroquia.

4) Claridad en el contenido que se transmite. Quienes participan en la inmensa obra catequética de la Iglesia en España, ¿salen con conceptos claros? ¿Saben las verdades de la fe? ¿Conocen la moral cristiana? ¿Saben el valor de los ritos y signos de la liturgia? Esa claridad doctrinal es sumamente importante atajando el relativismo y, por otra parte, rechazando la ignorancia del pueblo católico (que apenas sabe dar razón de su fe). Un buen Catecismo es fundamental. Y sobra el psicologismo en las catequesis, o las distracciones para que no se aburran.

Son líneas, y no están todas. Pero entre todos podremos mutuamente enriquecernos.

23 comentarios:

  1. Para que se ría, don Javier: hace ya bastantes años mi hijo mayor, excelente estudiante, a las 9 de la noche y cuando yo estaba en la cocina ante una sartén humeante, me dice “mamá ¿quién fue san Pedro?” Mis hijos son así, hora de confidencias: la más inoportuna y casi siempre con algo peligroso entre las manos ¡Horror, en colegio religioso y catequesis! Recordé con agradecimiento las clases de religión y liturgia de mis monjas. En aquel momento me dí cuenta: “Julia María, trasmitir la fe corre de tu cuenta”. Años después, también en la cocina, un fraile puso a prueba mi paciencia (en esa época nada abundante) a través de la voz de mi hija cuando supe que la había preguntado en catequesis de confirmación: "María José ¿cómo sabes tanto de religión?" Los pensamientos que surcaron mi mente no se pueden reproducir ¡Menos mal que Dios me dio una tierra muy buena!

    Por favor: 1) los contenidos de los libros no pueden ser tan endebles; 2) como el mundo en el que nos movemos es complicado, ni la “fe del carbonero”, ni “el buenismo”, ni la sólo buena voluntad de colaborar, sirven para catequizar.

    ¿Cómo va, don Javier? Los apuntes para clase ¿viento en popa?

    En oración en y por esta comunidad virtual, y en unión a toda la Iglesia.

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    1. Julia María:

      Los apuntes van despacio, elaborándose... Esta semana además impartiendo un curso de liturgia a las junioras de las Carmelitas de la A. O.

      De acuerdo en su apreciación: los libros son endebles a más no poder... y el buenismo es corto de miras. Necesitamos otras cosas, otra mentalidad.

      Recemos todos, unos por otros en este blog.

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  2. Cuanto bien me han hecho mis catequesis y catequistas de este C Neoc. Son personas con una experiencia tan real de Dios que junto con su experiencia la Palabra tiene una fuerza enorme...Rece para que las dé a mis niños este año con ternura y dedicacion....con Fé.

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    1. Ok. Y rezaremos también para que lo haga con inteligencia, dando razón de la fe.

      Un saludo cordial!!!!

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  3. Buenos días don Javier. Me encanta su blog y estas entradicas tan prácticas.Un abrazo.

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    1. xtobefree:

      ¡Gracias por el ánimo! ¡Le encanta nuestro blog!

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  4. Don Javier, estoy de acuerdo con todo lo que dice. Y si ya es difícil conseguir eso, yo añadiría en las catequesis de niños y jóvenes dos cosas: la iniciación en el canto y en la oración.
    Que se pueden hacer simultáneamente porque los cantos se pueden ir aprendiendo en un entorno de oración.
    Acabo de ver en la web de una parroquia algo que hasta ahora nunca había visto: un horario de adoración eucarística para los niños.

    Son importantes los conocimientos y la doctrina, pero si en tiernas edades no conseguimos que se establezca una relación y amistad con Dios, su cristianismo no superará la primera crisis, la convivencia con amigos o compañeros no creyentes.

    La Iglesia intenta volcarse con los jóvenes pues son el futuro, etc. Pero los niños son los jóvenes de mañana. Decía una pediatra: cuando yo trato a un niño, aunque sea un bebé, estoy viendo en él a un hombre con toda la barba.

    Creo que ya he escrito este comentario o muy similar otras veces. Pido disculpas.

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    1. Aprendiz2:

      Lo del canto y la oración es verdad, es simultáneo y es una buena forma de catequizar y evangelizar.

      Pienso por ejemplo en el Coro diocesano de Getafe, con orquesta, maravilloso ejemplo de evangelización de los jóvenes músicos y ejemplar servicio a la liturgia diocesana.

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  5. Tiempo ha, hacia principios de los 80, con ventimuypocos años, estuve de catequista en la parroquia de San Pelagio, en los tiempos finales del Padre Morales (siempre me pareció un santo varón). Antaño, esa parroquia del Parque Cruz Conde la llevaban los Padres Jesuitas que trabajaban en ETEA. Ahora parece que ya no hay jesuitas, sino que hay un sacerdote diocesano. Es posible, Padre Javier, que usted no sepa nada de esa parroquia en esa época.
    En una de las reuniones de catequistas, se nos pidió que reescribieramos el Credo. ¿Es necesario reescribir el Credo, Padre? Reescribirlo con nuestras palabras.
    También se nos sugirieron lecturas teológicas piadosas como algún libro del señor González Fauss, en concreto recuerdo el título de uno titulado "Acceso a Jesús". Recuerdo el título de ese libro, pero muy poco del contenido. Lo que recuerdo del libro es vago, no me enteré de mucho. Un lenguaje vago, etereo, que podría significar una cosa como su contraria. Conservo aún ese libro. He de confesar que después de haber leído algún comentario en la página web "redescristianas", me han dado ganas de prenderle fuego. Pero no, sigo conservándolo. En alguna ocasión se me ha pasado por la cabeza volverlo a leer. ¿Padre, usted me recomienda que lo relea? Es posible que por fin me llegue a enterar de lo que decía aquel libro y del verdadero alcance de lo que allí ponía.

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    1. Antonio Sebastián:

      Desde hace unos años, selecciono más mis lecturas porque el tiempo que tenga prefiero hacerlo con obras buenas y autores sólidos. Y hay autores que mejor no leerlos para no perder un tiempo precioso.

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  6. Voy a añadir un pequeño testimonio personal: cuando tenía unos 10 años, vi en la iglesia a una niña de mi edad o un poco más, hacer el gesto de ponerse de rodillas ante una imagen de la Virgen y apoyar su cara en las palmas de sus manos extendidas hasta ocultarla del todo y quedarse así un buen rato.

    Con ese gesto entendí lo que era la oración y además despertó en mí el deseo que, pienso que nunca se ha acabado.

    Si ésto también lo he contado ya, pido disculpas de nuevo. Es que me voy haciendo mayor (:-)

















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    1. No recuerdo que haya contado esa anécdota, pero, sin lugar a dudas, es ilustrativa.

      Un fuerte abrazo.

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  7. Es indudable que la mejor forma de propagar la fe es a través de la catequesis. Y es esta trascendencia lo que la convierte en una actividad que exige sensibilidad, disposición, fe y, por supuesto, formación.

    Uno de los principios básicos para la comunicación es que haya mensaje (la transmisión de la fe), un receptor (los católicos) y emisor, en este caso, el catequista. En nuestro caso, el mensaje es divino-en el sentido literal del término, je,je-, el receptor acude con el corazón abierto y el emisor…pues como en botica, hay de todo. Aunque valoro el esfuerzo y la intención de los catequistas laicos, qué quiere que le diga, por mi experiencia prefiero a un sacerdote que a un laico a la hora de la catequesis.

    Abrazos desde la colmena.

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    1. Y llegamos a la joven "colmena".

      Yo diría que más que propagar la fe -que eso sería evangelización, misionar- la catequesis es consolidar en la fe, dando fundamentos sólidos, racionales, bíblicos y espirituales, etc. etc. Eso lo puede hacer igual de bien un seglar que un sacerdote, a condición de que sea la doctrina de la Iglesia y vaya acompañada por la vida recia del catequista.

      hay que invertir todos los medios posibles en la formación del laicado y, en este caso, de los catequistas. ¡¡Para eso y con esa intención nació el blog!!

      Gracias por los abrazos, "colmena". Pero no vengáis a pincharme con el aguijón, ¿eh??

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  8. Sinceramente, yo, con todo, preferiría a un sacerdote que a un laico. Cuando pienso que yo con veintimuypocos, estuve dando catequesis a chavales, se me abren las carnes de terror. Las cosas están como están, pero creo que haría falta comprobar el nivel de formación y de ortodoxia de los que se ofrecen a dar catequesis por muy buena voluntad que tengan. Y si no tienen suficiente formación, aprovechar esa buena voluntad para formarlos. Después de lo escrito por, usted, padre Javier, sobre San Juan de Ávila y su actualidad, habría que tomar ejemplo. Yo en ese tiempo, si alguien me hubiera formado para catequista lo hubiera agradecido mucho, pero desde luego, no creo que una formación a lo González Fauss, hubiera sido muy adecuada. Si, realmente, en ese aspecto, San Juan de Ávila, tiene muchisimo que decirnos ahora. En fin, está claro que no todo vale, tampoco toda formación es válida.
    Abrazos y gratitud, Padre. DIOS le bendiga.

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    1. Antonio Sebastián:

      En parte le he contestado al responder a "La colmena".

      Desde luego cualquier formación no es válida: debe ser eclesial, siguiendo las pautas de la Iglesia, con la doctrina de la Iglesia.

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    2. Padre, no sé si lo del aguijón iba por mi también. Pero si es así, se me ha debido escapar, no ha sido ni consciente, ni premeditado. En fin, a ver si un día, paso por la Trinidad, y tal vez escuchando las inflexiones de la voz, de la mia, lea lo que escribo con algún matiz más. Por cierto, seguiré su recomendación, Padre, con muchisimo gusto además. DIOS le bendiga.

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    3. Antonio Sebastián:

      Tranquilo. Lo del "aguijón" era una simple broma, sin doble intención, a "La colmena", que son las abejas (hijos o hijo, no lo sé) de Julia María. Era sencillamente una nota de humor.

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    4. Bueno, es cuestión de ir conociéndose, Padre. También estamos para eso. DIOS le bendiga.

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  9. Don Javier: Me parece muy buena la reflexión que hace sobre la Catequesis y los Catequistas.
    ¡Que razón lleva en los cuatro puntos que escribe sobre la formación de catequistas!
    Yo creo que, desde las delegaciones diocesanas de catequesis, se debería impulsar que en las parroquias hubiera una verdadera formación de catequistas. Tal vez el fruto sería otro.
    Un abrazo.
    Mateo

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    1. Mateo:

      Te contesto casi a vuelta de correo porque estaba aquí respondiendo a los comentarios.

      Cualquier delegación diocesana (catequesis, liturgia, misiones...) puede ofrecer directrices, material, convocatorias... pero si no hay un convencimiento real de sacerdotes y catequistas en cada parroquia, de poco sirve.

      La Escuela de catequistas por parroquias -igual que algún sistema serio de formación de adultos- debe ser una prioridad que transmita realmente teología y Magisterio, no un entretenimiento para vernos las caras y estar juntos. Eso supone mucho más trabajo en una parroquia, pero es una inversión que da el ciento por uno y repercute en el bien de muchas personas.

      Un fuerte abrazo.

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  10. Con 14 años, en las catequesis de pre-confirmación... me encantaba poner en apuros al pobre catequista. Era un chaval de 18 años que a duras penas se sabia las oraciones y que le había caído la responsabilidad de llevar por el buen camino a un grupo de 8 adolescentes rebeldes. Ahora me da pena,...

    Un abrazo en el Señor D. Javier :)

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    1. Miserere:

      ¡Qué malo! ¡Mira que estar poniendo a prueba, pinchando al pobre catequista!!!!!

      Y mejor tomarlo así, con humor, que lamentarnos de las personas que a veces se ponen (o ponemos) como catequistas, con muy buena voluntad, pero escaso saber.

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