miércoles, 15 de diciembre de 2010

Dos salmos para el Adviento y uno para la Navidad

¡Cuánto desajuste en la vida! ¡Cuánto sufrimiento! La incomprensión de los demás, la falta de recursos para subsistir dignamente, ese hijo enganchado en la droga, el no sentirse querido por nadie, una grave enfermedad... circunstancias, acontecimientos, que hacen sufrir a la persona. Son luchas interiores entre la aceptación y la rebeldía. El hombre quiere ser feliz y pone las condiciones de su felicidad fuera de sí mismo, pensando “si mi mujer no fuera así”, “si en mi trabajo”, “si fuera joven”, “si tuviera salud”, “si yo tuviera otro carácter...” pero Dios tiene reservada una felicidad distinta, plena, que sacia profundamente ese vacío interior aún en medio de los sufrimientos. 

Es cierto que, en esa situación, se puede producir una crisis interior que lleva a dudar de Dios, a apartarse de Él. “Una tal rebelión contra Dios es muy comprensible, pues en esos momentos parece casi imposible el amor de Dios. Pero quien se abandona a una rebelión de ese tipo está envenenando su propia vida. El veneno del no, de la rabia contra Dios y contra el mundo que le devora desde dentro. Pero Dios nos está exigiendo, por decirlo así, un anticipo de confianza. Nos está diciendo: sé que ahora tú no me comprendes, pero confía en mí a pesar de todo; cree que soy bueno y ten el valor de vivir en esta confianza. Entonces reconocerás que precisamente así te he hecho bien” (Card. Ratzinger).

    En estas circunstancias Dios regala al hombre el Adviento, el tiempo de la esperanza. Dios da un Adviento a cada hombre, otorga la esperanza en medio de los sufrimientos anunciando que Jesucristo va a pasar (cf. Lc 19,4). Y el cristiano pide, con confianza, no con rebeldía u orgullo, que venga el Señor, que pase, que cure y salve: “Pastor de Israel, ven a visitar tu viña... restáuranos, Dios Salvador nuestro, que brille tu rostro y nos salve” (Sal 79). Éste es un salmo muy apropiado para el Adviento. 

Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos. 
 
Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros. 

Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces
hasta llenar el país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
Dios de los Ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó
y que tú hiciste vigorosa.


Se pide al Señor que venga y visite al hombre, a la Iglesia, al mundo. Que venga y lo cure. ¿Para qué? El corazón sabe muy bien que sólo puede encontrar verdadero auxilio y ayuda en Jesucristo; por más que busque, no encontrará salvación en nada: “Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra” (Sal 120). He aquí otro salmo para el Adviento. 
 
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. 
 
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. 

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. 

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
 
Así llegará el momento en que Dios haga Navidad en el corazón del que le grita; no la Navidad de los dulces, de las felicitaciones que suelen saber a cumplimiento, sino que Dios hará Navidad haciendo que Jesucristo baje a ese sufrimiento, lo sane y le dé luz. Será la aurora en medio de la oscuridad del corazón: “mi alma aguarda al Señor más que el centinela la aurora... porque del Señor viene la misericordia y la redención copiosa” (Sal 129). Así llegamos al tercer y último salmo de hoy, un salmo para la Navidad.
 
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
 
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. 

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. 

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
 
Pero siempre desde la esperanza y confianza en el Señor. Viene, trae la redención copiosa porque Él es misericordia. Él hará un Adviento y una Navidad en tu vida. ¡Que Dios entiende mucho de sufrimientos y no te olvida...!

7 comentarios:

  1. pero Dios tiene reservada una felicidad distinta, plena, que sacia profundamente ese vacío interior aún en medio de los sufrimientos.


    Gracias por esta entrada de hoy. Ufff, Dios mío, ¡maravilloso!.
    Y una oración:
    Átame, átame fuerte, Padre mío, no sea que por el miedo me resista y no sea válido tu sacrificio y los dos seamos rechazados.

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  2. Hola D.Javier:En el momento de recapitular el año, voy a hacerlo desde la esperanza y confianza en el Señor, es muy importante lo que me apunta: recordar que no nos olvida. El experimento del salmo 135 ha sido una gozada.

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  3. Volveré más despacio para disfrutar con más tiempo.

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  4. ...Viene, trae la redención copiosa porque Él es misericordia. Él hará un Adviento y una Navidad en tu vida.

    Qué palabras tan consoladoras, ojalá se cumplan en todos nosotros.

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  5. ¿No le parece que para nosotros los creyentes este es un tiempo totalmente diferente para el que hoy no tiene si siquiera un trozo de pan que llevarse a la boca?
    Esta mañana estando en pleno centro de Sevilla, lleno de gente comprando dislocada...cuando le miraba las caras me preguntaba: ¿se acordarán estos de Dios en algún momento del día y de tantos y tantos que tienen el estómago vacío y no se les puede mencionar esa maravillosa palabra? Porque para ellos Dios no es esperanza, no es alegría, no es poder compartir el sufrimiento con el que mejor te va a entender y aliviar el alma.
    Esta preciosa fiesta se hace triste pensando en estas y otras muchas cosas, porque uno quisiera compartirlo todo con el que sufre.

    "Mi alma espera en el Señor,
    espera en su palabra;
    mi alma aguarda al Señor,
    más que el centinela la aurora".

    Preciosísimo texto que hace reflexionar.

    Muchas gracias y que el Señor guarde su alma y se la mime siempre.

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  6. Capuchino de silos:

    Este tiempo, en el aspecto que Vd. señala, es totalmente diferente porque lo asociamos a familia-comida-comida-más comida... y con un barniz sentimental, se organizan SÓLO en esta época todas las campañas solidarias, maratones de alimentos, etc., etc... Pero los pobres los tenemos siempre con nosotros, siempre. Menos mal que Cáritas y su gente y tantos comedores sociales de la Iglesia actúan todo el año.

    Le agradezco muchísimo su tierno deseo final: que el Señor mime siempre mi alma. Yo también digo a ese deseo: AMÉN.

    Saludos.

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  7. ¡Qué razón lleva! Necesitamos dar a conocer una labor de 365 días.

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