viernes, 13 de abril de 2012

Las celebraciones de la palabra (I)

La liturgia de la Iglesia es riquísima, muy variada, con una excepcional variedad que se acomoda a distintas circunstancias, personas, momentos de vida cristiana. Los libros litúrgicos ofrecen celebraciones diversas. Pero muchos de sus libros y muchas de sus posibilidades se desconocen y normalmente todo se suple con la celebración de la Misa, la Misa para todo, empobreciéndose en mucho la vida litúrgica.


Por ejemplo, un quinario, un encuentro de niños, una reunión o asamblea "de zona", el envío de catequistas o de unos peregrinos, la inauguración de curso, la bendición de una imagen, una celebración cuaresmal en un colegio, etc, etc. Todo se reduce a celebrar la Misa cuando, tal vez, ni se dan las condiciones para ello, ni quizás sea el momento oportuno o los asistentes ni siquiera están bien preparados para la celebración eucarística y otros mil factores que razonablemente inducen a no multiplicar las misas sin más. 

En muchos de esos casos se podría realizar la oración de una parte de la Liturgia de las Horas (Hora Intermedia o Vísperas solemnes), o las celebraciones del Bendicional para niños, envío de catequistas, peregrinos, bendición de enfermos, etc., o la adoración eucarística según su ritual, con lecturas, preces, silencio contemplativo... o, finalmente, una buena y bien preparada celebración de la Palabra de Dios.


Pero, ¿qué son, qué utilidad tienen, cómo se realizan las celebraciones de la Palabra de Dios? A ello vamos a dedicar varias entradas, fruto de la respuesta que envié a una consulta que me hicieron. Creo que las debemos conocer, saber emplear rectamente y descubrir su potencial.


Las celebraciones de la Palabra de Dios han sido un elemento de la liturgia de la Iglesia para orar con la Palabra de Dios en los días en que no se celebraba la Eucaristía (muy antiguamente los miércoles y los viernes eran días alitúrgicos) y también como forma de educar a los catecúmenos y fieles, mediante las lecturas bíblicas, el canto de los salmos, la homilía catequética y la oración.

La disciplina actual de la Iglesia recomienda dichas celebraciones; ya la misma constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium determinaba: “Foméntense las celebraciones sagradas de la palabra de Dios en las vísperas de las fiestas más solemnes, en algunas ferias de Adviento y Cuaresma y los domingos y días festivos, sobre todo, en los lugares donde no haya sacerdote; en cuyo caso, debe dirigir la celebración un diácono u otro delegado por el Obispo” (SC 35,4).

La Instrucción Inter Oecumenici, que daba las primeras normas de aplicación de la Constitución Sacrosanctum Concilium, aconsejaba las “Celebraciones sagradas de la Palabra de Dios” primero cuando había comunidades cristianas sin sacerdote, que debían esperar mucho tiempo para poder celebrar la Misa y que, mientras, podrían los domingos reunirse para escuchar la Palabra de Dios y, en segundo lugar, como celebraciones en determinados momentos del año litúrgico, con intensidad orante.

“37. En los lugares donde no haya sacerdote y no se pueda celebrar la misa, los domingos y fiestas de precepto organícese, a juicio del Ordinario, una sagrada celebración de la palabra de Dios, presidida por un diácono o incluso por un seglar, especialmente delegado.

La estructura de esta celebración será semejante a la de la liturgia de la palabra en la misa: generalmente se leerán en lengua vernácula la epístola y el evangelio de la misa del día, anteponiendo e intercalando cantos, tomados preferentemente de los salmos. Si es diácono el que preside, pronunciará la homilía, y si no lo es, leerá la homilía que le haya señalado el Obispo o el párroco. La celebración terminará con la oración común o de los fieles y el Padrenuestro.

38. Es conveniente que también las celebraciones de la palabra de Dios que se organicen en las vigilias de las grandes festividades o en algunas ferias de Adviento y de Cuaresma, y los domingos y días de fiesta, se ajusten a la estructura de la liturgia de la palabra de la misa, aunque nada impide que haya una sola lectura.

Al ordenar las distintas lecturas, la del Antiguo Testamento precederá normalmente a la del Nuevo, y la lectura del santo Evangelio será como la cima de la celebración, para que se vea claramente el sucederse de la historia de la salvación.

39. Para que estas celebraciones se hagan con dignidad y piedad, cuídense las Comisiones litúrgicas de cada diócesis de indicar y proporcionar material oportuno”.

El Ceremonial de los Obispos, antes de realizar la descripción de las celebraciones, ofrece unas nociones generales de gran valor. Dice:

“n. 221. ‘La Iglesia siempre ha venerado las Divinas Escrituras, como lo ha hecho con el mismo Cuerpo de Cristo, puesto que, sobre todo en la sagrada Liturgia nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida tanto de la mesa de la Palabra de Dios, como del Cuerpo de Cristo’ (DV 21), más aún, toda celebración litúrgica se apoya y se sostiene en la Palabra de Dios. Por tanto, el Obispo esfuércese al máximo para que todos los fieles con una adecuada preparación espiritual previa, adquieran el sentido de escuchar y meditar el misterio de Cristo que se propone en el Antiguo y el Nuevo Testamento.

n. 222. Las celebraciones sagradas de la Palabra de Dios son sumamente útiles en la vida tanto de cada uno de los fieles, como de las comunidades, para fomentar el espíritu y la vida espiritual, para establecer un amor más intenso a la Palabra de Dios y para una celebración más fructuosa tanto de la Eucaristía, como de los otros sacramentos.
  n. 223. Por lo cual, es conveniente que el Obispo presida, sobre todo en la iglesia catedral, celebraciones de la Palabra de Dios especialmente en las vigilias de las fiestas más solemnes, en algunos días de Adviento, de Cuaresma y en los domingos y en los días de fiesta”.

 Seguiremos.

18 comentarios:

  1. Buenos días don Javier. Con la falta de sacerdotes y de oración por el éxito de las vocaciones, cada vez se aprecia más la necesaria labor de los diáconos y algunos laicos. En las comunidades católicas de sangre latina ¡Qué poco se valora la Palabra! tirando siempre por el Sacramento del Altar descuidamos las lecturas y la dignidad de la Palabra. Ahora, gracias a iniciativas la loables como la suya en este blog se saborea cada elemento y su conjunto, la liturgia, los signos y la maravillosa proximidad de Dios y las amorosas palabras de su Iglesia en la que cada día despertamos.Estas entradas donde nos trae estos puntillos nos fundamentan para saber apreciar los buenos vinos.Un abrazo.

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    1. Gracias.

      Pero quería ir más allá.

      No es solamente para cuando no hay sacerdote (celebraciones dominicales en ausencia -en espera- de presbítero), sino momentos litúrgicos para algunos actos de la vida parroquial: una vigilia de oración, por ejemplo, o unas charlas-conferencias cuaresmales desarrolladas dentro de la liturgia de una celebración de la palabra, etc.

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  2. Tiene vd razón, don Javier, es más, me atrevería a decir que a veces se recurre a la celebración de la Santa Misa pretendiendo con ello revalorizar cualquier situación porque se desconoce el valor infinito del Sacrificio Eucarístico. Sólo tengo una objeción a la celebración de la Liturgia de la Palabra: que se realice “sin ton ni son”, por un laico que se considera “sobradamente preparado” sin que su formación así lo justifique, que se permita con bastante ligereza una burda caricatura de homilía con interpretaciones superficiales, sesgadas o incluso lejanas al magisterio de la Iglesia, que en el mes de agosto en lugar de procurar un sacerdote que sustituya al párroco, se sustituya por sistema, año tras año, la Santa Misa por la Liturgia de la Palabra encargada a un laico.

    En los últimos tiempos se ha repetido hasta la saciedad que el católico es adulto en la fe intentando expresar así que es libre para interpretar la Palabra de Dios a su antojo, haciendo incluso responsable de cualquier interpretación ocurrente al Espíritu Santo. Parece excesivamente dura mi queja pero sólo pido que tengamos un exquisito cuidado con la Palabra de Dios porque no estamos hablando de cualquier historia o filosofía, la Palabra es Sagrada y lo sagrado no se debe "utilizar" sino tocarlo con sumo cuidado, después de una profunda formación y de “lavarse el corazón” a conciencia.

    ¡Qué Dios les bendiga!

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    1. Me parece que coincidimos en el fondo, pero vamos al trabajo que me corresponde:

      a) Como vd apunta, con la Misa queremos 'revalorizar' cualquier situación. Pero a veces degradamos la Santa Misa.

      Por ejemplo: termina el curso y queremos una Misa más privada, más 'participativa' (¡socorro!) con los catequistas. La celebramos, luego merendamos y después otra Misa, esta vez la parroquial. ¿Por qué? Mejor una celebración de la Palabra o el rezo (canto) de Vísperas, luego merienda, y luego celebramos la Misa parroquial de 20 h. todos juntos.

      b) Un laico no puede hacer ningún tipo de homilía. Sólo LEER la homilía que haya prescrito el obispo o la que haya dejado el párroco para ese domingo que no puede oficiar la Santa Misa. Si no hay una homilía escrita, se guarda silencio meditativo y se acabó el problema.

      (No entro en el caso de las sustituciones veraniegas que son un verdadero problema a veces).

      c) La interpretación de la Escritura corresponde al magisterio de la Iglesia, y forma parte del munus docendi de los ministros ordenados. Lo otro es una tesis luterana, bien difundida.

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    2. Totalmente de acuerdo con Vd, don Javier.

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  3. Lo de las celebraciones de la palabra, a mi parecer, tiene un punto de vista bueno y otro malo. El bueno: salimos un poco de la ecuación liturgia=misa y hacemos otra cosa que no sean misas. Lo malo: Tal como están estructuradas hoy, parece una misa sicca (sine canon). Cuando las hacen religiosas en ausencia del párroco, la muy ilustrada gente empieza a llamarlas las "misas de monja", etc.
    Las celebraciones de la palabra es un tema en el que siempre tuve una "ignorancia afectada": no querer saber para no "comprometerme". Prefiero los sacramentales y la liturgia de las horas antes que una celebración de la palabra, repito, tal y como están planteadas hoy. La pregunta es: SC e Inter oecumenici realmente tenían en mente la celebración de la palabra como una "misa" sin plegaria eucarística. Espero, Javier, que nos lo aclares en la segunda parte... Un abrazo

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    1. Comparto su opinión don Adolfo, yo también prefiero los sacramentales, la liturgia de las horas y el rosario tan denostado en los últimos tiempos.

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    2. Adolfo, paso a tu comentario de 'colega' a 'colega'.

      sí has captado desde el principio la intención última de estas catequesis, y es eliminar la ecuación: liturgia = misa.

      Es verdad que están estructuradas como una Misa sicca, y deben parecer eso, apuntando a que nos falta la celebración del Sacrificio del Señor, que falta algo, que hemos de desear un algo más.

      Cuando una religiosa o un laico "de los promocionados" hace esas liturgias de la Palabra, suelen improvisar, añadir, multiplicar elementos de manera que ya no se percibe que falte nada. Exteriormente, litúrgicamente, deben parecer una Misa sicca.

      Tal vez la culpa sea de cómo se realiza muchas veces la parte eucarística: aprisa, corriendo, sin elementos cantados, sin el suficiente relieve. Al final, el sacerdote en muchas circunstancias ha desarrollado tanto la liturgia de la Palabra y la homilía larguísima, que la plegaria eucarística y los ritos de comunión son un apéndice sin relieve. Los fieles no lo echan de menos si no tienen la Eucaristía sino que una religiosa o un seglar hace una celebración de la Palabra amable.

      No sé si me he explicado suficientemente bien y claro.

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    3. Item.

      Despejando y elminando la ecuación liturgia = misa, he aprovechado para tratar el valor y la forma litúrgica de las celebraciones de la Palabra.

      En sentido general y amplio, incluye las otras muchas celebraciones que la Iglesia (la parroquia, vamos) podría desarrollar, pero la mentalidad litúrgica lo reduce todo a misa.

      Ya he puesto más arriba el ejemplo de los catequistas al final del curso pastoral.

      Pongamos otro ejemplo: cursillo prematrimonial. Termina, ¿cómo?, con una Misa para los novios y los catequistas. ¿Saben responder al menos? ¿Saben estar en la Misa? ¿Se les ha enseñado el valor de la Misa, las posturas, etc.? Pues tal vez lo mejor sea un sacramental: la Bendición de los prometidos, del Bendicional.

      O una convivencia de matrimonios: ¿misa en un chalet, al lado de la piscina? Pues tal vez una buena celebración de la palabra con varias lecturas y salmos 'matrimoniales', preces y padrenuestro sería más adecuado o el rezo de Laudes o de Vísperas (según sea la hora), y la Misa se celebra todos juntos en la parroquia, con una mención especial para la oración de los fieles.

      O una peregrinación: ¿por qué tiene que comenzar con la Misa? Se toma el Bendicional y encontramos un sacramental que es la "Bendición de los peregrinos".

      Todo esto es lo que quería ir mostrando, y he comenzado por explicar que las celebraciones de la Palabra en determinados momentos del año litúrgico y vigilias pueden ser un buen recurso litúrgico, espiritual y pedagógico. Y querer mostrar e inculcar a todos que la liturgia no se acaba con la misa y que todo tiene que ser siempre una misa, para lo que sea, cuando sea, aunque los asistentes no sepan ni lo que es la misa, ni responder, ni orar, ni puedan siquiera comulgar.

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    4. Julia habla del rosario. Eso me da pie para otro punto:

      hay novenas y quinarios y triduos: ¿todo tiene que ser Misa?

      El rosario rezado bien, en comunidad, puede ser enriquecido con las lecturas bíblicas correspondientes a cada misterio, homilía y luego letanías. ¿Por qué no?

      El ejercicio piadoso de novenas y quinarios, ¿todo se agota en la Misa, donde destaca la predicación del sacerdote invitado?

      Realmente hay abuso de misas y una multiplicación excesiva más por comodidad de horarios que por necesidad real de que se llena el templo en cada Misa. Funcionamos más por el capricho de que cada uno quiere su Misa (acomodada a mi horario personalísimo) que en garantizar la Misa parroquial con el suficiente número de ministros, lectores, cantores y fieles.

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    5. ¡Cuánta razón tiene en "lo del capricho"! A veces parece que queremos participar en nuestra Misa y no en la Santa Misa de la Iglesia que se organiza en parroquias.

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  4. Concuerdo plenamente con Julia María y Adolfo... las reservas o preocupaciones expresadas, son de hecho, el "espíritu" que movió a la consulta sobre las celebraciones de la palabra y que no se supo exponer adecuadamente. Gracias padre.

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    1. Pero para responder adecuadamente a tantas dudas como surgen, están estas catequesis.

      Creo que no que hay que tener prevenciones contra las celebraciones de la palabra de Dios ni contra los otros ritos y acciones litúrgicas de la Iglesia, sino hacerlas bien, con sentido y fiel cumplimiento de los libros litúrgicos.

      Saludos cordiales.

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    2. Donde dice: "no se supo exponer adecuadamente" debe leerse: "no supe exponer adecuadamente"

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  5. Si no me he explicado bien, sino que lo he enrevesado todo, vuestras preguntas y comentarios vendrán bien para que todos tengamos claridad de ideas.

    Incluso... incluso para aquellos que en google busquen "celebraciones de la palabra" y lleguen aquí.

    Saludos y feliz descanso.

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  6. Gracias por la aclaración. Veo que el objetivo era des-misificar todo encuentro cultual, que es lo ideal. Lo de que tenga ser como una misa sicca no lo tengo tan claro. Meditaré sobre ello.

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  7. Una celebración de la palabra con la comunión al final, en sábado, ¿Cumple el precpto del domingo?. SE realiza por falta de sacerdote y por un laico, ministro extraordinario de la sagrada Comunión.

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