miércoles, 22 de septiembre de 2021

"Los oficios eclesiásticos" de S. Isidoro

De Ecclesiasticis Officiis de San Isidoro sería considerado como el primer manual de liturgia, un comentario y explicación de la liturgia, muy amplio, destacando los elementos que forman la liturgia y los ministerios que en ella se ejercen. 



No llega a ser exhaustivo, faltarían desde la perspectiva actual algunos elementos que presentar y comentar, pero resulta apasionante por sus argumentos y su descripción así como por introducirnos en el mundo hispano-visigodo con su peculiar rito litúrgico. 

La obra pertenece a un estilo nuevo, un nuevo género literario, 

“los tratados explicativos de la liturgia en general, obras de tipo sintético, o mejor, monografías sobre puntos particulares. En este género literario se verifica un doble desarrollo respecto al género mistagógico precedente: los destinatarios no son ya sólo los catecúmenos y neófitos, sino todos los fieles; a veces algún grupo más aventajado de fieles; con frecuencia, los mismos clérigos y los monjes. Se explican no sólo los ritos de iniciación, sino también, más o menos integralmente, las otras partes de la liturgia”[1].

Esta pequeña y, realmente, fascinante obra, presenta una comprensión del misterio de la liturgia que se va desgranando a partir de su descripción y de las razones que san Isidoro presenta, casi como evidente, sin polemizar, al escribir.

San Braulio, obispo de Zaragoza, discípulo y amigo joven de san Isidoro, al hacer un compendio de todas las obras de san Isidoro que conocía, explica así el De Ecclesiasticis Officiis: 



“Dedicados a su hermano el obispo Fulgencio [publicó] dos libros de Oficios, en los que explica el origen de los oficios eclesiásticos y las funciones y razón de cada uno en la Iglesia de Dios, dicho a su estilo, aunque basándose en la autoridad de los tratados anteriores” (Renotatio, 5)[2].

           

            “La obra consta actualmente de dos libros, de los que el primero viene a ser una historia de la liturgia, en la que ocupa la mayor parte el estudio del culto; el segundo libro, más propiamente “origen de los ministros”, aborda los fundamentos de las distintas categorías de fieles y clero, sin olvidar la regla de fe y algunos sacramentos. A pesar de ello, las noticias históricas propiamente dichas quedan en buena parte ocultas por especulaciones teológicas y alusiones a controversias o discusiones que no pueden ni llamarse propiamente actuales ni tenerse por sobrepasadas del todo: una vez más se descubre en esta obra, bastante más elaborada que otras, la obsesión por recoger materiales y combinarlos, para dar mucha información básica que, como cuerpo, pudiera responder a múltiples necesidades”[3].


 La obra, concebida como un manual de formación para el clero, se escribe a petición de san Fulgencio, obispo de Écija y hermano de san Isidoro. Así el mismo san Isidoro le dirige una carta a su hermano como presentación en la que explica, primero el motivo de la obra como respuesta a su petición:


 “Me pides que te exponga el origen de los servicios eclesiales mediante cuyo magisterio somos instruidos en las iglesias, para que, en breves explicaciones, puedas conocer quienes fueron sus iniciadores”.


En la misma carta introductoria expone la metodología que usa el autor para elaborar el manual que san Fulgencio le solicitaba, y no es otra que investigar cuidadosamente y recurrir a autores previos (¡qué grande es el saber sintético, enciclopédico, compilador, de nuestro Padre hispano!), de manera que la liturgia tiene su origen en la Tradición y la Tradición misma es la que puede explicar el contenido y la forma de la liturgia misma, de los ministerios y oficios eclesiásticos:

            “Por ello, tal como lo solicitaste, te envié un pequeño libro en el que se describen las diversas clases de oficios, compuesto con los escritos de autores antiquísimos y comentado según las exigencias de cada párrafo. En cuanto a su contenido, en buena parte, es redacción mía, aunque a ella añadí materiales tal como los encontré en los mencionados autores, para que su lectura quedase más fácilmente avalada con la autoridad de cada uno”.



[1]  VAGAGGINI, C., El sentido teológico de la liturgia. Ensayo de liturgia teológica general, Madrid, BAC, 1965 (2ª ed.), p. 554
[2] Cit. en la introducción general a SAN ISIDORO DE SEVILLA, Etimologías, vol. I, (ed. OROZ RETA, J- MARCOS CASQUERO, M. C.), Madrid, BAC, 1993 (2ª ed.), p. 114s.
[3] DÍAZ Y DÍAZ, M., Introducción general en Id., p. 124.


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