sábado, 26 de enero de 2013

Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad...

    Seguimos las explicaciones de los salmos, al menos, para saber poco a poco interpretarlos, descubriendo a Cristo en ellos, o descubriendo a la Iglesia en el salmo. Todos los salmos, ocultan, o de manera escondida, contienen el misterio de Cristo, o de la Iglesia, o de la salvación; por eso hay que superar la letra, quedarnos sólo en lo que oímos, para entrar en el meollo, en el espíritu del salmo.

    El salmo 39 lo interpreta la misma Escritura, en la carta a los Hebreos, en el capítulo 10. Pone el salmo en boca de Cristo, así tal cual. Dice la carta a los Hebreos: “Cuando Cristo entró en el mundo dijo: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Por tanto, ya la misma Palabra de Dios, los escritos del Nuevo Testamento, están haciendo una lectura cristológica, aplicándolos a Jesucristo. Así pues, este salmo es el mismo Cristo quien lo proclama. 

El sentido de la letra, lo que dice el salmo, es que el Señor no quiere sacrificios de animales, ni de cosas externas a nosotros. El Señor lo que quiere es el ofrecer nuestro corazón haciendo su voluntad, el ofrecimiento de nosotros mismos.

  ¿Qué quiere el Señor? “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. ¿Quién realiza de verdad este salmo? El único sacrificio que ha sido agradable a Dios: el cuerpo de Cristo inmolado en la cruz. “No quieres sacrificio sin ofrendas, y en cambio me abriste el oído. Me has dado un cuerpo”. Es el cuerpo de Cristo lo que queda ofrecido, es el Corazón de Cristo haciendo la voluntad de Dios. Así entendemos este salmo donde es el mismo Cristo el que lo está rezando.  

Dice “dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor y no acude a los idólatras que se extravían con engaños”. ¿Fiarse de alguien? Sólo de Dios. Sólo de Dios. Porque los demás, quiera que no, el corazón se extravía. Cristo se fía plena y totalmente sólo de Dios. Ama a sus discípulos, los ama con locura, los quiere tiernamente, pero saben lo que da de sí cada uno: Judas lo vende, el resto se le va, sólo queda fiel Juan. Pero el Corazón de Cristo estaba en el Padre, el que “ha puesto su confianza en el Señor”.

    “No pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: Aquí estoy, como está escrito en mi libro, para hacer tu voluntad”. Cristo entra en el mundo, por el misterio de la Encarnación, para hacer la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios es nuestra salvación, nuestra santificación. Evangelio de San Juan: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. Dice Cristo: “Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas”. Cristo no cumple la voluntad de Dios ni con recelos ni reservas interiores, sino amándola. Cristo lleva la voluntad de Dios en sus entrañas. Lo que el Padre quiera, eso lo quiere Él con todo su corazón, en sus entrañas.

    “He proclamado tu salvación ante la gran asamblea”. Recordad: la palabra “Iglesia” significa “asamblea”, "convocación". Cristo, delante de la gran asamblea, delante de la Iglesia, está proclamando la salvación, “cuando en la liturgia se lee el Evangelio –afirma el Concilio Vaticano II- es el mismo Cristo el que lo está proclamando”. Es Cristo quien proclama la salvación delante de nosotros, que somos la asamblea.

    “No he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes”. Es verdad, Cristo no calla, no guarda silencio, sino que es Palabra elocuente. Cristo proclama el mensaje de salvación, Cristo proclama el infinito amor de Dios.

    Nosotros al celebrar la Eucaristía comulgamos la Palabra, comulgamos el Cuerpo de Cristo; digamos entonces: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. No quiere el Señor algo externo a nosotros, nos quiere a nosotros; no quiere que le demos cosas, lo que quiere es que le demos nuestro corazón.

10 comentarios:

  1. “Todo aquello que quieres tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.” (Clemente XI).

    ¿Qué le debo a Dios?: me debo “toda yo”, sin resquicios, mentiritas ni componendas. “¿Por qué te tardas?… toma mi cornadillo, pues le quieres y dame este bien pues que tú también lo quieres…” (san Juan de la Cruz).

    En oración ¡Qué Dios les bendiga!

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    1. Sin comentarios... para no estropear lo que vd. ha escrito.

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  2. Después de una larga semana en que haciendo más su voluntad que la mía pensaba que me cansaria del trabajo, del ritmo,ect...Leyendo esta entrada puedo hacer mio el salmo y comprobar que yo soy la mayor beneficiada en todo esto cada vez que digo si a Jesucristo y me dejo hacer.
    Buen finde y mejor semana a tod@s.

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  3. Me da por pensar que esto se parece muchísimo ha tener como prioridad absoluta a DIOS. Hacer de DIOS el centro, la razón, el motivo y la finalidad. Alabado sea DIOS.
    Sigo rezando. Una vez más muchas gracias, Padre. Abrazos en CRISTO.

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    1. ¡Siempre Cristo en el centro!

      ¡El es anterior a todo y todo se mantiene en Él! ¡Es el primero en todo!, dice San Pablo.

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  4. Cada vez que comulgamos entonces nos comprometemos con la voluntad salvadora de Cristo a través de su Iglesia.

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    1. Y también, Juan, nos unimos personalmente a Cristo en su ofrenda al Padre.

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