jueves, 24 de abril de 2014

Adoración eucarística - IV





"La vida interior sigue siendo como el gran manantial de la espiritualidad de la Iglesia, su modo propio de recibir las irradiaciones del Espíritu de Cristo" (PABLO VI, Ecclesiam suam, nº 17).




Un repaso a las rúbricas del ritual del culto a la Eucaristía fuera de la Misa, nos permitirá saber con mayor exactitud cómo los libros litúrgicos vigentes describen el rito, aunque muchas veces se siguen costumbres y tradiciones locales que ya no figuran ni son obligatorias.




            La exposición con el Santísimo es prolongación del acto litúrgico fuente y culmen, del gran sacramento: la Misa. En la disposición del altar y del presbiterio, en el exorno y solemnidad, se pide que sea, como mucho, la misma de la Misa anterior, donde ya se ha consagrado el Pan para la adoración:


Hay que procurar que en tales exposiciones del culto del santísimo Sacramento manifieste, aun en los signos externos, su relación con la Misa. (nº 82).


            Cuando se hace a continuación de la Misa, es aconsejable consagrar el Pan en la Misa precedente:

Si se trata de la exposición solemne y prolongada, conságrese en la Misa que precede inmediatamente a la exposición la hostia, que se ha de exponer a la adoración, y póngase en la custodia sobre el altar después de la comunión. Entonces la Misa concluirá con la oración después de la comunión, omitiéndose el rito de despedida.(nº 94).

            Al ser prolongación, tiene, al menos, la misma importancia que debe expresarse en velas y flores; la genuflexión es la misma que la de la Misa, genuflexión sencilla (con una rodilla), no doble.

Ante el santísimo Sacramento, ya reservado en el Sagrario, ya expuesto para la adoración pública, sólo se hace genuflexión sencilla.
Para la exposición del santísimo Sacramento en la custodia se encienden cuatro o seis cirios de los usuales en la Misa, y se emplea el incienso. Para la exposición en el copón, enciéndanse por lo menos dos cirios; se puede emplear el incienso. (nº 84-85).

            No hay ningún canto obligatorio, todos son facultativos, y el Ritual se refiere a estos cantos como himnos o cantos eucarísticos, i.e., cantos de alabanza o cantos relacionados directamente con el misterio de la Eucaristía.

            ¿Algún esquema fijo? Sólo exponer, adorar, bendecir. Lo demás presenta una variabilidad y flexibilidad según la sensibilidad espiritual y litúrgica de la comunidad adorante:

Las exposiciones breves del santísimo Sacramento deben ordenarse de tal manera que, antes de la bendición con el santísimo Sacramento, se dedique un tiempo conveniente a la lectura de la palabra de Dios, a los cánticos, a las preces y a la oración en silencio prolongada durante algún tiempo. 

Se prohíbe la exposición tenida únicamente para dar la bendición. (nº 89)

            La forma de desarrollar el tiempo de la adoración merece especial atención, por la insistencia en tres elementos: los cantos, las lecturas bíblicas, el silencio sagrado. Es de suponer que en los cantos, los primeros serán los salmos, los himnos y los cánticos eucarísticos. Si la exposición se hace a continuación de la Misa, no se hace la liturgia de la Palabra (puesto que ya se hizo en la Eucaristía); se vincula de esta forma Palabra-Sacramento, nutriendo la oración y alimentando la vida espiritual de la comunidad. Por esta razón, el nº 96 del ritual prevee que se cante la Liturgia de las Horas. Cabe en la adoración eucarística una plegaria, un salmo, preces de alabanza o intercesión, al modo de la liturgia de las Horas. Todo ello acompasado y revestido de silencio, adorante, sagrado.

Durante la exposición, las preces, cantos y lecturas deben organizarse de manera que los fieles atentos a la oración se dediquen a Cristo, el Señor.
Para alimentar la oración íntima, háganse lecturas de la sagrada Escritura con homilía o breves exhortaciones, que lleven a una mayor estima del misterio eucarístico. Conviene también que los fieles respondan con cantos a la palabra de Dios. En momentos oportunos debe guardarse un silencio sagrado. (nº 95).

            En la bendición la comunidad adora a su Señor como Tomás: "Señor mío y Dios mío".

Al acabar la adoración el sacerdote o el diácono se acerca al altar, hace genuflexión sencilla, y se arrodilla a continuación, y se canta un himno o canto eucarístico. Mientras tanto el ministro arrodillado inciensa al santísimo Sacramento, cuando la exposición tenga lugar con la custodia. (nº 98).

            Luego se levanta y hace la oración, sin versículo en latín. La oración se hace, normalmente, en lengua vernácula. El Ritual presenta varias oraciones para escoger:

Dicha la oración, el sacerdote o el diácono, tomando el paño de hombros, hace genuflexión, toma la custodia o copón y hace con él en silencio la señal de la cruz sobre el pueblo.
Acabada la bendición, el mismo sacerdote o diácono que dio la bendición, u otro sacerdote o diácono, reserva el Sacramento en el sagrario y hace genuflexión, mientras el pueblo, si se juzga oportuno, hace alguna aclamación y finalmente el ministro se retira (nº 99-100).

            Repasar las rúbricas no es trabajo en vano. Ellas son el cauce para hacer unas celebraciones dignas, organizadas, y, a la vez, conocer todo el juego que puede dar para adorar a Cristo, combinando, con libertad, lectura, silencio, canto, oración, preces...



12 comentarios:

  1. Las rúbricas, las reglas, son necesarias en la liturgia porque la que ora en la liturgia es la Iglesia universal, no éste o aquél, no ésta o aquella “comunidad”; para prevenir las ocurrencias de “cada cual”; para impedir que se pierda la finalidad propia de la oración litúrgica; para recibir la unidad que Jesús pidió para nosotros al Padre.

    No creo que se pueda hablar de derechos dentro de la Iglesia, que es una comunidad totalmente diferente a cualquier otra, pero si de algún derecho se puede hablar es del derecho a que “no te den gato por liebre” y, por tanto, no darlo tampoco tú. La liturgia está estrechamente ligada con la fe y, en consecuencia, con la doctrina (lex credendi, lex orandi, lex celebrandi, pilares que confluyen en la lex vivendi).

    ¡Quédate con nosotros, Señor!

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    1. Julia María:

      Así es. Por eso en este blog, de vez en cuando, hay un repaso de rúbricas y de celebraciones, para que conociéndolas las vivamos bien y todo contribuya al orden y elevación espiritual de la liturgia.

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  2. La Adoración Eucarística la estimo, como fundamental, para esa relación presonal e intransferible con CRISTO. Pilar de la FE. Yo tiendo al silencio sin más. Pero por lo poco que sé, el silencio sin más, no es lo común, sino el caso más raro.

    Sigo rezando. DIOS les bendiga

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    1. Antonio Sebastián:

      Una cosa no quita la otra. El silencio es necesario y hasta obligatorio; pero en ocasiones se trata de una Hora Santa en común, y por tanto, se distribuye con lecturas, preces, cantos y silencio para orar juntos.

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  3. ¿Cuando entonces se realiza la genuflexión con dos rodillas?¿es correcto el término? Cuando niña veía a las monjas del Santísimo Sacramento que cuando realizaban el cambio de adoración se arrodillaban las dos monjas juntas y doblaban el tronco casi hasta el suelo. ¿Cuando el sagrario se encuentra detrás del Altar, se realiza una genuflexión con una rodilla o una inclinación?

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    1. María Auxiliadora, es un placer hablar con vd en el blog. Creo, don Javier es el experto, que la obligatoriedad de la genuflexión doble (con dos rodillas e inclinación de cabeza) fue suprimida cuando se dictaron las disposiciones de reforma de la liturgia con posterioridad al Concilio Vaticano II; no es obligatoria pero no conozco una norma que impida su práctica. En las celebraciones comunitarias la Iglesia nos pide unidad en la oración tanto verbal como corporal porque esa unidad es una manifestación externa de nuestra unidad en Cristo, pero no parece que la genuflexión doble realizada como despedida atente a la unidad. En todo caso siempre me ha parecido una bonita forma de despedirse de Jesús en la Adoración.

      Al referirse al sagrario detrás del altar supongo que se trata del caso de altar exento y sagrario bien adosado a la pared o bien situado en un altar adosado a ella detrás del altar exento; en España es muy normal que, en templos de cierta antigüedad, existan dos altares, el anterior a la reforma litúrgica donde se encuentra el sagrario y el posterior. En ambos casos prima la presencia real de Cristo en el sagrario pero tanto la genuflexión como la inclinación son signos de reverencia ante Él, y uno y otro son considerados por la Iglesia como signos de respeto y veneración.

      Convertida la genuflexión por la práctica consolidada de siglos (en el Ordo Missae al menos desde principios del siglo XVI e individualmente muchos siglos antes de éste) en muestra de fe y de reconocimiento de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y practicados hoy ambos signos, genuflexión e inclinación, al entrar en el templo o al pasar delante del sagrario a elección del sacerdote o del fiel católico, creo que lo realmente importante es si quien realiza el signo lo hace en razón de su fe en la presencia real de Aquel a quien adora y no por otros motivos como ocurre a veces para nuestra desgracia.

      Si no estoy en lo cierto, me corregirá don Javier.

      En España, buenas noches.


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    2. A "ambas dos":

      Me da pereza ahora buscar la cita exacta del ritual..., pero la genuflexión doble (o con dos rodillas) está suprimida desde 1973, con este ritual. No es mayor la presencia de Cristo en el sagrario (adorada con genuflexión sencilla) que la presencia de Cristo en la custodia (por tanto, adorada igualmente con genuflexión sencilla).

      Por tanto, ajustémonos a la norma. Todos, siempre, genuflexión con una sola rodilla, ya sea ante el Sagrario, ya sea ante el Santísimo expuesto en la custodia. Pero una genuflexión sencilla respetuosa, adorante, pausada, nunca precipitada ni de mala manera...

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  4. No creo que CRISTO se vaya a tomar a mal que yo practique la genuflexión con dos rodillas. Pero si hay que hacerla con una, pues se hace con una. Alabado sea DIOS.

    Sigo rezando. DIOS les bendiga.

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    1. Antonio Sebastián:

      Cristo no se lo va a tomar a mal, claro.

      Pero... ¿por qué no nos ajustamos todos a hacerlo bien, todos igual? Así pues, genuflexión sencilla.

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    2. Tiene usted razón, Padre, por eso escribí eso de: "Pero si hay que hacerlo se hace.". Es más, incluso me da por pensar que, incluso sería una señal exterior de comunión. Padre, por favor, no entienda en lo de la ""unigenuflexión" y la "bigenuflexión"", ganas de polemizar. Tengo para mi que polemizar en la cuestión son ganas de perder el tiempo y las energías que nos son muy necesarias para AMARNOS. Ajustemonos, Padre, ajustemonos. DIOS le bendiga.

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  5. Yo estoy de acuerdo con Antonio Sebastian prefiero el silencio orante. Creo que la Adoración es utilísima para acercarse al Señor y estar con el como con un buen amigo. Así las canciones las lecturas y las preces pueden distraer de ese objetivo central que es estar con Dios en un ambiente sereno. Dicho esto si puede ser útil para introducir la adoración con cantos o lecturas pero para mi se corre el riesgo de difuminar la Adoración.
    Así lo veo yo al menos.
    Que Dios les bendiga y cuenten con mis oraciones.

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    1. Alvaro:

      Me remito a comentario escrito antes por mí.

      Una Hora Santa, en común, se sostiene no con un silencio de una hora entera, sino con lecturas, cantos, preces y silencio orante. Todo debe confluir para un ambiente sereno y contemplativo, no para distraernos.

      Para un absoluto silencio debería estar nuestra propia adoración personal, en las iglesias donde se exponga el Santísimo...

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