Es necesaria la catequesis sobre la Unción de los enfermos, uno de los sacramentos más desconocidos, arrinconados, asociado a una imagen tétrica del moribundo, y, por tanto, mal visto.
¡Qué diferente es la realidad!
Es un consuelo del Espíritu Santo para el cuerpo y el alma gravemente enfermo; es una gracia específica para una situación de grave enfermedad uniéndonos, también mística y sacramentalmente, con el Señor crucificado.
Redescubramos el valor y la eficacia de los signos sacramentales, en primer lugar. Lejos de considerarlos con una visión esteticista como ceremonias bellas, o desde el punto devocional-intimista como unas oraciones privadas para tener algo de paz, son presencia y actuación misma de Cristo; que si ayer curaba tocando con su mano y los enfermos se le acercaban, hoy -¡el hoy del Espíritu Santo y de la Iglesia!- sigue tocando, ungiendo, imponiendo las manos, mediante los sacramentos. Son intervenciones reales suyas y contactos salvadores.



