viernes, 22 de marzo de 2024

Las entregas (Ritos y gestos - VII), 1ª parte



            Son ritos litúrgicos en los cuales a determinados miembros de la Iglesia se les da algunos elementos que simbolizan o un avance en su proceso (como en el caso de los catecúmenos) o una misión específica (en el sacramento del Orden) o un signo peculiar de una vida nueva (profesión religiosa y consagración de vírgenes) o un servicio (ministerios laicales).



            Salvo las entregas a los catecúmenos, que son un rito propio de catecumenado, una celebración en sí misma, las demás entregas se hacen en la liturgia tras la plegaria solemne de ordenación o de bendición, visualizando ritualmente lo que la plegaria ha obrado en el interior de los candidatos.


Las entregas en el proceso de Iniciación cristiana

             Las entregas en el catecumenado están en el contexto del tiempo de purificación e iluminación, la Cuaresma previa a la Iniciación cristiana. Así se busca una preparación intensiva de ánimo, la formación espiritual y la instrucción doctrinal, dirigiéndose a los corazones y a las mentes para purificarlas por el examen de conciencia y la penitencia e iluminarlas con un conocimiento más profundo de Cristo, el Salvador. Y esto se verifica tanto por los escrutinios como por las entregas:

            “Las entregas, por las cuales la Iglesia entrega o confía a los elegidos antiquísimos documentos de la fe y de la oración, a saber: el Símbolo y la Oración dominical, tienden a la iluminación de los elegidos. En el Símbolo, en que se recuerdan las grandezas y maravillas de Dios para la salvación de los hombres, se inundan de fe y de gozo los ojos de los elegidos; en la Oración dominical, en cambio, descubren más profundamente el nuevo espíritu de los hijos, gracias al cual llaman Padre a Dios, sobre todo durante la reunión eucarística” (RICA 25).


            En la entrega del Símbolo (en la III semana de Cuaresma) el celebrante se dirige primero a los elegidos:

           “Queridos hermanos, escuchad las palabras de la fe, por la cual recibiréis la justificación. Las palabras son pocas, pero contienen grandes misterios. Recibidlas y guardadlas con sencillez de corazón”.

            A continuación el celebrante comienza el Símbolo y prosigue él solo o bien juntamente con la comunidad de los fieles: Creo en Dios… (RICA 186).

            La Oración dominical en la V semana de Cuaresma, tras el tercer escrutinio. Se hace con la proclamación misma del Evangelio:

           “Ahora escuchad cómo el Señor enseñó a orar a sus discípulos: + Lectura del santo evangelio…” (RICA 191).

            En la propia Iniciación cristiana, habitualmente en la Vigilia pascual, hay dos entregas simbólicas que expresan lo que en su interior ha ocurrido sacramentalmente en el Bautismo, constituyéndose en nuevas criaturas: la vestidura blanca y el cirio encendido.

            “La vestidura blanca es símbolo de su nueva dignidad. El cirio encendido ilumina su vocación de caminar como conviene a los hijos de la luz” (RICA 33).

            La vestidura blanca se entrega con esta fórmula ritual:


N. y N., sois ya nueva criatura
y habéis sido revestidos de Cristo;
recibid, pues, la blanca vestidura,
que habéis de llevar limpia de mancha
ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo,
para alcanzar la vida eterna (RICA 225).

            Y la entrega del cirio encendido: “Después el celebrante toma, o al menos toca, con las manos el cirio pascual, diciendo:

Acercados, padrinos y madrinas, para que entreguéis la luz a los neófitos.

            Se acercan los padrinos y madrinas y encienden un cirio en el cirio pascual, y se lo entregan al neófito. Entonces el celebrante dice.

Habéis sido transformados en luz de Cristo.
Caminad siempre como hijos de la luz,
a fin de que, perseverando en la fe,
podáis salir con todos los santos
al encuentro del Señor (RICA 226).

            De forma similar y con palabras muy semejantes se realizan estas entregas en el Bautismo de párvulos.



Las entregas del sacramento del Orden

            Varias entregas se hacen en la ordenación del Obispo indicando así cuál es la naturaleza del episcopado y la misión episcopal en la Iglesia:

            “Por la entrega del mismo [Evangeliario] en manos del ordenado, se declara como función principal del Obispo la predicación fiel de la palabra de Dios; … por la entrega del anillo se expresa la fidelidad del Obispo a la Iglesia, esposa de Dios; por la imposición de la mitra, el deseo de alcanzar la santidad, y por la entrega del báculo pastoral, su función de regir la Iglesia que se le ha confiado…” (PR, n. 26).

            Las palabras de las distintas entregas son siempre significativas y revelan el sentido del gesto.

            Para la entrega del Evangeliario:

Recibe el Evangelio,
y proclama la palabra de Dios
con deseo de instruir y con toda paciencia (PR, n. 50).

            La entrega del anillo:

Recibe este anillo, signo de fidelidad,
y permanece fiel a la Iglesia, Esposa santa de Dios (PR, n. 51).

            La entrega de la mitra:

Recibe la mitra,
brille en ti el resplandor de la santidad,
para que, cuando aparezca el Príncipe de los pastores,
merezcas recibir la corona de gloria
que no se marchita (PR, n. 53).

            Y, por último, el báculo pastoral:

Recibe el báculo,
signo del ministerio pastoral,
y cuida de todo el rebaño
que el Espíritu Santo te ha encargado guardar,
como pastor de la Iglesia de Dios (PR, n. 54).


            La ordenación presbiteral tiene también su peculiar rito de entrega.

  
          La vida sacerdotal está íntimamente vinculada a la Eucaristía, celebrando el sacrificio del Señor. Por eso la única entrega es la oblación, la patena con el pan y el cáliz con vino y agua. “Por la entrega del pan y del vino en sus manos se indica el deber de presidir la celebración Eucarística y de seguir a Cristo crucificado” (PR, n. 113).

Recibe la ofrenda del pueblo santo
para presentarla a Dios.
Considera lo que realizas
e imita lo que conmemoras,
y conforma tu vida
con el misterio de la cruz del Señor (PR, n. 135).

            Finalmente la entrega en la ordenación de nuevos diáconos.

            Constituido como servidor, recibe el encargo de la proclamación del Evangelio, entregándosele el Evangeliario. “Por la entrega del libro de los Evangelios se indica la función diaconal de proclamar el Evangelio en las celebraciones litúrgicas y también de predicar la fe de palabra y de obra” (PR, n. 188).

            Esto se significa con la fórmula de entrega:

Recibe el Evangelio de Cristo
del cual has sido constituido mensajero;
convierte en fe viva lo que lees,
y lo que has hecho fe viva enséñalo,
y cumple aquello que has enseñado (PR, n. 210).


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