7.
La paciencia es una virtud que, con el auxilio constante de la Gracia, podremos ir
adquiriendo mediante actos repetidos de paciencia, comenzando por dominarnos,
controlar la ira, no hablar sin estar calmados, saber callar y humillarse en
pedir perdón cuando la impaciencia nos ha dominado.
Es un esfuerzo, un combate interior,
dificultoso y necesario, pero como Cristo y con Él se puede obtener fruto.
Para ir adquiriendo la paciencia recomienda el apóstol Santiago que tomemos por modelo de sufrimiento y de
paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor (5,10).
La paciencia es “fruto del Espíritu
Santo” (cf. Gal 5,22), habrá que rogarla insistentemente para que el Señor nos la regale
como precioso don.



