Herodes y los sabios, realmente no sabían nada. Podrían citar -Herodes no, evidentemente- versículos y más versículos de las Escrituras, hallar textos paralelos que iluminaran, saber y aplicar cualquir precepto de la Ley, por mínimo que fuera... pero sin embargo no veían. No. Más vale decir que no eran sabios, en todo caso, unos técnicos de saberes religiosos, algo así como una enciclopedia, wikipedia o el mismo Google.
Pero, ¿y ante los signos de Dios?
No ven. No ven, no disciernen, no perciben, que Dios está proporcionando los signos verificables de su actuación: reyes de Tarsis y de las islas, la multitud de dromedarios de Madián y de Efá, la profecía cumplida y la estrella como señal conductora de un camino de búsqueda.
Los signos de Dios se dieron y se dan; pero quien está ciego, no los quiere ver. Se refugian estos ciegos en sus saberes técnicos (lo "de siempre", lo "que siempre se ha hecho así") para escudarse y disculparse. Interpretan la profecía a los magos de Oriente, pero permanecen en palacio. Con ellos no va la cosa. A ellos no les interpela, ni les mueve, ni les seduce la búsqueda de Dios manifestándose.



