sábado, 24 de noviembre de 2012

Caridad intelectual también

El servicio a la Verdad, el apostolado de la inteligencia, el estudio que busca explorar, contemplar y profundizar es también un ejercicio de la caridad, en este caso, de lo que podría llamarse "caridad intelectual", que también es importante.


La Universidad es el ámbito de la razón que busca entender y adecuarse a la Verdad. Un pensamiento que es totalizante y no parcial o fragmentario: busca el todo, busca la Verdad. Y al buscarla, los jóvenes universitarios, los docentes, los investigadores, prestan un gran servicio y realizan una noble vocación. 

La fe impulsa a la razón a un ejercicio constante, lógico, serio; forja personas buscadoras de la Verdad y el estudio, tantas veces árido, es medio igualmente de santificación y de apostolado y de construcción. No, no es simplemente fotocopiar unos apuntes (¡de compañeros!) para salir del paso, estudiarlos y presentarse a una convocatoria. Es algo más: es la implicación personal en el área del conocimiento buscando sus conexiones con todo lo creado, con todas las áreas y parcelas del saber.

La Verdad debe ser ofrecida hoy por el pensamiento, el mundo de la cultura y de la Universidad. Esto también es un servicio, un ejercicio de la caridad, tanto más apremiante, cuanto que la Verdad se va aparcando por el relativismo, y el saber se va fragmentando tanto que nunca se ve la unidad de las cosas.

Queridos amigos de las universidades de Roma: el Verbo Encarnado os pide a vosotros, que recorréis el camino fascinante y comprometedor de la búsqueda y de la elaboración cultural, que compartáis con Él la paciencia para "construir".  Construir la existencia propia, construir la sociedad, no es una obra que puedan realizar mentes y corazones distraídos y superficiales. Se requiere una profunda acción educativa y un continuo discernimiento que deben involucrar a toda la comunidad académica, favoreciendo esa síntesis entre formación intelectual, disciplina moral y compromiso religioso que el beato John Henry Newman había propuesto en su "Idea de Universidad". En nuestros tiempos se siente la necesidad de una nueva clase de intelectuales capaces de interpretar las dinámicas sociales y culturales que no ofrezcan soluciones abstractas, sino concretas y realistas. La Universidad está llamada a desempeñar este papel insustituible y la Iglesia la sostiene con convicción de manera concreta.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Amor al prójimo (Exht. a un hijo espiritual - IV)

"Acerquémonos, pues a Él, y unámonos en nuestro apego a Él, para así amarnos a nosotros mismos y a nuestros prójimmos. Al que quiere a su prójimo, nos dice, se le llama "hijo de Dios", pero a quien, por el contrario, lo odia, le dan el nombre de "hijo del diablo". El que favorece a su hermano tiene su corazón sereno; pero al que lo odia lo cerca una grandísima tempestad. A un hombre bueno, aunque sufra injusticia, no le importa; pero el impío hasta los actos del prójimo los juzga como una ofensa.

Quien está lleno de caridad, pasea con el rostro muy tranquilo, pero un hombre lleno de odio anda enfurecido. Pero tú, hijo mío, aspira a la bondad en tu vida y ten siempre a tu prójimo como uno de los miembros de tu cuerpo. A todos los hombres considéralos tus hermanos.

Recuerda que sólo uno y el verdadero es el artífice que nos creó. No provoques escándalo a nadie en la vida y lo que para ti no es útil, pero sí lo es para él, hazlo. Lo que no quieras que te ocurra a ti, no desees tampoco que le pase a él. Si lo ves comportándose bien, felicítalo y considera siempre tuyo su regocijo; y si está padeciendo algomalo, compadécelo y tenpor tuya su tristeza: arroja toda maldad de tu alma y las llamas del odio no abrasarán tu corazón.

Contra el débil o el que está sometido a ti no te lances con ira, sino tenlo a él, entre todos, como uno de los miembros de tu propio cuerpo. No fijas querer a tu hermano ni lo beses mientras por detrás le tiendes una emboscada. Pues el hombre que es falso pronuncia con su boca palabras de paz, pero en secreto está planeando zancadillear a su prójimo. Por tanto, obrando así se provoca la ira de Dios. Pues la pureza, que es grata a los ojos de Dios, aborrece todo lo que se hace fingidamente"

(S. Basilio Magno, Exh. a un hijo espiritual, n. 4)

martes, 20 de noviembre de 2012

El profeta, el profetismo

¿Quién es profeta?

Una moda de cierto tiempo para acá califica de profeta y de profetismo la actitud contestataria hacia la Iglesia, el disenso aireado y publicitado por cierta prensa. Un profeta sería el que ataca a la Iglesia en nombre de un evangelismo puro y duro y un supuesto "espíritu conciliar", amoldado y configurado a sus deseos.

¡Pues va a ser que no, que eso no es profeta sino falso profeta!

Tampoco el profeta es el adivino del futuro...

Es otra realidad más honda, real y razonable y recordemos que todos por el bautismo y la confirmación hemos recibido ese espíritu profético, la participación en el ser sacerdote, profeta y rey de Cristo.

"El don del Espíritu da un impulso nuevo a esta personalidad [cristiana] que otorga a su vida una capacidad comunicativa fecunda, comunicativa de la novedad que Cristo ha traído al mundo. De modo que tanto el individuo como la comunidad se sienten en condiciones de pronunciarse ante el mundo.

En el lenguaje religioso la palabra profecía expresa de la manera más adecuada lo que encierra esta capacidad de manifestación.

En los Hechos de los Apóstoles se recoge el discurso de Pedro tras el acontecimiento de Pentecostés: "Es lo que dijo el profeta Joel: Sucederá en los últimos días, dice Dios; derramará mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán sus hijos y sus hijas" (Hch 2,16-17).

Profeta es quien anuncia el sentido del mundo y el valor de la vida; y de aquí brota el significado ordinario de la profecía como anticipo de la trayectoria futura de las cosas: la vida humana está hecha de condiciones objetivas que, si no se reconocen, ello comporta determinadas consecuencias. La fuerza de la profecía es la fuerza de un conocimiento de lo real que no proviene del hombre sino que viene de lo alto, tal como se describe vigorosamente en el Antiguo Testamento cuando se narra la vocación profética de Jeremías:

domingo, 18 de noviembre de 2012

"Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo"




Así de contundente se mostraba S. Jerónimo: “ignorar las Escrituras, es ignorar a Cristo”, mostrando cómo a Cristo se le encuentra en las Escrituras santas, en la Palabra de Dios, en primer lugar, proclamada en asamblea litúrgica, pero en segundo lugar, en la lectura y oración personal. El cristiano acude diariamente a las Escrituras, las lee, las medita, las guarda en su corazón y las pone por obra.

    La Palabra es Cristo Jesús; es la Palabra, el Verbo, el que se hizo carne y acampó en medio de nosotros (cf. Jn 1,14), encarnándose por obra del Espíritu, en el corazón y en el seno virginal de Santa María (cf. Lc 1,26-39). Del mismo modo hoy, a cada cristiano, le acontece lo mismo: la Palabra, por obra del Espíritu se encarna en su corazón engendrando a Cristo en el alma del cristiano para que “lo dé a luz al mundo”, para que con su vida testifique la Palabra, la ponga por obra. ¡Por eso es tan necesaria al cristiano la Palabra! No desoigamos la voz del Señor: “Escrutad las Escrituras” (Jn 5,39), esto es, investigadlas, leedlas, penetrad en ella, haced una lectura con el corazón. El cristiano descubre el valor de la Palabra, comienza a amarla, es la perla escondida y, para encontrarla, se dedica a excavar y remover la tierra, la tierra que estorba y oculta, como son el pecado, las distracciones, la falta de tiempo, quedarse en la letra y no en el Espíritu de las Escrituras. ¡Ellas dan la vida!

    El salmo 32 (33) canta la gloria y la potencia de esta Palabra que es creadora puesto que creó el universo, el orden, la belleza y la armonía y hoy sigue siendo creadora ante el creyente que humilde y silencioso oye la Palabra, y deja que en su interior, cree un orden nuevo, un corazón nuevo, renueve su mente, cambie sus sentimientos, sea una criatura nueva. 

¿Qué dice el salmo? “La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. La palabra del Señor hizo el cielo, el aliento de su boca, sus ejércitos...”. ¿No recuerda al prólogo de san Juan que dice que “por medio de la Palabra se hizo todo” (Jn 1,3)? ¡La Palabra es Jesucristo! Y al leer esta Palabra se oye la voz del mismo Cristo que habla a cada cristiano al corazón, le regala una Palabra de vida y salvación, porque esta Palabra es viva, eficaz, vuela desde el corazón de Dios a tu corazón, como canta otro salmo (147): “Él envía su mensaje a la tierra y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza”

Reza -o canta- estos dos salmos, y descubre la fuerza, la santidad de las Escrituras. Ellas van a ser tu alimento en toda ocasión, en todo suceso, en todo tiempo, rechazando los ataques y embestidas del Maligno: 
“para rechazar al demonio recurre siempre Jesucristo a la Sagrada Escritura. Esta misma táctica nos llevará a nosotros a la victoria. De modo que si el enemigo te tienta, pongo un ejemplo, contra la fe, acuérdate del testimonio del Padre Eterno que llama a Jesucristo su Hijo muy amado... si te provoca a desconfianza, repítele las palabras de Jesucristo nadie es bueno sino sólo Dios... si trata de desalentarte con el recuerdo de tus culpas, de tus pecados, contéstale con la palabra del Salvador no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores; si te inspira pensamientos de orgullo o de ambición el que se ensalzare será humillado; si te incita a la venganza Bienaventurados los mansos... Ármate en cualquier circunstancia de la palabra del Verbo, que es un escudo contra el que vendrán a estrellarse y dar en el vacío todas las flechas del enemigo” (Dom Columba Marmión).

    

viernes, 16 de noviembre de 2012

Salmo 36: No sufras por los malvados

El salmo 36 es un salmo sapiencial ¿Esto qué significa? Un salmo que ofrece una reflexión, una consideración, sobre la vida, o sobre cómo comportarse, reflexiones. Un salmo que es precioso, que normalmente cuando se lee, se ora, se canta, toca el alma porque coincide dramáticamente con la experiencia vital de cada uno de nosotros en uno u otro momento de la existencia.

 Sólo unos versículos de este largo salmo nos pueden ayudar a saber interpretarlo.

    “La boca del justo expone la sabiduría”. ¿Quién es el Justo? Jesucristo. Jesucristo es el único justo, dice S. Pablo, todos los demás somos impíos y pecadores, y Él es el único Justo, el único Juez, “sólo Tú eres santo, sólo Tú altísimo, Jesucristo”. “La boca del justo”, Cristo, “expone la sabiduría”. Él es la Palabra que desde el principio estaba junto a Dios, se encarnó, que habló y nos sigue hablando, y lo que hace es exponer, desglosar, dar a conocer el Misterio de Dios. “La boca del justo”, Cristo, “expone la sabiduría”, es Palabra que dirá S. Juan de la Cruz “Palabra que ha de ser oída en silencio porque en silencio ha sido pronunciada”. Oír la Palabra de Cristo en el silencio, recibirle a Él.

    Y todo el salmo se cumple en Cristo. Cristo confía en el Señor, confía en su Padre, “no se haga mi voluntad sino la tuya”, Padre, “hágase tu voluntad”“Confía en el Señor y haz el bien”: Cristo sanando, Cristo predicando, Cristo confortando, Cristo haciendo descansar a sus discípulos y llevándolos de excursión. Hace el bien. “Habita tu tierra y practica la lealtad”. Habitó en nuestra tierra al hacerse hombre, y practicó la lealtad, se mantuvo fiel a Dios y fiel a los hombres  a los que amó hasta el extremo de dar su vida.

    “Sea el Señor tu delicia y él te dará lo que pide tu corazón”. Fue el Padre su delicia: “Yo te alabo y te bendigo, Padre santo”. Es la plegaria constante del Corazón de Cristo descansando en el Padre. Y el Padre le dio lo que pedía su corazón: la vida, la resurrección. No lo abandonó a Cristo en la muerte, sino que lo resucitó.

    Por eso “encomienda tu camino al Señor”; en el camino de la pasión, Cristo encomienda su camino en el monte de los Olivos; poniendo su vida en las manos del Padre, encomendó el camino de la Pasión. “Confía en el Señor y él actuará”. Y dice la carta a los Hebreos que actuó al tercer día lo resucitó de entre los muertos a aquel “que a gritos y con lágrimas” pidió no ser abandonado a la muerte.