sábado, 10 de septiembre de 2022

La Gloria del Señor en Ez 43 (II)



La gloria de Yahvé entró en la Casa por el pórtico que mira a oriente. El espíritu me levantó y me introdujo en el atrio interior, y he aquí que la gloria de Yahvé llenaba la Casa (43, 4-5).

De nuevo aparece el concepto de oriente: es la misma puerta por la que la gloria del Señor salió en dirección a los desterrados y por la misma puerta vuelve a entrar. Es un auténtico retorno del Señor, un nuevo período de gracia y salvación. 



El templo es denominado Casa[1], nombre usado en las Escrituras para explicitar la propiedad personal del Señor, donde sólo Él habita y todo queda santificado por su presencia, como veremos más adelante en este pasaje.

Interesante la mención que hace Ezequiel del espíritu. Es el espíritu el que lo levanta y el que lo introduce en el atrio interior, porque todo auténtico profeta debe estar movido por el espíritu de Dios y no por sí mismo o sus intereses personales. Breve esbozo de pneumatología: es el Espíritu el que impulsa, el que permite ver a Dios, el que sitúa al hombre frente al Señor.

jueves, 8 de septiembre de 2022

La voz del silencio: su amplitud (Silencio - VIII)



La palabra de Pablo VI, en un discurso hermoso, bien construido, elegante, resume todos los aspectos del silencio:

            “Somos muy poco dueños de nuestras acciones, y cuanto más atareados estamos en las ocupaciones ordinarias, tanto más nos vemos obligados a vivir fuera de nosotros mismos, dominados por la presión de los deberes que hemos introducido en nuestro interior y que nos fuerzan a vivir de un modo impersonal, nada libre y a veces nada bueno…


            Muchas veces, esta necesidad de concentración se patentiza precisamente en los momentos mejores del contacto del ánimo con la revelación que el cuadro de la naturaleza hace de sí mismo, obligando al espectador a acoger el impulso de superar la visión del propio panorama y a ascender, por las vías del pensamiento –que se hace contemplativo y casi estático-, hasta la advertencia del misterio reflejado en las cosas y que parece palpitar en ellas. (Recordemos la visión de San Agustín, la cual, en cierto modo, le es concedida a todo espíritu capaz de contemplar).

            Este acto de concentración, para quien posee la suerte de tener fe, lleva fácilmente a la oración interior, a escuchar una voz, no del todo desconocida para cada uno de nosotros los cristianos, aunque casi siempre reprimida y ofuscada; no es una voz imperante, sino una voz que llama: “Ven y sígueme”. Es decir, se trata del pronunciamiento de una exigencia, que puede tener diferentes grados y, más todavía, diversos modos de ser seguida; pero, de todas formas, es una voz que parece trazar, en el tiempo de nuestra vida, un camino recto y audaz: el de una auténtica vida cristiana” (Pablo VI, Aud. General, 12-julio-1978).

martes, 6 de septiembre de 2022

El rito de la paz en la Misa (I)

Es característica esencial y propia del rito romano que la paz se intercambia después del Padrenuestro y -antes de la Fracción del Pan, según lo determinó en el siglo VI san Gregorio Magno: no es ningún modernismo litúrgico...


Desde entonces hasta hoy es uno de los rasgos propios del rito romano -como lo es también, por ejemplo, arrodillarse en la consagración y que las especies se muestren para la adoración después de la consagración-.

El Sínodo sobre la Eucaristía, en el pontificado de Benedicto XVI, sugirió desplazar el rito de la paz romano para anteponerlo al Ofertorio, en vistas, sobre todo, a no perturbar el ritmo de recogimiento antes de la comunión, dados los múltiples abusos de este rito que se ha visto desbordado por efusividad y movimientos.

Benedicto XVI recogió esta sugerencia en la exhortación Sacramentum Caritatis:

"La Eucaristía es por su naturaleza sacramento de paz. Esta dimensión del Misterio eucarístico se expresa en la celebración litúrgica de manera específica con el rito de la paz. Se trata indudablemente de un signo de gran valor (cf. Jn 14,27). En nuestro tiempo, tan lleno de conflictos, este gesto adquiere, también desde el punto de vista de la sensibilidad común, un relieve especial, ya que la Iglesia siente cada vez más como tarea propia pedir a Dios el don de la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana. La paz es ciertamente un anhelo indeleble en el corazón de cada uno. La Iglesia se hace portavoz de la petición de paz y reconciliación que surge del alma de toda persona de buena voluntad, dirigiéndola a Aquel que « es nuestra paz » (Ef 2,14), y que puede pacificar a los pueblos y personas aun cuando fracasen las iniciativas humanas. Por ello se comprende la intensidad con que se vive frecuentemente el rito de la paz en la celebración litúrgica. A este propósito, sin embargo, durante el Sínodo de los Obispos se ha visto la conveniencia de moderar este gesto, que puede adquirir expresiones exageradas, provocando cierta confusión en la asamblea precisamente antes de la Comunión. Sería bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebración, limitando por ejemplo el intercambio de la paz a los más cercanos" (n. 49).

domingo, 4 de septiembre de 2022

Teología sobre "Cristo médico"

Son numerosísimas las ocasiones en que la patrística emplea las categorías "Médico" y "medicina" aplicadas al Señor, sintetizando de esta manera su Persona y su misión. Esto es consecuencia de una lectura y comprensión renovada de la vida terrena del Señor, de sus palabras y de su acción curativa con tantos enfermos como aparecen sanados en el Evangelio.


Más allá de una curación o sanación corporal, se señala al orden mismo de la redención y de la re-creación, de la nueva criatura que experimenta la Vida del Señor, no sometida al llanto, al luto ni al dolor, sino a la hermosura, salud y santidad primeras.

"Él es un médico egregio, el verdadero protomédico. Médico fue Moisés, médico fue Isaías, médicos todos los santos, mas éste es el protomédico. Sabe tocar sabiamente las venas y escrutar los secretos de las enfermedades" (S. Jerónimo, Com. Ev. San Marcos, II).

viernes, 2 de septiembre de 2022

Padrenuestro - IV (Respuestas - XL)



7. La oración predilecta y más amada, entregada por Cristo, es el Padrenuestro. Es el “compendio de todo el evangelio” (Tertuliano, De orat., 6). Toda oración para ser cristiana deberá concordar con el Padrenuestro porque sólo así se orará en el Espíritu, como conviene:



“Porque todas las demás palabras que podamos decir, bien sea antes de la oración, para excitar nuestro amor y para adquirir conciencia clara de lo que vamos a pedir, bien sea en la misma oración, para acrecentar su intensidad, no dicen otra cosa que lo que ya se contiene en la oración dominical, si hacemos la oración de modo conveniente. Y quien en la oración dice algo que no puede referirse a esta oración evangélica, si no ora ilícitamente, por lo menos hay que decir que ora de una manera carnal. Aunque no sé hasta qué punto puede llamarse lícita una tal oración, pues a los renacidos en el Espíritu solamente les conviene orar con una oración espiritual” (S. Agustín, Ep. a Proba, 130,12,22).

Con la oración dominical, confesamos admirados que Dios, por el bautismo, nos ha hecho hijos suyos, dándonos el espíritu de adopción y pudiendo llamar a Dios Padre y compartir la heredad del Hijo único y amado: