La gloria de Yahvé entró
en la Casa por
el pórtico que mira a oriente. El espíritu me levantó y me introdujo en el
atrio interior, y he aquí que la gloria de Yahvé llenaba la Casa (43, 4-5).
De nuevo aparece el concepto de oriente: es la misma puerta
por la que la gloria del Señor salió en dirección a los desterrados y por la
misma puerta vuelve a entrar. Es un auténtico retorno del Señor, un nuevo
período de gracia y salvación.
El templo es denominado Casa[1], nombre usado en las
Escrituras para explicitar la propiedad personal del Señor, donde sólo Él
habita y todo queda santificado por su presencia, como veremos más adelante en
este pasaje.
Interesante la mención que hace Ezequiel del espíritu. Es el
espíritu el que lo levanta y el que lo introduce en el atrio interior, porque
todo auténtico profeta debe estar movido por el espíritu de Dios y no por sí
mismo o sus intereses personales. Breve esbozo de pneumatología: es el Espíritu
el que impulsa, el que permite ver a Dios, el que sitúa al hombre frente al
Señor.


