domingo, 11 de marzo de 2018

La gloria, la cruz y el amor

Los evangelios de Cuaresma en el ciclo B están todos referidos a la Gloria de Jesús que se va a manifestar, se va a desplegar, en su Hora, la de la Cruz, cuando Él se levantado sobre todo y atraiga a todos hacia Sí.


Es una obra de amor y es el amor el contenido de la Cruz. Todo el Triduo pascual -Viernes Santo, Sábado Santo, Domingo de Pascua- es el despliegue ya incontenido e incontenible del amor de Dios y por eso acudimos a las iglesias esos tres días santísimos para vivir ese amor y responder a ese amor.

"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único... para que el mundo se salve por él".

jueves, 8 de marzo de 2018

Miserere - Misericordia, Dios mío, por tu bondad



            Cada viernes se canta el Miserere. 

           
            ¿Qué le decimos a Dios en el Miserere?
             
             ¿Qué es, en definitiva, el Miserere que cada viernes la Liturgia canta y en muchos lugares se entona delante de alguna imagen del Señor con la cruz o Crucificado?



            Es un salmo, el salmo 50 del libro de los Salmos, y que entra dentro del grupo de los siete salmos penitenciales, aquellos salmos en que reconociéndonos pecadores, con pecados concretos nos acercamos en la oración a Dios implorando su perdón y misericordia. Es el hombre pecador que se acerca a Dios, su Padre compasivo y misericordioso, cual hijo pródigo. En efecto; la verdad es que, juntamente con la parábola del hijo pródigo, es la más grandiosa meditación que se haya escrito sobre el pecado y la misericordia de Dios. Y si hiciéramos un estudio comparativo, hallaríamos versículos muy parecidos en los dos textos. Jesús y sus oyentes tendrían como melodía de fondo el Miserere al exponer a los fariseos arrogantes la parábola del hijo pródigo.

            Este salmo lo escribió el rey David, en el s. IX a.C., confesando su pecado, el adulterio cometido con Betsabé y el asesinato de Urías, el esposo deshonrado, cuando el profeta Natán le hizo caer en la cuenta de la abominación en la que había incurrido; y siglos después se le añadieron otros versículos, la última parte del salmo, cuando el pueblo de Israel vuelve a su tierra tras el exilio de Babilonia y todo lo encuentra derruido y asolado: “Benigne fac, Domine, in bona voluntate tua Sion, ut aedificentur muri Jerusalem”, “Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén” (Sal 50,20).

            ¿De qué habla el Miserere?

            El salmo 50 repite en sus estrofas iniciales la realidad del pecado, su maldad, su perversidad que está patente a los ojos de Dios y que provoca arrepentimiento y dolor en el alma del pecador. El pecado es un mal esencial, es la muerte del alma que se aleja de Dios, es una infidelidad a Dios de quien uno se aparta para ir por senderos torcidos y tortuosos. Entonces se apela al corazón de Dios: “Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam; et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam”, “misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión obra mi culpa”.

martes, 6 de marzo de 2018

La vida eucarística - II





Es mi Cuerpo,
            quebrantado y roto,
            entregado por amor,
            sacrificado hasta el extremo.


Es mi cuerpo,
            comedlo, saciaos de él: ¡tenéis la vida con vosotros!

Esto es mi Cuerpo.

Nos dejaste a Ti mismo, te diste a Ti mismo, Señor Jesucristo.
            Entregaste tu Cuerpo a la Iglesia, hecho Eucaristía,
            oblación,
            sacramento,
            hecho alimento, Presencia entregada.

Dejaste este gran Don a tu Iglesia,
            para que se nutra de Ti,
            y se edifique y crezca cimentada en la Eucaristía.
            Tu Iglesia, desde entonces, celebra y vive la Eucaristía como el gran Sacramento, el gran regalo, el gran Don.


domingo, 4 de marzo de 2018

La Pascua redime (textos de Melitón de Sardes)

La grandeza de la Pascua que anualmente conmemoramos, y a la que nos disponemos en Cuaresma con ayuno (mucho ayuno), oraciones, mortificaciones y limosna, es que nos redime y nos re-crea.

La situación del hombre es una situación dramática; no es bueno el hombre; en su situación ahora vive el desgarro interior producido por el pecado de los orígenes, una humanidad debilitada y desordenada por el pecado original que le ha provocado la concupiscencia. Ésta lo arrastra al mal aunque no lo quiera, y cuando quiere hacer el bien lo deja pasar.

A esta humanidad caída, que por sí sola es incapaz de salvarse ni de restaurarse, ni de hacerse buena, responde la Pascua del Señor Jesucristo, que por su pasión, cruz, y resurrección, redime y recrea, hace una humanidad nueva. Por eso es tan importante para nosotros prepararnos a la Pascua, iniciada en la santísima Vigilia pascual, y captar la obra de Cristo que festejaremos durante cincuenta días.

Es la Tradición de los Padres la que nos permite el acceso a estas riquezas y por eso hemos de empaparnos de la Tradición.

Melitón de Sardes, en el siglo II, un autor del Asia Menor, subraya el contenido salvífico de la Pascua. La herencia del pecado es la muerte y la debilidad de la humanidad, con un destino sombrío y dramático.

Dejó Adán a sus hijos esta herencia:
No la pureza, sino la lujuria;
No la incorruptibilidad, sino la corrupción;
No el honor, sino la deshonra;
No la libertad, sino la esclavitud;
No la realeza, sino la tiranía;
No la vida, sino la muerte;
No la salvación, sino la perdición (Melitón de Sardes, Peri Pascha 49).

Si ésta es la herencia, podemos entender entonces el caos que el pecado ha producido tanto en el cosmos, el mundo y la naturaleza, como en el mismo hombre:

Inaudita y terrible vino a ser efectivamente la perdición de los hombres sobre la tierra. Pues he aquí lo que les ocurrió: eran arrastrados por el despotismo del pecado y empujados al mundo de las pasiones donde quedaban inundados por los placeres insaciables:

jueves, 1 de marzo de 2018

El bien de la paciencia (San Cipriano, II)

¿Cómo argumenta san Cipriano?

Nos sitúa ante la paciencia de Dios.


Dios es paciente con malos y buenos. Más: Dios espera pacientemente la conversión del pecador, no quiere su muerte sino que viva y aguarda al hijo que se ha ido de la casa a que regrese.

Esta virtud moral, la paciencia, la vemos de manera excelsa en Dios mismo.



"4. Cuál y cuánta es la paciencia de Dios se ve en que aguanta con toda calma la afrenta que hacen a su soberanía y dignidad los hombres, levantando templos idolátricos, fabricando estatuas, practicando sacrificios sacrílegos; se ve en que hace nacer el día y el sol lo mismo sobre buenos que sobre malos y riega la tierra con lluvias, sin quedar nadie excluido de sus beneficios, porque no discrimina entre justos y malvados.