jueves, 13 de marzo de 2014

Medicinas para la conversión y antídotos

"-¿Cómo es posible, pues, que nos salvemos?, me preguntas.


-Aplicando las medicinas contrarias a cada pecado:

la limosna, la oración, la compunción, la penitencia, la humildad, la contrición de corazón, el desprecio de las cosas presentes.

Como nos decidamos a prestarle atención, Dios nos ha abierto infinitos caminos de salvación.

Atendámosle, pues, y tratemos por todos los medios de curar nuestras heridas:

haciendo limosna, perdonando a los que nos han ofendido, dando gracias a Dios por todas las cosas, ayunando conforme a nuestras fuerzas, orando fervorosamene, procurándonos amigos de la riqueza de iniquidad"

(S. Juan Crisóstomo, In Matt., hom. 41,1).


Hay un bendito hospital que es la Iglesia; una Casa que es Casa de Salvación, donde habita el Médico espiritual que a nadie rechaza y a todos cura: en la Iglesia, Cristo nos da las medicinas para cada pecado y los antídotos para no caer en otras enfermedades.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Orando en conversión (Preces de Laudes de Cuaresma - II)



2. Respuestas a las preces


            Las respuestas a las peticiones van en consonancia con lo visto, sintetizando los aspectos principales del tiempo cuaresmal.


            La súplica y el deseo de renovación llevan a esperar la promesa de la profecía de Ezequiel (36,1ss): “un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo”. Por eso se ruega: “Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo” (Dom I), “Renuévanos, Señor, por tu Espíritu Santo” (Miérc I), “Renuévanos con tu gracia, Señor” (Sab I) “Ayúdanos, Señor, con tu gracia” (Sab II).

            El santo tiempo cuaresmal es humilde y reiterada súplica de renovación y de gracia, en definitiva, súplica implorando el Santo Espíritu: “Danos, Señor, tu Espíritu Santo” (Mierc II).

            La imagen de la Cuaresma como una peregrinación, un éxodo a través del desierto, está muy presente, orientándonos: “Guíanos por tus senderos, Señor” (Lun I), y así su Palabra va marcando la vida eclesial y la existencia de cada cristiano: “Que tu palabra, Señor, sea luz para nuestros pasos” (Juev I), “Ilumínanos, Señor, con tu palabra” (Lun II). Recordando el deseo de la carta a los Colosenses (3,15), suplicamos: “Que la palabra de Cristo habite en nosotros con toda su riqueza” (Mart II).


martes, 11 de marzo de 2014

Creo en Dios (I)

El primer artículo del Credo es la profesión de fe en Dios, que es Padre todopoderoso. Una amplia catequesis nos permitirá reconocer la naturaleza de Dios, su acción creadora y salvadora. Se verá su poder así como el sentido mismo de la creación, salida buena de la mano de Dios.


Esta catequesis, además, resituará la creación y lo creado en su justa perspectiva, ante el abuso de un falso ecologismo que endiosa la naturaleza en lugar de respetarla y cultivarla, cuidando igualmente del hombre (y de la vida humana incipiente).

Ésta es hoy nuestra catequesis cuaresmal.

lunes, 10 de marzo de 2014

Los días de perdón y salvación (Preces de Laudes de Cuaresma - I)



1. Encabezamientos


            Los días de Cuaresma son días santos, especialmente proclives a la acción purificadora de Dios en nosotros: “nos concede estos días de perdón” (Dom I) y son días de esperanza en el Señor, por lo que brota la alabanza a Dios viviendo plenamente el ejercicio de la santa Cuaresma: “nos concede ofrecerle el sacrificio de alabanza cuaresmal” (Lun II).


           Jesús mismo ha abierto el camino de la salvación, Él ha inaugurado la práctica cuaresmal, el tiempo de desierto y la renovación para el bautismo. Se muestra Salvador: “Bendigamos a Jesús, nuestro Salvador, que por su muerte nos ha abierto el camino de la salvación” (Lun I). Su muerte es contemplada en el tiempo cuaresmal como puerta abierta a la esperanza: la salvación del pecado es posible; el mundo, roto y desfigurado por el pecado, se va a renovar por la Pascua del Señor: “Bendigamos al Autor de nuestra salvación, que ha querido renovar en sí mismo todas las cosas” (Mierc I) y “al morir en al cruz nos dio la vida” (Viern I), “Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección” (Viern II).

            Ahora la acción de Dios es ya purificadora, renovadora, santificadora: “por la acción de su Espíritu purifica nuestros corazones y los llena de su amor” (Mierc II).

domingo, 9 de marzo de 2014

El prefacio dominical I de la Cuaresma

La Cuaresma puede ser una buena ocasión para profundizar y orar sobre algunos textos propios de este tiempo litúrgico. Para ello, dos buenos amigos nos damos la mano (Corazón Eucarístico de Jesús y El Ciento por Uno) para elaborar una serie de entradas de tipo teológico-espritual y litúrgico-musical para aquellas personas que quieran orar con los textos de los prefacios de los domingos de Cuaresma del Ciclo A.

El prefacio del Domingo I de Cuaresma lleva por título "Las tentaciones de Jesús" y guarda estrecha relación con el evangelio proclamado en este domingo (Mateo 4, 1-11).

[Cristo] El cual,
al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento,
inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal,
y al rechazar las tentaciones del enemigo
nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;
de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,
podremos pasar un día a la Pascua que no acaba.


“El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal”. Siguiendo el modelo de combate que contemplamos en Cristo, la Iglesia durante la Cuaresma practica la penitencia que fortalece el alma. Es un largo camino recorrido con Cristo y como Cristo.

“Y al rechazar las tentaciones del enemigo nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado”. El pecado tiene una fuerza atroz cuando se despliega, comenzando por simples insinuaciones (tentaciones). Mirando a Cristo no sólo rechazamos las tentaciones con su gracia, sino que aprendemos a amansar la fuerza del mal en nuestro corazón.

“De este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua”. Vivir con sinceridad implica la entrega al misterio de esta Pascua, morir con Cristo para vivir con Él, ya resucitados. Plantearse la inmersión de todo el corazón en el misterio pascual de Cristo es aprovechar el tiempo de salvación que Él nos da.

“Celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba”. Al vivir de verdad esta Pascua, en este año, muriendo y resucitando, matando algo más a nuestro hombre viejo para que crezca en nosotros el hombre nuevo, esperamos y deseamos vivir la Pascua que no se acaba, la Pascua eterna, el cielo, la glorificación de nuestra carne.

Como recurso para los sacerdotes que lo deseen compartimos también el audio de este prefacio según la versión musicalizada del Misal Romano.