jueves, 6 de diciembre de 2012

La Iglesia debe ser fiel a sí misma (fe)

La fe va emparentada con la fidelidad, y vienen de la misma raíz: en latín fides-fidelitas. La Iglesia es el ámbito de la fe, vive de la fe, anuncia la fe, confirma la fe... y por tanto, la vida misma de la Iglesia es de una radical fidelidad a Cristo, a la misión que el Señor le encomendó y al hombre al que debe servir.


Pero la Iglesia dejaría de ser fiel si en lugar de esa triple fidelidad, si en vez de vivir de la fe, tomara acríticamente lo que le viene del mundo como una sugerencia fatal: adaptarse al mundo, admitir lo que el mundo ofrece y modernizarse en el sentido de asumir los planteamientos e ideologías imperantes en cada época.

Sólo la fe, por tanto y hablando siempre de la fe sobrenatural, la fe que se adhiere a lo revelado y dispuesto por el Señor puede ser la guía eficaz y perenne de la Iglesia. La fidelidad de la Iglesia se muestra en la custodia y transmisión de lo recibido, de lo revelado, y entonces sí será fiel a sí misma. El mundo nunca se puede constituir como la medida y el criterio ni de la verdad ni de la vida y misión de la Iglesia.

No cambiemos la fe por un pensamiento cultural moderno. No cambiemos la fe por la ideología. No cambiemos la fe por los principios seculares que buscan "modernizar" la Iglesia vaciándola de sí misma para llenarse de elementos extraños a ella.

Sólo si permanece fiel a sí misma podrá la Iglesia salir al encuentro del mundo moderno (o postmoderno), no para confudirse con él y mundanizarse, sino para sanearlo, purificarlo, elevarlo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La piedad popular en Adviento

El Adviento es un tiempo especialmente gozoso, con esa alegría incontenida de quien está esperando a Alguien sumamente amado, sumamante deseado.  





Muchas tradiciones populares han nacido al hilo de Adviento preparando la inmediata Navidad, tradiciones que habría que situar a partir de las ferias mayores (17-24 de diciembre) reservando las III primeras semanas de adviento a la Venida última y Gloria de Cristo.

Pensemos que:


"El Adviento es tiempo de espera, de conversión, de esperanza:

-espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal;
-espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal;
-conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo mediante la voz de los profetas y, sobre todo, de Juan Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 3,2);
-esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cf. Rm 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y “nosotros seremos semejantes a Él porque lo veremos tal cual es” (1Jn 3,2)" (Directorio Liturgia y piedad popular, n. 96).

martes, 4 de diciembre de 2012

El leccionario de Adviento

Un tiempo litúrgico ofrece una espiritualidad, y marca sus constantes vitales y teológicas mediante dos formas:

1) fundamental, las lecturas bíblicas escogidas

2) el cuerpo de oraciones y prefacios.

En el tiempo de Adviento el leccionario es muy rico y variado, con una selección de lecturas que enriquece la comprensión del Misterio de Cristo y nos dispone a acoger al Señor.

La Ordenación del Leccionario de la Misa describe los criterios de selección de las lecturas:

a) Para los domingos:
"Las lecturas del Evangelio tienen una característica propia: se refieren a la venida del Señor al final de los tiempos (I domingo), a Juan Bautista (segundo y tercer domingos), a los acontecimientos que prepararon de cerca el nacimiento del Señor (IV domingo).

Las lecturas del Antiguo Testamento son profecías sobre el Mesías y el tiempo mesiánico, tomadas principalmente del libro de Isaías.

Las lecturas del Apóstol contienen exhortaciones y amonestaciones conformes a las diversas características de este tiempo" (OLM, 93).

lunes, 3 de diciembre de 2012

El peso fuerte lo tiene la 1ª lectura (Leccionario Adviento)

Casi todos los años he hecho la misma homilía este día.

¿Acaso porque me repito mucho? ¡Tal vez! Pero creo que a veces el leccionario que tenemos por delante lo leemos, lo rezamos, lo interpretamos, lo predicamos como si fuera la suma de un texto tras otro, sin conexión, o sin un principio hermenéutico (de la liturgia).


Si lo hacemos así, el leccionario ferial de Adviento se nos va a caer de las manos, porque cada día el evangelio es distinto, no hay continuidad, y tomado en sí mismo, no veremos de ninguna manera su conexión con el tiempo de Adviento... porque a veces el evangelio se ha escogido expresamente por un versículo que no es el central ni el más relevante.

Para predicar hay que centrarse en la primera lectura, la de Isaías. Es lectura semicontinua de todo el profeta, que habla de los tiempos mesiánicos, del Reino, de la consolación. Y para ver cómo cada perícopa de Isaías se cumple se busca un evangelio ad hoc.

Dos ejemplos únicamente:

sábado, 1 de diciembre de 2012

Vino, viene y vendrá con gloria

Esta tarde, con las I Vísperas, abrimos el precioso y sereno tiempo de Adviento, con una liturgia bellísima, que nos permitirá, si sabemos vivirla, salir al encuentro del Señor, cuando Él vuelva con las lámparas encendidas.

No es tiempo de propósitos ascéticos ni de compromisos; diría más bien que es tiempo de personas que saben amar, y porque aman a Cristo, desean que venga, aumentando su esperanza y su deseo.

Ya el rito hispano-mozárabe vive en Adviento, pues este tiempo dura VI semanas, como parece ser fue su origen primitivo. Roma lo redujo a IV domingos. Pero los textos hispanos para la liturgia, más poéticos o más desarrollados en su forma, nos pueden ayudar a vivir este tiempo que empezamos.

Leamos y recemos unaa oratio admonitionis, la exhortación sacerdotal antes de los dípticos, que el sacerdote dirige al pueblo en nuestro Rito hispano-mozárabe. Las ofrendas han sido llevadas procesionalmente al altar (entre cirios e incienso), se han colocado en el altar, se han cubierto con un velo y se han incensado. Vuelve el sacerdote al chorus (sede, fuera del presbiterio) y comienza un rito peculiar, que son los Dípticos, una intercesión de los fieles con oraciones del sacerdote que culmina con el beso de paz, antes de pasar a la Plegaria eucarística.

En este caso, y es la excepción, la Oratio, el discurso del sacerdote, en lugar de dirigirse a los fieles, se dirige al mismo Jesucristo y resume todos los contenidos teológicos y espirituales del Adviento: