domingo, 6 de junio de 2010

"Sed de tu amor, Señor" (Plegaria)


Tu ejemplo, Amado mío,
a abajarme me invita y a despreciar honores.
Para encontrarte, quiero permanecer pequeña.

Olvidándome a mí tu dulce corazón cautivaré.
No ambiciono otra cosa
que en soledad vivir, donde encuentro mi paz y mi alegría.
En complacerte es sólo mi ejercicio

y mi felicidad... eres tú, mi Jesús.


Tú, el Dios inmenso,
a quien rendido adora
el infinito cielo,
vives dentro de mí,

hecho mi prisionero noche y día.


Tu dulce voz me implora

y a cada instante me repite quedo:

“¡Yo tengo sed! ¡Yo tengo sed de amor!”

Yo también soy, Jesús, tu prisionera,
y a mi vez quiero repetirte siempre

tu emocionada imploración divina:

“Amado mío, hermano, ¡yo tengo sed de amor!”

Yo tengo sed de amor, colma mis esperanzas

y aumenta en mí, Señor, tu llama viva.

Yo tengo sed de amor,
mi sufrimiento es grande,
a ti volar quisiera... ¡a ti, Dios mío!

Tu amor es mi martirio, mi único martirio.

Cuanto más él se enciende en mis entrañas,

tanto más mis entrañas te desean...

¡¡¡Jesús, haz que yo muera
de amor por ti...!!!
(Sta. Teresa del Niño Jesús, Poesía nº 31,
Cántico de Sor María de la Trinidad y de la Santa Faz).

viernes, 4 de junio de 2010

Cuidar la dignidad de la liturgia

Cuanto más leo a Pablo VI, más me admiro de su persona (mártir) y más profunda su doctrina. Es un Papa que será admirado en su gran talla cuando haya más perspectiva histórica y se calmen las aguas agitadas.

Veo un párrafo de un discurso de 1977 y me asombran sus palabras, certeras y medidas. ¡Hay que cuidar la liturgia! Y eso mismo nos debe servir hoy de pauta a nosotros: a Obispos y sacerdotes, pero también a los diferentes ministros de la liturgia, al coro parroquial, a catequistas que introducen en el Misterio...

"La liturgia católica ha de continuar siendo teocéntrica. Esta es su naturaleza propia. Es el espíritu de la renovación llevada a cabo por el Concilio.

Permitid que nos detengamos unos instantes a hablar de la celebración de la Eucaristía..

Esta es algo más que un encuentro fraternal y un compartir la vida. San Pablo no se asustaba de recordarlo a los cristianos de Corinto (1Cor 11,22). La Eucaristía es, esencialmente, la reiteración del sacrificio redentor de Cristo. 

Es una realidad de la cual ningún ministro, ningún laico es propietario.

Es un misterio sagrado que requiere una atmósfera de gravedad y de dignidad, y no soporta la mediocridad o el descuido del lugar, de los ornamentos, de los objetos de culto.

Sencillez, ¡sí! Desenfado ¡nunca!"

(Discurso a los obispos de la región suroeste de Francia presentes en Roma para la visita ad limina, 18-abril-1977).

jueves, 3 de junio de 2010

Año sacerdotal. El camino humilde del sacerdote


El camino sacerdotal no es otro sino el de Cristo: beber apurando el cáliz, compartir con Cristo la tarea redentora, no buscando medrar humanamente, sino vivir como Cristo, ser como Cristo.

Benedicto XVI, con la claridad expositiva y la hondura espiritual que le caracterizan, en diversas homilías ha abordado temas sacerdotales que no deben pasar inadvertidos, sino convertirse en un punto de interiorización para todos.

"Esta palabra "sube" (anabainei) evoca la imagen de alguien que trepa al recinto para llegar, saltando, a donde legítimamente no podría llegar. "Subir": se puede ver aquí la imagen del arribismo, del intento de llegar "muy alto", de conseguir un puesto mediante la Iglesia: servirse, no servir. Es la imagen del hombre que, a través del sacerdocio, quiere llegar a ser importante, convertirse en un personaje; la imagen del que busca su propia exaltación y no el servicio humilde de Jesucristo. Pero el único camino para subir legítimamente hacia el ministerio de pastor es la cruz. Esta es la verdadera subida, esta es la verdadera puerta. No desear llegar a ser alguien, sino, por el contrario, ser para los demás, para Cristo, y así, mediante él y con él, ser para los hombres que él busca, que él quiere conducir por el camino de la vida. Se entra en el sacerdocio a través del sacramento; y esto significa precisamente: a través de la entrega a Cristo, para que él disponga de mí; para que yo lo sirva y siga su llamada, aunque no coincida con mis deseos de autorrealización y estima. Entrar por la puerta, que es Cristo, quiere decir conocerlo y amarlo cada vez más, para que nuestra voluntad se una a la suya y nuestro actuar llegue a ser uno con su actuar" (Benedicto XVI, Homilía en las ordenaciones sacerdotales, 7-mayo-2006).

El sacerdote no busca subir, escalar, el “arribismo”: sino vivir como Cristo Buen Pastor dando la vida. No es un salteador que tenga que escalar una tapia, sino que se agacha empequeñeciéndose para entrar por la puerta estrecha que es Cristo.

"Tú has querido, Señor,
que tus sacerdotes sean ministros del altar y del pueblo;
te rogamos que... su ministerio te sea siempre grato
y dé frutos permanentes en tu Iglesia"
(Cf. O Ofrendas, Rito Ordenación de Presbíteros).

miércoles, 2 de junio de 2010

Orar los salmos, saber interpretarlos, sentirlos eclesialmente

"106. Quien recita los salmos abre su corazón a los sentimientos que éstos inspiran según el género literario de cada uno, ya sea de lamentación, confianza, acción de gracias u otros que acertadamente señalan los exegetas.


107. Adhiriéndose al sentido literal, el que recita los salmos fija su atención en la importancia del texto para la vida del creyente. En efecto, consta que cada uno de los salmos fue compuesto en circunstancias peculiares, como nos lo indican los títulos que los preceden en el salterio hebreo. Pero sea lo que fuere de su origen histórico, cada salmo tiene un sentido literal que incluso en nuestros tiempos no podemos desatender. Pues aunque tales cánticos traigan su origen de los pueblos orientales de hace bastantes siglos, expresan, sin embargo, de un modo adecuado el dolor y la esperanza, la miseria y la confianza de los hombres de todas las edades y regiones, cantando sobre todo la fe Dios, la revelación y la redención.
 

martes, 1 de junio de 2010

Sentirse solo en la Iglesia

La clave de la felicidad es Jesucristo y el encuentro con Él, Jesucristo el Amado; la felicidad no es un algo, sino Alguien, Jesucristo. Y en Él, un gran amor a la Iglesia. Nunca estamos solos estando en ella. Somos una Comunión, un Cuerpo. El cristiano nunca está solo: “Quien cree, nunca está solo” (Benedicto XVI, Homilía inauguración del ministerio petrino, 24-abril-2005).

Y en la Iglesia, Madre, Maestra, recibimos a Cristo y toda gracia. ¿No os parece maravilloso? Porque eso es lo que da consistencia a la frágil vida de cada uno de nosotros.

La sensación aparente a la vez que amarga de soledad viene cuando, intentando ser fiel a la Iglesia, las corrientes van en contra y todo se halla agitado. ¿He sido defraudado? ¿La Iglesia me ha abandonado? Cuando todo es convulso, ¿me estoy equivocando? La sensación de soledad consume interiormente cuando, siguiendo las pautas de la Iglesia, todo alrededor está tan infectado por la secularización interna, que uno va solo y es cuestionado, considerado como desfasado, “antiguo”, poco “pastoral” y otras lindezas. Todo esto ocurre por no sumarse al carro del “buenismo”, de ser “simpático” callando la sana doctrina de la fe, de desacralizar la liturgia...

Me parece que un texto, tal vez muy largo, de Von Balthasar capta perfectamente el problema de esa “soledad” en la Iglesia. ¡Cuántos no se van a sentir retratados, reflejados, comprendidos!