domingo, 26 de marzo de 2017

La tentación y las tentaciones (VI)

La sexta petición del Padrenuestro, "no nos dejes caer en la tentación", da pie de sobra a la catequesis eclesial para tratar la realidad del pecado y su intrínseca maldad, así como lo expuesto que estamos a las tentaciones.


Ni somos invencibles, ni somos imbatibles. El pecado original ha dejado sentir su reliquia en nosotros, la brecha abierta de la concupiscencia, y nosotros, sin la gracia, no podremos detenerla.

El Maligno quiere cazarnos, sinuosamente, con trampas de distinto género, adaptándose a nuestras inclinaciones naturales para echar la red, para lanzar sus dardos. Allí donde somos débiles, él viene a atacarnos, de manera repetida y con distintas estrategias. Cuando Cristo nos exhorta a estar vigilantes, sabe bien lo que dice y porqué lo dice: porque las insidias son constantes y un alma despistada, adormecida, puede dejarse envolver en el canto de sirenas de las tentaciones.

Vigilantes, discerniendo, oramos cada día suplicando a Dios que no nos deje caer en la tentación.

"n. 9. No nos dejes caer en la tentación: perdónanos los pecados cometidos y concédenos el no cometer otros. Pues quien cae en la tentación comete pecado. En efecto, el apóstol Santiago dice: Nadie, cuando es tentado, diga que le tienta Dios. Pues Dios no es incitador al mal ni tienta a nadie. Cada uno es tentado, arrastrado y halagado por su propia concupiscencia; después, una vez que la concupiscencia ha concebido, pare el pecado; el pecado, a su vez, una vez consumado, engendra la muerte. En consecuencia, para no ser arrastrado por la concupiscencia, no consientas en lo que te pide.

Ella no puede concebir sino por obra tuya. ¿Consentiste en lo que pedía? Es como si hubierais yacido juntos en el hecho de tu corazón. Cuando se levanta la concupiscencia, niégate a ella, no sigas sus pasos. Es ilícita, lasciva, torpe y te apartará de Dios. No le des el abrazo del consentimiento para no tener que llorar el parto, porque si consientes, es decir, si le das el abrazo, ella concibe. Una vez que la concupiscencia ha concebido, pare el pecado.


¿No temes aún? El pecado engendra la muerte; teme al menos la muerte. Y si no temes al pecado, teme aquello a lo que conduce el pecado. Dulce es el pecado, pero amarga es la muerte. Tal es la desdicha de los hombres: al morir dejan aquí aquello por lo que pecan y llevan consigo los pecados. Pecas por causa del dinero, que has de dejar aquí; pecas por una mujer, que has de dejar aquí, y cualquiera que sea la cosa que te induce a pecar, cuando hayas cerrado los ojos por la muerte, la has de dejar aquí, llevando contigo el pecado que has cometido.

n. 10. Séannos perdonados los pecados. Perdónensenos los pasados, cesen los futuros. Pero sin ellos no puedes vivir en esta tierra, sean los más pequeños, sean insignificantes, sean leves. No se desprecien, sin embargo, por el hecho de ser leves o pequeños. Los ríos se hacen de diminutas gotas. No se desprecien ni los más pequeños. Por las estrechas rendijas de las naves se filtra el agua a la nave, se llena la bodega y, si no se hace caso, la nave va a pique. Pero los marineros no se echan a dormir; andan las manos, andan para que cada día se desagüen las bodegas. Caminen también tus manos, de modo que cada día achiques el agua.

¿Qué significa caminen las manos? Den; realiza obras buenas, caminen tus manos. Reparte tu pan con el hambriento e introduce en tu casa al necesitado que no tiene techo; si ves a alguien desnudo, vístele. Haz lo que puedas, sírvete de lo que puedas; hazlo con alegría y eleva tu oración confiadamente.

Tendrá dos alas: la doble limosna. ¿Qué es la doble limosna? Perdonad y se os perdonará; dad y se os dará. Una limosna es la que sacas del corazón cuando concedes el perdón a tu hermano. La otra es la que se hace con los bienes; por ejemplo, cuando otorgas pan al pobre. Realiza ambas, no sea que tu oración se vea privada de un ala".

(S. Agustín, Serm. 58, 9-10).


2 comentarios:

  1. Mi hijo mayor decía, cuando era pequeño,: 'mamá es de hierro y no se rompe' ¡Angelito, qué ingenuidad!

    Es absolutamente necesario orar para no caer en la tentación porque como dice la entrada: actúa "adaptándose a nuestras inclinaciones naturales para echar la red, para lanzar sus dardos".

    A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle (de la Antífona del Invitatorio).

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  2. Ay Padre Javier, Hoy cuanto necesitaba recibir una catequesis así.

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