Como gran educador que fue, san Juan Bosco tenía su método, su fina pedagogía para educar mediante los Oratorios. Allí acudían muchachos y jóvenes, sin apenas instrucción ni mucho menos formación religiosa. Y lo que don Bosco buscaba no era meramente entretenerlos, sino llevarlos a Dios; y no era una pedagogía de los valores tal como la entendemos hoy, con lenguaje secularizado, sino virtudes cristianas, vida cristiana y vida de la gracia.
Don Bosco es un evangelizador, es decir, quiere que aquellos muchachos y jóvenes conozcan a Cristo y vivan la vida de la gracia. No funda una ONG, ni una asociación recreativa, sino lugares de formación cristiana, ámbitos cristianos de vida mediante la oración, la enseñanza, la predicación y también el juego, la recreación, el teatro... y la eterna alegría cristiana.
Las imágenes secularizadas de los santos, leídos en las claves hoy de lo políticamente correcto, les hacen un flaco favor. Y a veces el trabajo con los jóvenes se puede convertir más en mera distracción juvenil que en formación cristiana; en dinámicas de grupos más que en doctrina cristiana explicada.
Pero, ¿qué hacía Don Bosco? ¿Cómo trabajaba para evangelizar a los jóvenes?
En el "Resumen Histórico", de 1862, Don Bosco escribe detallando las actividades de los domingos:



