viernes, 11 de febrero de 2011

Dos salmos para la esperanza

El panorama actual se nos presenta difícil. Vemos la tele, oímos la radio, leemos el periódico, curioseamos las páginas de Internet y parece que todo sea conflicto, angustia, división; oteamos entonces el horizonte y lo vemos todo negro. La vida de cada persona pasa también sus momentos malos, de crisis y oscuridad. Ante un suceso inesperado, un problema, no se ve salida, incluso no parece que uno se pueda fiar de nada ni de nadie y, por consiguiente, ¿qué esperar? ¿en quién confiar y esperar? 

 El hombre pretende, orgullosamente, hacerlo él todo, arreglarlo todo, y en el presente caduco que vivimos, instalarnos cómodamente porque el futuro no existe ni nadie puede construirlo. Se vive, pues, en la desesperación, en la angustia. Es uno de los dramas de nuestra época. Se camina sin ilusión y sin esperanza, hastiados, aburridos de todo. Falta algo que es superior: la esperanza, que, para ser esperanza auténtica, sólo se puede poner en Dios, que nunca falla, que nunca abandona a sus hijos. Si al otear el horizonte, éste se ha visto negro y oscuro, es porque no se ha mirado arriba, al cielo, a Dios, donde un rayo de luz anuncia al hombre algo hermoso: que hay un futuro que se va a hacer realidad, que hay algo más, el proyecto de Dios sobre cada persona, que se va a realizar en tiempo oportuno.

    Esta esperanza anima al hombre, lo resitúa. La realidad, el sufrimiento, la enfermedad, se iluminan: ¡vale la pena esperar en Dios! Mejor aún, esperar, sólo se puede esperar en Dios. En situaciones “desesperadas”, en problemas que agobian, es bueno, es necesario, acudir al Señor y poner en Él el corazón, como dice la Escritura: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11,28). El salmo 61 es un buen salmo para la esperanza: “Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar, no vacilaré... pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón, que Dios es nuestro refugio”

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. 
 
¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa? 

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen. 

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. 

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.


Con esta esperanza, con la confianza puesta en el Señor, todo se puede afrontar, el dolor, la soledad, la oscuridad, la crisis... y como canta (porque los salmos son “letras de canciones”, poemas de alabanza) otro salmo, el 26: “espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor”. 

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? 
 
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. 

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo...
 
Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme. 
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro».
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro...

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá...

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

El Señor actuará. Esperar en Él es certeza absoluta. Poner la esperanza en las leyes, en la medicina, en que el otro cambie, en la familia o en los amigos, es una esperanza pequeña, que pronto se cae porque no puede correr mucho. Con la esperanza puesta en el Señor se vuela y se vuela lejos. Esperar, sí. Se puede. Dios tiene un futuro para ti. Espera. ¿En quién? En el Señor; no le eches cuenta a las noticias, a los profetas de calamidades ni a los que tanto saben y hablan: espera en el Señor. ¡Es la mejor garantía, la mejor espera, el mejor futuro!



P.D. Los salmos están para rezarlos, tanto en la liturgia de la Misa como en la liturgia de las Horas, pero también como oración personal en muchos momentos. ¿Por qué no nos acostumbramos a ello? Podríamos aprendernos de memoria algunos salmos más significativos para cada uno y así emplearlos... Por ello he puesto la letra casi entera del salmo en el artículo.

15 comentarios:

  1. Salmo 103

    Bendice, alma mía, al Señor,
    ¡Dios mío, qué grande eres!
    Te vistes de belleza y majestad,
    la luz te envuelve como un manto.

    Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
    y no vacilará jamás;
    la cubriste con el manto del océano,
    y las aguas se posaron sobre las montañas.

    De los manantiales sacas los ríos,
    para que fluyan entre los montes;
    Junto a ellos habitan las aves del cielo,
    y entre las frondas se oye su canto,

    Cuántas son tus obras, Señor,
    y todas las hiciste con sabiduría;
    la tierra está llena de tus criaturas.
    ¡Bendicem alma mía, al Señor!

    ¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti!

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. El gran problema es confiar en las propias fuerzas. Por mucho que se haga, si no se cuenta con la Gracia de cristo, todo es en vano.

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  3. Y es que el hombre adámico, profundamente herido por el pecado original, no puede sanarse a sí mismo.

    Los sacramentos son terapéuticos. Solamente sana la Gracia. Quien busca la autocuración está perdido. Sin la Gracia el hombre adámico nunca saldrá del pozo.

    Un saludo cordial en el Señor, desde su Madre Inmaculada.

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  4. Tristísimo, ¿verdad? ¡Menos mal que tenemos al Redentor, su Gracia y sus Sacramentos! ¡Oh feliz culpa que mereció tal Redentor! Por eso tenemos esperanza.

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  5. Vale la pena acostumbrarse a rezar los salmos . Antes solo lo hacía con el de la Misa de cada día, pero hace un par de meses me compré un Diurnal y aunque creí que nunca aprendería - me hacía un poco de lio - ya le he cogido el tranquillo y además es muy bonito sentirte acompañado en el rezo con toda la Iglesia aunque fisicamente lo hagas por tu cuenta.

    Maria M

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  6. María M:

    ¡¡Eso es!! Así, así.

    Se oran las laudes y las vísperas acompañados por toda la Iglesia y en nombre de toda la Iglesia. Una oleada de gracia fecunda así el mundo invisiblemente.

    Además uno es educado por la Iglesia al orar los salmos que tocan cada día, educando el corazón y sometiéndose a los salmos para orar de modo agradable a Dios.

    ¡Qué buena decisión haber comprado el Diurnal!

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  7. Hace unos dias iba por la calle con unos sentimientos algo oscuros y pesimistas, cuando de pronto recordé el salmo 22 y continué la marcha recitándolo. No digo que mis problemas se esfumaran por arte de magia, pero me gustó la experiencia y me encontré un poco mejor.

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  8. Cuando me vienen las tristezas canto salmos y se van diluyendo...

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  9. Esperanza... ¿Qué sería del cristiano sin esperanza? ¿Puede haber un cristiano sin esperanza? Me temo que no. Incluso en el abatimiento y la derrota, nada hemos de temer, Cristo nos tiende la mano.

    Lo difícil es ser capaz de abrir los ojos en ese momento y encontrarnos con el Señor.

    Los salmos son una especie de bálsamo a tener siempre cerca. A ver si me hago caso a mi mismo :-)))

    Feliz y santo fin de Semana :)

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  10. aprendiz y LAH:

    Para eso están los salmos. Cuantos más memoricemos, más y mejor brotarán del corazón en cada circunstancia para orar al Señor.

    Miserere:

    Ha dado en el clavo: ¡¡bálsamo!! Esa es la palabra para mí que mejor los definen.

    (¿Me permite una corrección leve y amistosa?: Mejor que "fin de semana", reservemos el deseo a decir solamente "feliz domingo"... Un abrazo).

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  11. Aceptada y agradecida la corrección. Feliz y santo domingo :)

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  12. Buenos dias, Padre Javier, paso por este blog como el que va a una fuente a beber agua fresca, para mi muy necesaria, necesito orientación para mi vida espiritual.estoy buscando mi rumbo de acción.
    quiero aprender: porque decir "feliz domingo"?
    Tengo por costumbre decir todos los viernes cuando finalizo mis clases a los alumnos: Que tengaís un muy buen fin de semana, este jueves como el viernes era festivo una chica me deseo a mi buen fin de semana... algo que parece que no se oye pues hay algún oido atento... quiero hacer el bien quiero tambien proclamar humildemente.
    Que Dios lo bendiga y a todos los que pasan por aquí

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  13. ¿Por qué decir "feliz domingo" en lugar de "feliz fin de semana"?

    Por la misma razón que nosotros decimos "Feliz Navidad" y no "Felices fiestas".

    El lenguaje secularizado anula los conceptos cristianos, quiere borrarlos del horizonte cultural y social y busca sustitutos. Borran que las "Felices fiestas" sean por un Nacimiento (Navidad) y lo sustituyen por simples fiestas "de invierno".

    El "fin de semana" sustituye la expresión "domingo" que es "el Día del Señor", "Dies domini", "dominicus". Reivindiquemos nuestro lenguaje cristiano ante la secularización.

    (Maite: me alegro de que escriba. Siéntase como en casa).

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  14. Totalmente de acuerdo con la recuperación de nuestro lenguaje cristiano, procuraré enmendarme y recalcar el sentido de las cosas.Un saludo.

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