Algo maravilloso sucede en el episodio del Horeb. No solamente hay unos signos hierofánicos que provocan la fascinación y la adoración, sino que también hay una locución de Dios mismo comunicándose con Moisés. ¿Quién es Dios? Moisés es elegido y enviado para librar al pueblo de la esclavitud, pero Moisés en un diálogo conmovedor con Dios expone razones de distintos tipos para excusarse de realizar la misión. Descalzo ante Dios, reconociendo su pequeñez y sus limitaciones evidentes, se siente superado por el Misterio y la misión le parece enorme para su capacidad. El hombre se reconoce ante Dios pequeño y limitado.
En el diálogo, una de las preguntas de Moisés tiene enorme trascendencia. ¿Quién me envía? ¿Quién digo que me ha enviado? ¿Cuál es tu nombre? Pide una seña de identidad que al mismo tiempo le avale a él, como después veremos. Requiere poder remitir a Dios y llamarlo, poderlo nombrar, a semejanza de los otros dioses que tienen nombre, pero sabiendo ahora, en esta epifanía, que Éste que se le revela es distinto y único. ¿Cuál es tu Nombre?
Entonces Dios va a revelar su Nombre: “Yo soy el que soy”, “Yo soy el que estoy”, “Yo soy –viene a decir- el que existo y voy con vosotros”. Los demás dioses simplemente no-son, no existen, no tienen existencia ni poder salvador. Esos dioses se los ha creado el propio hombre, “no-son”. Pero Dios es el que Es, el que existe y sustenta todo y, además, no se desvincula del hombre, de su pueblo ni de su historia, sino que se revela acompañando al hombre, actuando bondadosamente en su vida, incluso, como ahora en el Horeb, dialogando con él. Estamos ante un momento sublime, cumbre, referente, en la historia salutis:
“Dios se reveló progresivamente y bajo diversos nombres a su pueblo, pero la revelación del Nombre Divino, hecha a Moisés en la teofanía de la zarza ardiente, en el umbral del Exodo y de la Alianza del Sinaí, demostró ser la revelación fundamental tanto para la Antigua como para la Nueva Alianza” (CAT 204).
a) Dios quien lo sustenta todo
El primer aspecto de este Nombre vendría a ser la afirmación de Dios sobre sí mismo, como Quien sustenta todo, lo crea todo, llama a la existencia a lo que no existe porque Él es el único que existe, el existente. Es el principio de todo. Pudiera calificarse de un orden metafísico pese a la alergia que hoy parece suscitar esta afirmación (y que no estaría propiamente en la mente del redactor del episodio).
Es el que Es , y se define a sí mismo como el Dios vivo, “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, por lo que Él es quien permanece siendo el Todopoderoso.