miércoles, 13 de enero de 2016

Teología y santidad

Tan relacionadas están la teología y la santidad, que son inseparables, y con este criterio podríamos discernir cualquier obra y cualquier presunta santidad.

La teología será buena, verdadera, hermosa, cuando su autor ha renunciado al academicismo y a las categorías ideológicas y elabora su teología con una santidad de vida personal grande y firme. Escribe, piensa, enseña, delante de Dios, ante Dios y para la gloria de Dios.


La santidad es verdadera, y no moralismo o apariencia de compromiso ético, cuando piensa a Dios y ora a Dios y vive de Dios; entonces sus palabras no serán soflamas ideológicas de hombres "comprometidos", sino palabras llenas de sabiduría, fe y Espíritu Santo.

La conjunción siempre es teología y santidad. Los grandes teólogos siempre serán los que intenten vivir la santidad y su conjunto doctrinal tendrá una belleza que hiere el alma; los grandes santos siempre son teólogos que saben hablarnos de Dios y llevarnos a Dios.

No tenemos que olvidar que cuando se produce un fallo en la coherencia personal, la verdad siempre pierde algo. Decía Rosmini: "La ciencia es común a todos, buenos y malos, pero la verdad del Evangelio, viva, puesta en práctica, sólo pertenece a los buenos". Un "maestro de teología" debe ser también, sobre todo, ante todo, partiendo de su propia experiencia, un "maestro de santidad" porque si no, habría que dudar de la naturaleza de su teología, de su peso específico cristiano.

lunes, 11 de enero de 2016

Pensamientos de san Agustín (XXXVII)

Las frases bien construidas de san Agustín, tan matizadas, con su juego de palabras habitual, hacen que sean verdaderas sentencias o máximas de pensamiento cristiano, donde con pocos elementos, se afirman muchas cosas.

Este método agustiniano facilita la memorización de grandes principios para la vida cristiana y hoy, cuando nos ponemos a leerlos y asumirlos, pueden ejercer el mismo influjo que en su tiempo logró para sus oyentes o sus lectores.

La vida cristiana debe estar en función del Señor y, por tanto, disponible para lo que Él requiera, disponible para las necesidades de la Iglesia. A veces, perder la contemplación, la serenidad de la contemplación, por ejemplo en sus monjes, hacía que la Iglesia estuviese mermada en sus fuerzas. San Agustín ve que antes está el bien de la Iglesia que el propio ocio contemplativo, por muy santo que sea.
No antepongáis vuestra contemplación a las necesidades de la Iglesia, pues si no hubiese buenos ministros que se determinasen a asistirla, cuando ella da a luz, no hubieseis encontrado medio de nacer (San Agustín, Carta 48,2)
Exhorta al martirio y dispone a los fieles a él por si llega el momento, y es que cualquier tiempo, cualquier época y cualquier lugar, son posibles para el martirio ya que la persecución va a durar hasta que el Señor vuelva en la claridad de su gloria.


viernes, 8 de enero de 2016

El ejercicio de la teología en von Balthasar (y II)

Ser teólogo, dedicarse al pensamiento teológico, es una vocación al servicio de la Iglesia.

Con humildad, y un gran sentido de fe, con alma eclesial y no con un espíritu contestatario que mueva al disenso, el teólogo tiene mucho que hacer, reflexionar, proponer.


Balthasar, teólogo suizo, impregnado de la espiritualidad ignaciana que marcó su vida, con conocimiento profundo de la Tradición cristiana, abrió nuevos caminos, cuestionó la deriva de muchas corrientes teológicas que se estaban convirtiendo en ideologías, elaboró un sistema teológico completo con su trilogía (Gloria, Teodramática, Teológica).

Al recibir el Premio internacional "Pablo VI" de manos de Juan Pablo II, éste pronunció un discurso denso sobre qué es la verdadera teología. Parece que estaba describiendo al galardonado. A esa descripción hay que sumarle las palabras elogiosas de Juan Pablo II a Balthasar que, sin lugar a dudas, destacan el lugar eclesial que hay que asignarle al conjunto de su teología.

lunes, 4 de enero de 2016

Conocer al que se revela





                "En esta nuestra breve meditación de la audiencia general no podemos dejar de tocar el gran tema del momento, la Navidad y, sobre todo, por acercarnos a otra gran solemnidad referente a la venida de Cristo al mundo, la Epifanía, la cual, como todos sabéis, conmemora y celebra la manifestación de Cristo. Lo mismo que la Navidad, la Epifanía nos llama al conocimiento de Cristo; a un conocimiento no sólo relativo al hecho histórico del nacimiento del Señor, sino más profundo, más esencial y misterioso; a un conocimiento que hace fermentar el espíritu de quien lo acoge, y también de quienes, teniendo alguna noción de él lo rechazan; es el conocimiento teologal, en el que se lleva a cabo un fácil, pero complejo proceso cognoscitivo, que termina en el acto de fe. 

            No os vamos a hablar de esto hoy a vosotros; tendríamos mucho que decir; nos es suficiente llamar vuestra atención sobre el gran deber que se deriva para todo entendimiento humano, del hecho histórico y real de la Encarnación, el de estudiar ese hecho, considerarlo, verlo irradiar en el mundo –en el mundo de las almas especialmente- su luz oculta y sorprendente al mismo tiempo. Es preciso, ante todo, acercarnos a Cristo y reconocer quién es Él. 

sábado, 2 de enero de 2016

Oración por la paz


Señor, Dios de Paz,
que has creado a los hombres,
objeto de tu benevolencia,
para hacerles partícipes de tu gloria;
te bendecimos y te damos gracias porque nos enviaste a Jesús,
tu Hijo amadísimo,
e hiciste de Él,
en el misterio de su Pascua,
el artífice de toda salvación,
la fuente de toda paz,
el abogado de toda fraternidad.

Te damos gracias por los deseos, los esfuerzos, las realizaciones
que tu espíritu de paz ha suscitado en nuestro tiempo,
para sustituir el odio con el amor,
la desconfianza con la comprensión,
la indiferencia con la solidaridad.