miércoles, 24 de enero de 2018

Vitalidad de la institución parroquial

La parroquia, cada parroquia, es el ámbito común para todos, la casa de la fe, donde se celebra y se es santificado, donde dimana la caridad y el servicio a todos, especialmente pobres y enfermos, y allí donde se educa en la fe por la catequesis y la formación.


Es la comunidad cristiana fundamental, la referencia más inmediata y acogedora, si bien debe ser constantemente revitalizada con la aportación, el interés y el afecto de todos.

"Uno de los fundamentos de la Iglesia en los Estados Unidos ha sido siempre el papel de la parroquia como núcleo no sólo de la vida sacramental, sino también de la formación y la educación católica y de la actividad caritativa y social. 

 La fragmentación de la vida moderna causa el debilitamiento del sentido de pertenencia a la comunidad parroquial, especialmente donde se ha producido una polarización entorno a cuestiones doctrinales o litúrgicas. 

Es preciso que los sacerdotes y los laicos lleven a cabo un gran esfuerzo para renovar la vida parroquial a semejanza de la Iglesia misma, como comunión que se beneficia de los dones y los carismas complementarios de todos sus miembros.


 La comunión es una realidad dinámica que implica un intercambio constante de dones y servicios entre todos los miembros del pueblo de Dios. 

La vitalidad de la parroquia depende de la combinación de diversas vocaciones y dones de sus miembros dentro de una unidad que manifiesta la comunión de todos y cada uno con Dios Padre mediante Cristo, y que la gracia del Espíritu Santo renueva constantemente".


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