jueves, 14 de agosto de 2014

Pensamientos de San Agustín (XXVII)

Siguen siendo válidas las palabras y las enseñanzas de san Agustín para nosotros, y su formulación permiten que se comprendan con claridad y que, incluso, podamos memorizar mejor algunas frases para meditarlas.


Las tribulaciones son constantes, y en nuestra existencia terrena son el medio para crecer, luchar, vencer, pero junto a las tribulaciones siempre está esa misericordia infinita de Dios que nos acoge, nos rodea y nos perdona.
A quien primeramente le rodea la tribulación, después le circunda la misericordia, porque dará la misericordia quien dio la ley: la ley en los castigos, la misericordia en la consolación (San Agustín, Enar. in Ps. 31,2,23).
El pasaje de Jesús durmiendo en la barca mientras la tempestad amenaza y los discípulos están atemorizados, es muy comentado en la Tradición. Es un ejercicio de fe y de oración para el discípulo y también una muestra de cómo el Señor está a nuestro lado y sólo hay que llamarlo.
Cristiano, en tu nave duerme Cristo; despiértalo; dará orden a las tempestades para que todo recobre la calma. En aquel tiempo, los discípulos, fluctuantes en la barca mientras Cristo dormía, fueron símbolo del fluctuar de los cristianos cuando su fe cristiana está adormecida (San Agustín, Serm. 361,7).
A veces, con una "ética minimalista", declaramos que no tenemos pecado porque no hemos hecho determinadas cosas; pero olvidamos el "más", que es fruto del amor, el bien mayor que en cada momento podríamos haber hecho. No basta con no hacer el mal, el amor pide que seamos realmente "buenos".
Poco es no perjudicar, no matar a nadie, no hurtar, no cometer adulterio, no robar, no decir falso testimonio... Pero no sólo debes "apartarte de lo malo" sino también "obrar el bien" (San Agustín, Enar. in Ps. 33).
El amor tal vez se puede debilitar porque no se ve al Amado y necesita ser sostenido por la fe y la esperanza; una confianza grande en el Amor y una esperanza inamovible en que Dios cumple sus promesas. En el cielo, al ser la visión plena, desaparecerá la fe y será innecesaria la esperanza porque lo que esperábamos, ya lo poseemos.
Habrá caridad plena cuando "lo veamos tal cual es". Porque nada habrá ya que añadir a la caridad cuando la fe se convierta en visión (San Agustín, Tratado sobre la perfección de la Justicia 1,3,8).
Los elementos creados intentan guardar la armonía y la concordia, pero ya que la creación gime con dolores de parto aguardando la redención, cuando se oponen entre sí, la misma salud se resiente:
Las cosas que en la naturaleza son contrarias guardan entre sí concordia para el bien del universo y, cuando en nuestros cuerpos discrepan y guerrean entre sí, la salud se resiente (San Agustín, Replica a Juliano 5,7,28)
El alma, que es muy grande, sin embargo es insuficiente para abarcarse a sí misma, al universo y a Dios mismo. Es el límite de nuestra condición de criaturas.
No soy yo capaz de abarcar totalmente lo que soy. De donde se sigue que es angosta el alma para contenerse a sí misma (San Agustín, Conf. 10,8,15).
Hablamos mucho, y en el mucho hablar exageramos y queremos mostrar una imagen que tal vez no se corresponde a la verdad de nosotros mismos. El criterio no son las palabras, hermosos discursos, grandilocuentes, sino la verdad de la vida, es decir, los hechos, los actos, las obras, que verifican el interior:
Nadie atienda a la lengua, sino a los hechos y al corazón. Si no obra bien en favor de sus hermanos, demuestra qué tiene en su interior (San Agustín, In 1 Ioh.,  5,8).
Juzgamos con facilidad a los desconocidos, basándonos en impresiones exteriores, pero somos benévolos con los amigos, y los disculpamos, porque sabemos cómo son. Amemos a los amigos, pero evitemos el juicio con los desconocidos, esperando conocer mejor su persona y sobre todo los motivos de sus acciones.
En modo alguno se debe juzgar de un desconocido, y nadie es conocido sino por la amistad. Y por eso toleramos mejor los defectos de los amigos, porque sus buenas cualidades nos agradan y cautivan (San Agustín, Ochenta Cuestiones 71,5)
El 10 y el 7, los mandamientos y los dones del Espíritu Santo, son realidades constitutivas de nuestra vida; vivimos los mandamientos por la gracia del Espíritu y sus siete dones.
Reconoce, pues, la ley en el 10, y al Espíritu Santo en el 7. Súmese a la ley el Espíritu, puesto que, si recibes la ley y te falta la ayuda del Espíritu, no cumples lo que lees, no cumples lo que se te ordena (San Agustín, Serm. 251,6).

6 comentarios:

  1. Grande San Agustín!!! Cuanto tenemos que aprender del él. Gracias D. Javier :)

    ResponderEliminar
  2. Cada vez que ud nos cuelga una entrada sobre san Agustín no puedo evitar recordar esta frase:

    "Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti".

    ResponderEliminar
  3. Me uno a la exhortación de Agustín: "Cristiano, en tu nave duerme Cristo, despiértalo".

    "El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede" de las antífonas de Laudes)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos cordialísimos.

      Abra su email: tiene cosas mías.

      Eliminar