miércoles, 5 de junio de 2013

Elevaciones eucarísticas (San Juan de Ávila)

Acostumbrándonos a orar como oraban los santos, conseguimos en primer lugar conocer mejor el alma de cada santo: cómo se abría a Dios, qué le decía y cómo, etc., pero también estas plegarias nos educan para saber nosotros orar a Dios.

San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia, es místico y orante, con un trato cotidiano e intenso con el Señor. Era fácil que esa misma oración brotase en voz alta en sus sermones, inflamando con pasión las almas de los oyentes.


Conozcamos así a san Juan de Ávila, en su expresión orante, y aprendamos nosotros mismos a dirigirnos a Dios con los conceptos, ideas, ternura y devoción de este santo Doctor.



            ¡Bendita sea tu misericordia, Señor, que estás en los cielos adorado, temido, acatado y reverenciado de ángeles,
            y tienes por bien de estar acá en la tierra tan humillado y tan callado, tan chiquito, que pareces tan pobrecito, estando tu majestad inmensa encubierta debajo de esas especies![1]


            ¡Cuán admirables son tus obras, Señor! (cf. Sal 103,24). ¡Quién fuese tan dichoso que pudiese decir con verdad lo que dijo David: Y mi alma las conocerá mucho! (Cf. Sal 138,14).

            ¡Cuánto te debemos, cuán poco te servimos, y algunos hay que aun no miramos en ello! Merced hiciste a los hombres de proveerlos con mantenimiento cuando vivieron en tu obediencia, y mayor merced fue plantarles un árbol en medio del paraíso terrenal, que se llamaba el árbol de la vida, para que, comiendo de él, su salud y fuerzas no se enflaqueciesen y se disminuyesen.

            Pero en comparación de ti, mi Dios y Señor, manjar verdadero, que vales por manjar y por árbol de vida, plantado en tu Iglesia, como aquí te tenemos en medio de nosotros, aquello que parecía beneficio queda tan oscurecido con el resplandor de éste que quita la gana de acordarse del otro árbol de vida.

            ¡Manjar de nuestra alma, hierba molida, majada con graves tormentos, para que seas puesta por emplasto saludable encima de nuestras heridas y sea sustento de nuestra flaqueza y restauración de lo que por el pecado, que mora en nosotros, hemos perdido!

            …No lo dude nadie, no; medicina eficacísima es este divino Sacramento bien recibido para templar nuestras pasiones, para alumbrar todas nuestras ignorancias, para confortar nuestro corazón[2].


[1] S. Juan de Ávila, Serm. 41, 21.
[2] S. Juan de Ávila, Serm. 54, 26. 27.

11 comentarios:

  1. Buenos días don Javier. Cuando comemos, a nadie nos maravillan las vitaminas y minerales, aminoácidos y proteínas y sin embargo nuestro ser se ve beneficiado y con el tiempo se aprecia, algo así acontece con aquellos que comulgamos y lo notamos, y lo nota mejor el resto de la Iglesia. El pecado que mora en nosotros dice el Santo, pensar también que Dios lo hace será mi meditación para hoy. Un abrazo.

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    1. xtobefree:

      Alimento y alimento de verdad: Dios mismo dándose. ¡Oh sagrado banquete!

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    1. Julia María:

      Amén. Aleluya.

      (¿Y las discrepancias, qué, dónde me las deja?)

      (¿Y el discurso razonado, con sus considerandos previos? ¿Hemos optado por la brevedad? Uy, uy...)

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    2. Amigo mío: la entrada de hoy sólo me permite un amén rotundo.

      Y además...., la personalidad “visceralmente independiente” ha de reservar energías dado el gran esfuerzo emocional que le supone argumentar, deteniendo sus frases espontáneas (“y a mí que más me da”...) propias de quien no tiene ningún interés en mostrar lo que piensa y vive su corazón. (Risas).

      Pero ¡¡¡tiene razón!!! A mi amén le faltan … ¡¡¡los signos de exclamación!!! ¡En serio!

      Buenas noches.

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    3. Julia María:

      Está vd en su derecho -como abogada, cualquiera le discute- a reservar sus energías y escribir solamente "Amén".

      Pero también es mi derecho, o al menos es justo, que me sorprenda de tantísima brevedad.

      Por hoy basta, no vamos encima a discutir para una vez que ha sido escuetísima, una sola palabra escrita.

      Un abrazo.

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  3. Lástima esa falta de previsión en esos Sagrarios tan expuestos a que los arranquen de cuajo y los roben, tan poco protegidos como ese por ejemplo que está en la foto.....hombres... ¿para que tienen la inteligencia?¿para dejar que humillen y profanen a Dios o para protegerlo y cuidarlo??

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    1. Ciertamente parece algo inseguro. No sé de dónde será la foto. Pero tal vez -no cuesta tanto pensar bien y no ir siempre con la escopeta cargada- tal vez, digo, esté en un oratorio semi-público en una casa religiosa, como tantos conozco, en una segunda planta, sin acceso nada más que a los religiosos o consagrados.

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  4. Cuando uno tiene la escopeta cargada por alguna razón, tal vez sería conveniente, reflexionar sobre la munición a emplear. Se piensa y usando la inteligencia, tal vez pudiera parecer razonable, que la única munición posible para un creyente es la CARIDAD. Con esa munición, tengo para mi, que el disparo siempre es certero, siempre da en el blanco, siempre da frutos, siempre evangeliza, siempre es conforme a la Voluntad de nuestro CREADOR y siempre sirve para algo. Si, ciertamente, si la inteligencia rezuma CARIDAD me da por pensar, que la inteligencia está en el buen camino. Alabado sea DIOS. Muchas gracias, Padre, por recordarnos las bellezas de los textos de San Juan de Ávila. Sigo rezando.

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    1. Antonio Sebastián:

      Me refería únicamente al comentarista "Anónimo" que dejó varios comentarios a la vez y se le notaba, cuanto menos, alterado por lo que aquí se dice y se escribe. Y claro, entonces no lee, sino va a la caza y captura de herejías y modernismos en este blog.

      La caza de herejes es un deporte que se ha puesto de moda últimamente y en lugar de predicar y mostrar la Verdad, todo se lee bajo la sombra de la sospecha.

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  5. Padre Javier:

    Si, soy consciente por esta entrada y por otra anterior a la que también Usted respondió. Pero ya que uno tiene la escopeta cargada, o bien toma la recortada, es muchísimo mejor que la munición esa la CARIDAD.
    Y aunque sé que iba dirigida a nuestro hermano anónimo, yo también he entrado alguna vez con la escopeta cargada, y sus comentarios a nuestro hermano anónimo, también puedo aplicármelos a mi mismo.
    Muchas gracias por su explicación. Sigo rezando.

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