martes, 17 de julio de 2012

Salmo 1

Conozcamos el salmo con el que se abre el Salterio. 

Es una preciosa meditación de corte sapiencial, de sabiduría, de reflexión, que encuentra paralelos también en otros contextos proféticos, entre ellos, el profeta Jeremías que dice prácticamente lo mismo que este salmo. Es la meditación de los dos caminos, una meditación muy clásica en la Iglesia, tanto en la patrística  (por ejemplo, en la Didajé) como en los ejercicios ignacianos (la meditación de las dos banderas).


Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, o en el lenguaje del salmo, hay dos caminos: el que escucha la ley del Señor y la obedece, es justo, o el camino del impío que no tiene conciencia ni tiene nada y que acaba chocándose en su propio pecado. No es que el Señor lo vaya a castigar como afirmamos con ese lenguaje tan nuestro: “te va a castigar Dios” (tan vengativo el lenguaje, tan pagano en el fondo), sino que es uno mismo el que se va preparando el camino para chocarse a gusto. Los pecados son piedras que ponemos nosotros, y una encima de otra, construimos un muro y nos pegamos contra el muro. Somos nosotros los que hemos construido el muro y los que nos chocamos contra él. ¡Cada uno construye su propio muro de pecados y se choca con él! No es el Señor el que nos va a castigar. ¡Dios no juega a esas cosas!

    En esta opción: vida-muerte, justicia-impiedad, se encuadra  esta meditación. 

“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos”. Los impíos en la Escritura, normalmente, son los que no temen a Dios, los que no obedecen a Dios. Saben que Dios existe, ¡eso no lo niega nadie!, pero como si Dios no contara o no sirviera para nada, al margen de Dios y, por tanto, ignorando la ley de Dios. Son los impíos quienes actúan así. Entonces “dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos”. Pongan la radio  mientras están en la cocina preparando la comida, “consejo de los impíos”; lean la prensa, “consejo de los impíos”; vean programas de televisión entretenidos y, ¿qué escuchamos?: "consejo de los impíos"

Es la mentalidad mundana, el que no teme a Dios y, claro, sin Dios, no hay referencia de ningún género. “Dichoso el que no sigue el consejo de los impíos ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos”,  que todo lo juzgan, todo lo critican, pero que nunca se juntan para hacer el bien. “Dichoso el que no se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la ley del Señor y medita su ley día y noche”. Nos tiene que preocupar sólo Dios y el meditar la ley del Señor día y noche. A veces al confesar nos excusamos sobre la oración de cada día diciendo: “¡No tengo tiempo!”  El día tiene veinticuatro horas. Nuestro gozo ¡meditar la ley del Señor día y noche!, porque es la que nos da sabiduría  para no escuchar el consejo de los impíos, para no entrar por la senda de los  pecadores, para no sentarnos en la reunión de los cínicos.
    “Será como un árbol plantado al borde de la acequia”. Israel en los salmos le da mucha importancia al agua, porque es un país muy seco, debe aprovechar al máximo los recursos hidrográficos y encontrarse un oasis o un pozo con agua es una bendición; imaginaos lo que es un árbol plantado al borde de la acequia con las pocas que hay en Israel. Es toda bendición. “Plantado al borde de la acequia, da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas y cuanto emprende tiene buen fin”, porque el Señor bendice al justo, porque el Señor bendice a su pueblo.

    Primera aplicación, la aplicación cristológica, la que hace la liturgia. En el Oficio de Lecturas de la I Semana del Salterio, la antífona de este salmo dice así: “El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor”. Cristo es el que está en el árbol de la cruz junto a las corrientes de agua y ha dado fruto en su sazón, los frutos de la redención. “Y no se marchitan sus hojas”. Nosotros estamos  incorporados al árbol de la cruz, hermanos míos, cada uno con su cruz que no es mayor ni menor que la de otro, cada uno con su cruz. Esas son las hojas del árbol de la cruz. “No se marchitan sus hojas y da fruto en su sazón”, porque toda cruz madura, toda cruz es bendición. Es Cristo el justo; no echa cuenta del Maligno, recordad la escena de las tentaciones, no entra por la senda de los pecadores, habla claro, fuerte y preciso, sin contemporizar, aunque eso le acarree la crítica de los demás, de los necios, de los mediocres; no se sienta en la reunión de los cínicos, sino que se sienta en su trono para juzgar a vivos y muertos.

    ¿El camino del malvado? “No así los impíos, no así: serán paja que arrebata el viento”. No tienen consistencia. El malvado no es el grano de trigo que cuando se aventa con la paja, el grano cae y la paja sale volando, y así se hace la selección. Los malvados no tienen consistencia. Sí, rugen mucho, parece que se lo van a comer todo, nos pueden amenazar, asustar, con mala intención porque son más astutos que los hijos de la luz. Sin embargo no son nada, son poca cosa, “como paja que  arrebata el viento”.

    “Pero el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaban mal”. ¡Cuántos reyes, cuántos emperadores, cuántos políticos, cuántos millonarios!, en su momento parecían que eran el no va más, que no iban a caer nunca. Todos han muerto generación tras generación. El único que permanece es Jesucristo, Cristo “es el mismo ayer y hoy y siempre”, y si estamos unidos a Él por la oración, nosotros  no seremos paja que arrebata el viento; nosotros con Cristo “el mismo ayer y hoy y siempre” daremos frutos de vida eterna.


¡Dichoso Cristo! 
¡Dichosos nosotros que hemos puesto nuestra confianza en el Señor!

10 comentarios:

  1. La Didajé y la Carta a Diogneto son dos textos que todos deberías leer y meditar. Curiosamente, tuve que esperar 30 años para conocer su existencia. Nunca oí su referencia en las clases de religión o catequesis diversas.

    Los descubrí cuando empecé a indagar sobre los escritos cristianos de los primeros tiempos y me sorprendió la inmensa riqueza que guardan.

    Es triste pero los consejos de los impíos son lo que más se leen, escuchan y transmite. TV, radio, cine, revistas, prensa, etc... están plagadas de estos consejos. Consejos que se ajustan al mundo y a vivir según el mundo. Vivir para no tener problemas con la sociedad.

    Como nos educan para reírnos de lo trascendente y despreciar lo religioso, tendemos a vivir la fe en privado o en espacios reducidos durante tiempo limitado. ¿Se puede vivir la fe así?

    Que Dios le bendiga D. Javier. Seguimos orando unos por otros :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La catequesis sobre los dos caminos es muy fecunda, muy sugerente, para explicar la vida cristiana. Ya la hallamos en Deuteronomio 4 y la Iglesia la desarrolló como predicación viva, llamada a la conversión, explicación de la moral cristiana.

      El ambiente que nos envuelve en muchas ocasiones son los consejos de los impíos. El liberalismo tanto filosófico como económico, donde sólo cuenta "mi" verdad respetando "tu" verdad (¡la famosa tolerancia!) y el dinero: basta ver que la crisis sólo se analiza por sus aspectos económicos dramáticos y se cree salir de ella sólo por arreglos económicos. Cuando la economía se arregle, nadie preguntará por las causas terribles que hay debajo de este liberalismo económico, este capitalismo avasallador, el consumismo voraz.

      ¡Consejos de los impíos!

      Eliminar
  2. Somos dichosos, felices, hemos encontrado la dicha, la felicidad, hemos tenido la suerte de escuchar la ley del Señor, y le hemos seguido. Uno siente necesidad de gritarlo.

    Me encanta la referencia a la radio, prensa, televisión.

    “No se marchitan sus hojas y da fruto en su sazón”. Sólo permanece lo que viene de Dios. Puede que la impiedad no parezca producir consecuencias para el impío en vida. No debe sorprendernos, la Cruz parece aparentemente el mayor fracaso de la Historia y, en todo caso, nuestra misión es orar por el impío, pero los frutos de la impiedad (incluida la nuestra) no permanecerán por siempre. Al final de esta dolorosa historia de la humanidad, el bien prevalecerá sobre el mal. Es una promesa del Señor.

    ¡Qué Dios les bendiga!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Somos felices si escuchamos la ley del Señor; y somos fecundos si estamos en las orillas, regados por el agua del Espíritu Santo y la liturgia.

      Ya que le ha encantado la referencia a la prensa, etc., le diré, amiga mía, "confidencialmente", que este comentario como otros que vendrán sobre los salmos, son predicaciones mías, hace años en la parroquia, grabadas y transcritas: se pulieron un poco, pero se ve el estilo oral.

      Saludos (por segunda vez hoy, ¿eh?)

      Eliminar
    2. ¡Disiento!

      Me "reta" vd en la entrada anterior y pasa lo que pasa...

      Creo que no le he asustado, voy a tener que citarle reiteradamente a Chesterton. Oigo sus gritos de auxilio: socorro….

      Cuando llegue a su blog atraida por su nombre, "Corazón eucarístico de Jesús. El Sagrario”, no pensaba participar. Leo habitualmente algunos blogs, normalmente de sacerdotes, un par de páginas de noticias y una página de predicación de un fraile dominico, además de ver canales católicos de televisión, pero no participo activamente. A veces se siente una cierta soledad en la parte territorial de la Iglesia que te ha tocado en suerte y cuando encuentras la fe compartida exclamas: ¡Anda, otro como yo! (perdone la presunción, pero creo que se entiende).

      Por la diversión no se preocupe, enseguida recurro al pirata de Espronceda cristianizado….

      El blog añadido a todo lo demás debe suponer mucho esfuerzo, yo solo intento colaborar con vd tal y como me han enseñado mis santas en su relación con los sacerdotes, pero cuando considere que me paso ¡corteme!

      Un saludo

      Eliminar
    3. Querida Julia:

      No sé si pretende responder al comentario de esta catequesis o más bien la de la anterior. Da igual. Charlamos.

      Sabe de sobra que ni me molesta ni me incomoda su presencia y su aportación. Al revés. Yo también digo: "¡anda, otra como yo!". No siempre en lo territorial encontramos todo lo que buscamos; a veces no dan para más, no se puede. Pero aquí nos juntamos, aprendemos y compartimos.

      Sabe igualmente que me gusta el humor y la ironía sana: sigámosla usando, señora letrada, y así también nos lo pasamos bien.

      En serio: sí, el blog supone un gran trabajo que, de verdad, lo asumo y vivo no como una distracción, o una moda, sino como un canal de formación, un ejercicio del ministerio.

      Adelante!!! El blog también es suyo y de sus insectos revoloteadores.

      otro beso santo y afectuosoooo!!!

      Eliminar
  3. Al hilo de sus comentarios diré D. Javier que es cierto que en este blog nos juntamos, aprendemos, rezamos unos por otros ... y que en la " parte territorial " de Iglesia que nos ha tocado a cada uno muchas veces nos falta algo , hay pocas parroquias con catequesis para adultos y además en sus catequesis se entiende todo . Me ha encantado la meditación del Salmo I, y me hace ilusión que vengan otras catequesis comentando los salmos.Su trabajo en el blog vale mucho la pena y es muy de agradecer . No sería lo mismo vivir el Adviento , la Cuaresma , la Semana Santa , ! la Pascua ! etc sin sus catequesis.
    Un abrazo a todos

    María M.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es vd. capaz de inyectar ánimo en grandes dosis: mil gracias!!!!!!

      Eliminar
  4. ... nos excusamos sobre la oración de cada día diciendo: “¡No tengo tiempo!” El día tiene veinticuatro horas. Nuestro gozo ¡meditar la ley del Señor día y noche!, porque es la que nos da sabiduría para no escuchar el consejo de los impíos

    ... si estamos unidos a Él por la oración, nosotros no seremos paja que arrebata el viento; nosotros con Cristo “el mismo ayer y hoy y siempre” daremos frutos de vida eterna.

    Hoy me quedo especialmente con ésto. Bueno y también con el muro que construimos, y con la aplicación cristológica. Y hasta con el interrogante que ha dejado caer Miserere.

    Feliz verano y vacaciones para todos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aprendiz2:

      Un saludo cordial. Me alegro de verle por aquí.

      Eliminar