¿Quién se contenta con ver la foto de alguien a quien
quiere en vez de estar con él, salir juntos, comer, dar un paseo? Cuando se
quiere a alguien, lo que se quiere es estar con él, convivir, compartir... y
una foto es sólo un recordatorio y una suplencia. Nada puede sustituir la
presencia de la persona querida. Por eso no nos detenemos sin más en las imágenes del Señor, por bellas que sean, por artísticamene bien labradas que estén..., sino que las imágenes de Cristo nos conducen a algo más: ¡¡a estar con Él de verdad!!
Tenemos la gran ventaja de su presencia
real. Está muy cerca porque el Sacramento de la Eucaristía es su
presencia real y en cada Sagrario está Él: basta acercarse, rezar de rodillas,
mirar la puerta del Sagrario y la vela roja encendida cerca de él para estar en
su presencia, disfrutar de su amor, gozar de su compañía, hablarle, interceder,
conversar con Cristo.
Ahí está: en cada Sagrario, ¡Jesús vivo!
Deberíamos
abrir los ojos del corazón con sencillez, dilatar y ensanchar nuestra alma,
encender nuestros afectos y devoción y asombrarnos de tan gran maravilla; será
ocasión de ver la Belleza
del Misterio de la
Eucaristía, para contemplar y gozar de la potencia y Vida de
Cristo Resucitado. Entonces, y sólo entonces, quedaremos fascinados por Cristo.




