lunes, 10 de agosto de 2015

Pensamientos de san Agustín (XXXIII)

El mal y el pecado son realidades, no ficciones de la imaginación o hipótesis de trabajo. Los palpamos, los sufrimos y los cometemos a su vez. 

La iniquidad campa por sus anchas. Y frente al misterio de la iniquidad, brillará el Misterio de la piedad, de la condescendencia de Dios. Pero para conocer la iniquidad, no hace falta que vayamos ni muy lejos ni muy alto... únicamente hace falta entrar en lo interior.

En el corazón del hombre, en mayor o menor medida, la concupiscencia existe y arrastra; la tentación hace caer. Cometemos el mal y dejamos el bien. 

"Es absolutamente cierto, hermanos, que o matas la iniquidad o la iniquidad te mata a ti. Pero no pretendas matar la iniquidad como a algo que está fuera de ti. Mírate a ti mismo y ve que lucha contigo en tu interior y evita el ser vencido por la iniquidad, que es tu enemigo si no le diste muerte en ti. De ti procede, y tu alma, no otra cosa, guerrea contra ti" (San Agustín, Enar. in Ps. 63,9).


sábado, 8 de agosto de 2015

Santo Domingo, orante

La oración en Santo Domingo de Guzmán tiene sus propias peculiaridades, sus matices. La oración lejos de ser un camino rígido, uniforme, del mismo modo y método para todos, es un camino que Dios prepara para cada uno y por el cual el Espíritu Santo va conduciendo.


El corazón de Santo Domingo es un corazón lleno de misericordia y compasión, y el celo por el Evangelio le consume incluso en su oración personal. Su oración es apostólica. Los testigos declaran en el proceso de canonización los gemidos que en la oración de Domingo se oyen: "¡Señor, compadécete de tu pueblo! ¿Qué va a ser de los pecadores?"

Esa era su preocupación. Ve las almas perdidas, enrededas en la superstición, la ignorancia y la herejía. Ve las almas que han abandonado la Iglesia, la Católica, y han encontrado un refugio en las sectas cátaras y valdenses a las que ven exteriormente como más fieles al Evangelio, más radicales, más perfectas.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Sobre la Iglesia (I)

La voz, la enseñanza y la reflexión de los grandes, podrán ser matizadas pero, desde luego, nunca pasan de moda, conservando el sabor de lo verdadero.

Cuando nuestras torpes palabras se quieren erigir como discursos que tapen lo que los verdaderos maestros ya han dicho, mostramos una ignorancia grande: pensamos que lo anterior no sirve y hay que partir de cero, o pensamos con atrevimiento que nosotros diremos mejor las cosas, con más claridad y convicción. ¡Craso error! Ellos fueron maestros y nosotros simplemente somos ahora aprendices.

Entre los maestros, podemos destacar a Romano Guardini, en pleno siglo XX. El tema será la Iglesia porque necesitamos entenderla en su verdad y misterio, uniendo los aspectos contrarios y distintos, creciendo en su comprensión y abrazándola con amor.

Los escritos de Guardini sobre la Iglesia van a ser una guía segura y cierta. Su lectura alegrará el alma e iluminará la inteligencia.

"Se ha hecho presente un acontecimiento religioso de enorme trascendencia: la Iglesia despierta en las almas.

Esto debe ser entendido correctamente. Es cierto que la Iglesia ha existido siempre y en todo momento ha significado algo decisivo para el creyente. Éste recibió de ella su doctrina y cumplió sus preceptos; la solidez de su ser constituía para él amparo y seguridad. Pero, desde finales de la Edad Media, el despliegue de lo individual alcanzó un cierto nivel, lo cual hizo que la Iglesia ya no fuese experimentada como contenido de la auténtica vida espiritual. El creyente vivía en la Iglesia y era dirigido por ella, pero vivía la Iglesia cada vez menos. La auténtica vida espiritual aparentemente del creyente se inclinaba cada vez más hacia el lado de lo individual. La Iglesia era experimentada como limitativa de este ámbito, quizás, a menudo, como algo opuesto a él; en todo caso, como algo que limitaba lo individual y, por consiguiente, lo verdaderamente espiritual. Según fuese la sensibilidad de cada uno, aparecía esta instancia objetiva como beneficiosa, como inevitable o como agobiante.

lunes, 3 de agosto de 2015

Lo que esperamos de la Santa Misa (y V)

Terminamos un recorrido de catequesis sobre los efectos sacramentales del sacrificio eucarístico, basándonos exclusivamente en lo que los mismos textos litúrgicos rezan.

Las oraciones sobre las ofrendas, con su brevedad, tan característica del rito romano, orientan a los fieles para vivir el Misterio eucarístico en su plenitud.





5. Vida cristiana plena        

Entre los efectos por los que ruegan las distintas oraciones sobre las ofrendas, podríamos reseñar el de obtener una vida cristiana plena.

El organismo sobrenatural de la gracia en nosotros, que se nos dio en el Bautismo y se selló y perfeccionó en la Confirmación, debe desplegarse por completo en nosotros, renovándonos en Cristo, haciendo crecer el Hombre nuevo, creciendo a la medida de Cristo en su plenitud (cf. Ef 4,13).

sábado, 1 de agosto de 2015

Personas o papeles

Los papeles son necesarios para plasmar algo y que quede definitivamente acordado. Expresan el acuerdo y uno se remite a ellos para saber las directrices concretadas, incluso se firman, comprometiéndose a seguirlos. También en el ámbito de la evangelización, "los papeles" son importantes, es decir, los planes pastorales que marcan rumbos, señalan prioridades y se especifican los medios para lograrlos.

Los planes pastorales -nacionales, diocesanos u otros- coordinan de manera que se logren acciones comunes y por el esfuerzo aunado de todos, se avance en una misma dirección sin dispersión de fuerzas.

Pero los planes pastorales, que son herramientas, no son ni la solución ni la panacea para la evangelización y para la vida pastoral de las parroquias, comunidades y movimientos. Son una guía, una orientación eficaz, pero por sí mismos y en sí mismos, de poco servirán si personas concretas, viviendo una experiencia absoluta de Jesucristo no los ponen en marcha.

Además, como herramientas que son, hay que darles su justo valor. La solución no está siempre en cambiar los planes pastorales, con un afán de novedades, sino en centrarse por completo en Jesucristo. Las palabras del papa Juan Pablo II son rotundas: