La voz, la enseñanza y la reflexión de los grandes, podrán ser matizadas pero, desde luego, nunca pasan de moda, conservando el sabor de lo verdadero.
Cuando nuestras torpes palabras se quieren erigir como discursos que tapen lo que los verdaderos maestros ya han dicho, mostramos una ignorancia grande: pensamos que lo anterior no sirve y hay que partir de cero, o pensamos con atrevimiento que nosotros diremos mejor las cosas, con más claridad y convicción. ¡Craso error! Ellos fueron maestros y nosotros simplemente somos ahora aprendices.
Entre los maestros, podemos destacar a Romano Guardini, en pleno siglo XX. El tema será la Iglesia porque necesitamos entenderla en su verdad y misterio, uniendo los aspectos contrarios y distintos, creciendo en su comprensión y abrazándola con amor.
Los escritos de Guardini sobre la Iglesia van a ser una guía segura y cierta. Su lectura alegrará el alma e iluminará la inteligencia.
"Se ha hecho presente un acontecimiento religioso de enorme trascendencia: la Iglesia despierta en las almas.
Esto debe ser entendido correctamente. Es cierto que la Iglesia ha existido siempre y en todo momento ha significado algo decisivo para el creyente. Éste recibió de ella su doctrina y cumplió sus preceptos; la solidez de su ser constituía para él amparo y seguridad. Pero, desde finales de la Edad Media, el despliegue de lo individual alcanzó un cierto nivel, lo cual hizo que la Iglesia ya no fuese experimentada como contenido de la auténtica vida espiritual. El creyente vivía en la Iglesia y era dirigido por ella, pero vivía la Iglesia cada vez menos. La auténtica vida espiritual aparentemente del creyente se inclinaba cada vez más hacia el lado de lo individual. La Iglesia era experimentada como limitativa de este ámbito, quizás, a menudo, como algo opuesto a él; en todo caso, como algo que limitaba lo individual y, por consiguiente, lo verdaderamente espiritual. Según fuese la sensibilidad de cada uno, aparecía esta instancia objetiva como beneficiosa, como inevitable o como agobiante.