Serán muchos los criterios para discernir si algo es "católico" (universal, integrador) o no es católico más que en el nombre. Pero entre estos criterios, hay uno de ellos que merece ser destacado para luego confrontar actuaciones tanto personales como comunitarias.
Este criterio es verificar la apertura o la cerrazón del corazón a la totalidad de la Iglesia; confrontar si el camino que lleva toda la Iglesia, su enseñanza, su vida, los puntos que se resaltan para todos por parte del Magisterio de la Iglesia y del Papa, son asumidos gozosamente y marcan la ruta, o si por el contrario, mientras la Iglesia va caminando, alguien o una comunidad cristiana siguen encerrados en sí mismos, caminando al margen o en dirección contraria a toda la Iglesia -sin juzgar la buena voluntad-.
A veces nos quedamos anclados en un pasado reciente, con un lenguaje propio de otra época (piénsese, por ejemplo, en el lenguaje de los años setenta), con intereses pastorales que son de otro tiempo pero que ya no responden al presente... y la Iglesia, presidida por Pedro, atenta a la voz del Espíritu Santo, ha avanzado, progresado, revisado, señalado otros campos para evangelizar, templado excesos y animando en una renovación más en profundidad.
Criterio de catolicidad seguro es ver si cada cual, si cada Iglesia particular, movimiento, parroquia, etc., caminan con la Iglesia o se han cerrado en sí mismos, hablando, actuando, como hace cincuenta años, recién acabado el Concilio Vaticano II, por señalar una fecha de referencia entre otras posibles.