jueves, 30 de abril de 2015

Los enfermos, ¡lugar y vocación en la Iglesia!

Si la mirada al misterio de la Iglesia fuese solamente natural, sociológica, con perspectivas humanas, en ella buscaríamos sólo lo útil, es decir, la miraríamos como una organización humana más, cuyos miembros estarían cualificados según los "compromisos" y las tareas que asuman para hacerla dinámica, viva, caritativa. Es decir, sólo estarían en la Iglesia los miembros "comprometidos" ya que la Iglesia serviría sólo para hacer cosas, especialmente caritativas, sociales, etc.

Sin embargo, la Iglesia, con elementos visibles y con la organización que requiere un Cuerpo vivo como éste, el Cuerpo místico de Cristo, posee dimensiones sobrenaturales, místicas, invisibles. Quien más hace, tal vez, no es el más "comprometido" en lo social, en Cáritas o en las misiones, sino el contemplativo, la persona orante, el enfermo en su casa. La valoración que haya que hacer entonces será muy distinta; el criterio es el sobrenatural.

La Iglesia, el Templo del Dios vivo, la morada de Dios entre los hombres, está continuamente edificándose con piedras vivas y santas; cada bautizado es una piedra viva, diferente y única a la vez: el ministerio ordenado, la vida consagrada, el padre de familia, la persona que visita enfermos, un catequista, un salmista, un cantor, el ama de casa y la abuela con sus nietos, el misionero, el profesional en su trabajo... y también los enfermos y los ancianos que ya no pueden salir de casa. Todos están en la Iglesia edificándola, cada cual en su estado de vida, en su vocación, en su carisma y con las circunstancias concretas.

Los enfermos en la Iglesia tienen su lugar y su vocación propia, y viviendo en Cristo, están edificando la Iglesia tanto como cualquier otro "más activo" o "más comprometido". Su ausencia visible de la comunidad cristiana por la enfermedad no es desaparición de lo invisible de la Iglesia, sino un modo nuevo de entrar en el Misterio de la Iglesia.

"La Iglesia es, por esto mismo, la matriz de las vocaciones, la oficina de reclutamiento, podríamos decir, para los hombres en busca de un motivo por el que valga la pena vivir, buscar, amar, actuar, sufrir, morir. 

miércoles, 29 de abril de 2015

Pensamientos de san Agustín (XXXI)

Con la ya larga serie de pensamientos de san Agustín, se pretende, en este blog-comunidad de formación, ir asimilando la mente, las líneas maestras de un gran Padre de la Iglesia, haciendo ver que acercarse a los Padres no es tarea difícil ni imposible, y que no son tan complicados como al profano le pueda parecer en un primer momento.


San Agustín es maestro perenne; el mismo santo Tomás de Aquino lo califica siempre en su Suma como "Magister dixit", "el Maestro dice".

La oración personal de petición es eficaz, no por nuestros méritos personales, sino porque Él es bueno. Escucha que llamamos a la puerta, como amigo inoportuno, y se levanta, abre, nos atiende, nos concede lo que necesitamos.
"Vete al Señor mismo, al mismo con quien la familia descansa, y llama con tu oración a su puerta, y pide, y vuelve a pedir. No será El como el amigo de la parábola: se levantará y te socorrerá; no por aburrido de ti: está deseando dar; si ya llamaste a su puerta y no recibiste nada, sigue llamando que está deseando dar. Difiere darte lo que quiere darte para que más apetezcas lo diferido; que suele no apreciarse lo aprisa concedido" (Sermón 105, san Agustín).

martes, 28 de abril de 2015

Participamos todos en la liturgia: de pie


En la liturgia participamos todos cuando, a la vez, estamos de pie. Tiene su sentido, su valor. Las posturas corporales manifiestan la unidad de todos los fieles en la misma acción santa, la liturgia, y una de estas posturas es estar de pie.

Es la postura clásica de la oración cristiana, de hijos rescatados que pueden estar de pie ante Dios orando, sin temor servil ni esclavitud humillante. Así se representan en las catacumbas la imagen del orante y de la orante: de pie, manos extendidas en forma de cruz. Orar de pie es un signo o memoria del Señor resucitado que no yace en el sepulcro, sino que vence y está levantado, de pie, sobre la muerte y el pecado.

            De pie, asimismo, se recibe a quien va a entrar, como signo de honor, respeto y veneración, y de pie se escucha el saludo de quien es superior o su breve discurso y quedarse sentado sería una descortesía, gesto de poca educación. De pie se está como servidores del Señor, atentos a lo que Él, sentado, pueda indicar: Abraham sirve a los tres ángeles en la encina de Mambré y mientras están sentado comiendo, permanece en pie (cf. Gn 18,8).

            Elías debe esperar de pie, ante la gruta, el paso del Señor (cf. 1R 19,11-13). Ante el Señor, los reyes y príncipes de la tierra se pondrán en pie (cf. Is 49,7) como homenaje y reconocimiento. De pie debe ponerse Ezequiel para escuchar las órdenes del Señor y recibir la visión (cf. Ez 2,2); de pie están miles y miles, mientras el Señor se sienta en su trono (cf. Dn 7,9-10; 16); el ejército celestial rodea el trono de Dios permaneciendo de pie a derecha e izquierda (cf. 2Cron 18,18).

lunes, 27 de abril de 2015

El salmo 5


La catequesis de los salmos que estamos haciendo, poco a poco, la realizamos desde la clave espiritual del salmo: esa clave que se traduce en la voz de Cristo al Padre, o voz de la Iglesia a Cristo, o la voz de cada uno de nosotros. Esa es la interpretación espiritual de los salmos, la más elevada y, por supuesto, la más necesaria: saber  interpretar espiritualmente con ojos nuevos lo que hay en la corteza, en la letra del salmo. Pero además de la interpretación espiritual del salmo, está la interpretación moral y la interpretación literal. La interpretación moral es aquella interpretación del salmo que nos enseña cómo vivir según Cristo. Es uno de los modos de lectura que tanto los Padres de la Iglesia como San Bernardo, el último de los Padres de la Iglesia, utilizaban muchas veces en las explicaciones de la Escritura. La interpretación literal es la más sencilla, dentro de lo que cabe, ya que es ir explicando lo que el salmo dice en sí, género, estilo, composición, verbos, etc.


            El salmo de hoy, el salmo 5, que guarda estrecha relación con la primera lectura y queda además iluminado por el Evangelio casualmente -sabéis que no tienen conexión el salmo con el Evangelio en la liturgia de la Palabra- nos viene muy bien para hacer una interpretación moral del salmo, y habituarnos también a sacar la moralidad en las Escrituras, en su recto sentido. "Moral" es una palabra que parece que está desfasada, a nadie le gusta hablar de moral, inmediatamente se le acusa de “moralista”, “eso es moralismo” y, sin embargo, la moral es imprescindible para vivir como creyentes.

Veamos primero el texto entero del salmo:
 
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.

A ti te suplico, Señor:
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo enemigos;
alláname tu camino.

En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.

sábado, 25 de abril de 2015

Lo corporal implicado en la Pascua

Ya san Pablo, en 1Cor 15, tuvo que abordar la pregunta sobre el cómo de la resurrección y el cuerpo resucitado. Las objeciones por los filósofos de los primeros siglos fueron constantes y a ellos respondieron Padres apologetas; también responden a estas cuestiones los Obispos que predican a su fieles o que escriben comentarios bíblicos.

¿Qué es más crear de la nada (ex nihilo) o recomponer lo que ya fue creado? ¿No podrá el Creador intervenir en su naturaleza, en el mundo creado por Él?

No olvidemos que la resurrección de la carne, de nuestra carne, era la piedra de choque del cristianismo con otras filosofías, antropologías y religiones. Es lo peculiar porque anuncia lo que ha visto en su Señor.

"Pero los incrédulos objetan y dicen: ¿Cómo puede recomponerse y reintegrarse en la unidad del cuerpo humano la carne disuelta en la putrefacción o convertida en polvo, incluso también absorbida en lo profundo del mar y dispersa en las olas?

A éstos respondemos, ante todo, con las palabras del apóstol: ¡Necio! Lo que tú siembras no revivirá si antes no muere; y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano de trigo o de otra semilla cualquiera; pero Dios le da un cuerpo a su voluntad.