La meditación, hecha plegaria, de san Juan de Ávila sobre la Pasión de Cristo nos conduce a la intimidad del Señor.
Oramos y vemos la grandeza de la Pasión, los dolores inestimables de Cristo y su inmenso amor por cada uno de nosotros. Todo convida a amor, y todo hiere nuestro corazón para poder responder con amor.
Así, al mismo tiempo, nos dejamos conducir y aprendemos de la doctrina de un gran doctor, san Juan de Ávila, que merece ser conocido por todos.
El Señor calla en su Pasión¡Bendito sea tu callar, Señor, que callaste por dentro y por fuera el día de tu pasión: por fuera, no maldiciendo ni respondiendo; y en lo dentro, no contradiciendo, sino aceptando con mucha paciencia los golpes y las voces, y las penas de tu pasión, pues tanto hablaste en los oídos de Dios, que antes que hablemos somos escuchados!Y esto no es ninguna maravilla, porque cuando nosotros no éramos nada, tú nos hiciste; y antes de que lo supiéramos pedir, nos mantuviste en el vientre de nuestra madre y fuera de él; y, antes de que los pecados nos derribasen, tú nos guardaste; y cuando caímos por nuestra culpa, tú nos levantaste y nos buscaste sin que nosotros te buscásemos; y, lo que es más, antes que naciésemos, ya tú habías muerto por nosotros, y nos tienes aparejado tu cielo. No es mucho que de quienes tanto cuidado has tenido, antes que lo tuviesen de ti, lo tengas en esto; y que, viendo tú de qué teníamos necesidad, nos lo des muchas veces, sin esperar a que nos cansemos pidiéndotelo, pues tú te cansaste tanto pidiéndolo y ganándolo para nosotros.




