martes, 10 de febrero de 2015

Recuperar lo sencillo de la vida cristiana

Tal vez lo más básico y sencillo se olvida con más facilidad; y aquello que se omite, va desvirtuando los contornos. La identidad como católicos parece en algunos momentos desdibujada, con perfiles borrosos, difuminados, porque en ocasiones los elementos fundamentales, sencillos, los tenemos algo olvidados.


La identidad católica debe ser reafirmada, sin mezclas extrañas, sin síntesis con otras formas de vida, para dar un testimonio claro y elocuente de lo que somos y de lo que vivimos. Difuminada o disimulada la identidad católica, podríamos ser una sal que ya no sazona nada o una luz que se oculta y no ilumina. Esta identidad hemos de fortalecerla, sencillamente, sin imponer a nadie, en el plano personal (cada uno), en el familiar y en el comunitario.

domingo, 8 de febrero de 2015

Asociados al sufrimiento del Redentor

El sufrimiento del Señor en su pasión y su cruz fue un sufrimiento redentor y vicarial: por nosotros y en nuestro lugar; así fuimos salvados con el alto precio de la sangre del Cordero. Él, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, fue inmolado por nosotros.


La redención, motivo de la Encarnación del Verbo, se obró por la pasión y la cruz del Señor que miraba a nuestro bien. 

Pero hoy, en este tiempo, su sufrimiento es compartido también por los miembros de su Cuerpo; incluso algunos especialmente han sido elegidos para que, viviendo una existencia martirial de múltiples formas, completen en el presente la redención en favor de la totalidad del Cuerpo (cf. Col 1,24).

viernes, 6 de febrero de 2015

Oración en lo interior

La oración nos adentra en la zona más reservada y más sublime: en lo interior de uno mismo, allí donde Dios es más interior que uno mismo, y donde mora el Espíritu haciendo de nosotros su Templo.


En la oración empezamos a contemplar el Misterio de Dios y se nos descubren horizontes insospechados y gratuitos. Se le conoce a Él y el alma se va conociendo a sí misma. Por lo que la oración se muestra como recurso imprescindible y como vida del alma.

Hay que entrar en lo interior, superando los recuerdos, las sensaciones y la imaginación; afrontando las múltiples llamadas exteriores que nos reclaman y la dispersión que nos fragmenta como personas. Entrando en lo interior, allí vemos y oímos al Maestro de la verdad.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Las ofrendas de la Misa (IV)

Después de ver lo que el Misal romano marca sobre las ofrendas de la Misa, la lección siempre esclarecedora de la historia, y por último, la comparación con otros ritos y familias litúrgicas (bizantina e hispano-mozárabe), vamos a la praxis del rito romano hoy.





4. Lo propio de nuestro rito romano

El rito romano, mucho más sobrio, ofrece una procesión de ofrendas de los elementos que se van a consagrar, la materia del sacrificio, a los que se pueden añadir donaciones para la iglesia o para los pobres, acompañado el rito con un canto. Las oraciones sobre las ofrendas resaltan exclusivamente los dones que van a ser transformados, consagrados, santificados:


“Señor, recibe con bondad nuestros dones y al consagrarlos con el poder de tu Espíritu, haz que se conviertan para nosotros en dones de salvación”[1]; “acepta, Señor, nuestros dones, en los que se realiza un admirable intercambio, para que al ofrecerte lo que tú nos diste, merezcamos recibirte a ti mismo[2]; “el mismo Espíritu, que cubrió con su sombra y fecundó con su poderlas entrañas de María, la Virgen Madre, santifique, Señor, estos dones que hemos colocado sobre tu altar”[3].


Es la misma liturgia con sus oraciones la que nos ayuda a centrar la procesión de ofrendas en las verdaderas ofrendas, la del pan y la del vino, la de todo el pan eucarístico necesario y el vino, despojando esta procesión de los aditamentos y elementos que se le han superpuesto y la han trastocado tanto en un sentido muy antropocéntrico y moralizante (“te ofrecemos… signo de nuestro compromiso por…”).

lunes, 2 de febrero de 2015

El valor perenne de la teología de von Balthasar

Hay afirmaciones o escritos que son de compromiso, y se nota que son de compromiso: se recurre a tres lugares comunes, tres tópicos que no comprometen, y se sale airoso del paso. Esto también sirve, en ocasiones, para el Magisterio pontificio, que, con suavidad, debe a veces ser tan sutil que hay que leer entre líneas ciertos Mensajes, Cartas o Discursos, ya que junto a una somera alabanza inicial de la persona o del acontecimiento, viene luego una carga de profundidad, escrita o dicha tan suavemente, que los torpes o encegados no quieren o no saben descubrir.


Pero hay muchas otras ocasiones, también en el Magisterio, donde sin trabas, se ve ardor, pasión, recalcando algo.

Éste es el caso de un Mensaje del papa Benedicto XVI a un Congreso sobre von Balthasar. No es un telegrama, o una nota breve, de adhesión impartiendo la Bendición Apostólica al final, sino una glosa de la persona de Hans Urs von Balthasar, donde no se ahorran elogios, y luego una descripción del volumen y alcance de su teología.

Este Mensaje de Benedicto XVI bien podría servir como una guía inicial para conocer y captar los núcleos del pensamiento teológico de Balthasar.

De paso, y no menos importante, es destacar cómo tanto Balthasar como su teología, está en absoluta sintonía eclesial y es un Papa quien lo ensalza. Jamás se le puede tachar de liberal, modernista o progresista: es una Papa quien reconoce el valor de Balthasar.



"Señores cardenales;

venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;

ilustres señoras y señores:



Con gran placer me uno espiritualmente a vosotros en la celebración del centenario del nacimiento de Hans Urs von Balthasar, insigne teólogo suizo, al que tuve la alegría de conocer y tratar. Creo que su reflexión teológica conserva intacta hasta hoy una gran actualidad e impulsa aún a muchos a adentrarse cada vez más en la profundidad del misterio de la fe, llevados de la mano por un guía tan autorizado. En una ocasión como esta es fácil caer en la tentación de volver a los recuerdos personales, a causa de la sincera amistad que nos unía y por los numerosos trabajos que emprendimos juntos, afrontando los numerosos desafíos de aquellos años. La fundación de la revista Communio, inmediatamente después del concilio Vaticano II, es el signo más evidente de nuestro compromiso común en la investigación teológica. Sin embargo, ahora no quiero hablar de recuerdos, sino más bien de la riqueza de la teología de von Balthasar.