Lo que pretendemos con estas catequesis sobre los salmos es saber interpretarlos, los 150 salmos, e interpretarlos como la voz de Cristo, o la voz de la Iglesia, y hacer de los salmos nuestra plegaria personal con el Señor y nuestra plegaria como Iglesia al Señor cuando se cantan en la liturgia.
El salmo de hoy es de los más sencillos en cuanto a la interpretación, el salmo 147. Si cambiamos la primera palabra del salmo, “Jerusalén”, por el sentido que siempre se le pone en la tradición cristiana a la palabra Jerusalén, el salmo cobra toda luz. Jerusalén, la verdadera Jerusalén, es la Iglesia. A partir de ahí el salmo se vuelve transparente.
“Glorifica al Señor, Jerusalén”. Glorifica al Señor, Iglesia santa, “alaba a tu Dios”. Es una de las formas de ser Iglesia, una expresión de su ser y de su propia naturaleza. Es verdad que hay que atender a los pobres, hay que tener presencia social, hay que hacer apostolado, hay que dignificar el mundo del trabajo, hay que santificarse en las realidades cotidianas... pero no menos importante ese sentido de la Iglesia como un pueblo que alaba a su Señor, que vive en la alabanza. Pensemos que la Iglesia es el Pueblo del Señor, que le pertenece y, por tanto, le adora y le glorifica.
Y le glorificamos y le alabamos porque “ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti”. Estas puertas son aquellas de las que el Señor le entregó las llaves a Pedro, “y el poder del infierno no la derrotará”. El Señor ha hecho las puertas de la Iglesia fuertes, encomendándole las llaves a Pedro, el Papa, sucesor de Pedro.
“Ha bendecido a tus hijos dentro de ti”. El Señor, dice un salmo, “bendice a su pueblo con la paz”. Nosotros por el bautismo somos los hijos de Dios, por puro amor y “por pura gracia” de Dios, no porque seamos mejores o peores que nadie, pero sí es verdad que somos sus hijos y que el Señor nos bendice. Lo recordamos muchas veces con el cántico de Ef 1, 3ss en las vísperas de los lunes y en otras solemnidades: "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo; Él nos ha bendecido en la persona de Cristo".



