miércoles, 10 de diciembre de 2014

Las ofrendas de la Misa (III)

Seguimos avanzando para comprender mejor qué son las ofrendas de la Misa, qué contienen, qué se lleva al altar, qué se ofrece y porqué.

Ya vimos lo que establece al actual Misal, y por tanto es normativo para todos.

También hicimos una rápida incursión por la historia de la liturgia.

Ahora avanzamos en otra dirección.

 

3. El ejemplo comparado de otras familias litúrgicas

            Argumentemos, además, con dos ritos: el bizantino y nuestro rito hispano-mozárabe, porque la liturgia comparada puede ayudar a entender la nuestra y realizarla mejor, eliminando los añadidos, tan antropocéntricos, que la han distorsionado.


                        a) Divina Liturgia bizantina

            En la liturgia bizantina, la llamada “Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo”, los dones son llevados en procesión por la nave de la iglesia, en manos del diácono y del sacerdote, hasta entrar por el iconostasio y llegar al altar.

domingo, 7 de diciembre de 2014

El prefacio III de Adviento



Otro prefacio para la primera parte del Adviento es el prefacio III, de redacción nueva, más largo, más explícitamente bíblico en su estilo. Canta a “Cristo, Señor y Juez de la historia”.



En verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor
himnos de bendición y de alabanza,
Padre todopoderoso,
principio y fin de todo lo creado.

Tú nos has ocultado el día y la hora
en que Cristo, tu Hijo,
Señor y Juez de la historia,
aparecerá, revestido de poder y de gloria,
sobre las nubes del cielo.
           

            El lenguaje es apocalíptico: fenómenos en el cielo, los astros tambaleándose, etc. Y los discípulos preguntan: “¿cuándo será eso?”, pero la respuesta es enigmática: “ni el Hijo del hombre lo sabe, sólo el Padre. Vosotros velad y orad”.

            Se nos “ha ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia, aparecerá”. Quien fue juzgado por un Sanedrín prevaricador y por un gobernador romano acobardado, que rehuía la Verdad incómoda, va a venir como Señor y Juez de la historia: “se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros…” (Mt 25).

sábado, 6 de diciembre de 2014

Pensamientos de San Agustín (XXIX)

Es propio de la enseñanza saber compendiar en frases lo principal de una doctrina, facilitando así la tarea de síntesis en el oyente de todo un discurso prolongado y dejando que se grabe en la memoria. De esta manera, el oyente puede volver una y otra vez a lo escuchado gracias a esa sentencia memorizada, compendiar grandes verdades en una fórmula breve.


Los pensamientos de san Agustín, si los leemos varias veces y llegamos a memorizar, son una enseñanza espiritual y teológica de primer orden para nosotros; al fin y al cabo, hemos de nutrirnos y aprender de la Tradición. Miserere los ofrece con frecuencia; aquí gracias a su trabajo, los recopilamos y ofrecemos.

La oración nunca puede ser formal, exterior, hiératica, por mero cumplimiento de deberes; sólo el afecto a Dios, amado, sumamente amado, puede mover la oración, y es ese afecto el que toca las puertas del corazón de Dios.
Lo que decís, decidlo de corazón. Haya afecto en quien ora y causará efecto en quien escucha (San Agustín, Serm. 56,5).
Nuestra situación existencial es la de "viatores", es decir, caminantes, peregrinos. Antiguamente había una concepción vital más clara de este aspecto, porque la escatología no era algo extraño ni lejano, sino que estaba muy presente en la predicación y en la vida cristiana. Nuestra patria es el cielo y aquí estamos como desterrados; nuestra morada es el cielo y nuestro deseo debe ser la vida de los bienaventurados.
¿Qué prometió? La vida eterna, dejándonos las arras del Espíritu. La vida eterna es la posesión de los moradores, mientras que las arras son un consuelo para los peregrinos (San Agustín, Serm. 378).

jueves, 4 de diciembre de 2014

El prefacio I de Adviento



El primer prefacio se titula “las dos venidas de Cristo”. Su factura es clásica, romana, concisa. Relaciona las dos venidas de Cristo marcando sus diferencias, pero formando parte de un mismo plan de Dios: la historia de la salvación.



En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias…
por Cristo, Señor nuestro.

Quien al venir por vez primera
en la humildad de nuestra carne,
realizó el plan de redención trazado desde antiguo
y nos abrió el camino de la salvación.


            Dos venidas de Cristo: la primera ya se produjo, con absoluta sencillez, en Belén, naciendo de la Virgen María, la segunda, muy distinta, será al final de la historia, el momento último de todo, como confesamos en el Credo: “y vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin”.

martes, 2 de diciembre de 2014

Esperanza, esperanzas... ¡posibles!



Una esperanza grande, verdadera y superior: a eso nos convoca el tiempo santo de Adviento.

Busca ensanchar el corazón. La mirada va más allá que la de las inmediatas fiestas navideñas. El trabajo interior al que conduce el tiempo de Adviento supera lo inmediato de la Navidad siguiente.


           La esperanza cristiana se ancla en el Señor y en su Palabra; de Cristo nos podemos fiar siempre y de Él siempre podemos esperar.

            Es verdad que muchas cosas nos roban la esperanza: decepciones y fracasos personales, experimentar una y otra vez nuestras caídas y pecados. Nos cansamos y casi nos desesperanzamos.

            La realidad que nos rodea y salta en los medios de comunicación también decepciona y cansa: problemas, crisis, corrupción en todos los órdenes, violencia constante, injusticias…