miércoles, 10 de septiembre de 2014

Magisterio: sobre la evangelización (XX)

La evangelización de Europa es un tema muy querido y repetido en el Magisterio. Tal vez porque Europa nació cristiana, fue una gran evangelizadora, y hoy se encuentra descristianizada y con una secularización galopante y agresiva.

Europa -el Occidente en sentido amplio- ha renegado de sus raíces siguiendo diversas ideologías, y se encuentra perdida, sin referentes. Las crisis económicas, aun siendo tan graves, no son lo peor, sino el reflejo de crisis mayores en el ámbito moral, social, cultural, espiritual. 
"¡Europa necesita a Cristo! !Necesita entrar en contacto con Él, apropiarse de su mensaje, de su amor, de su vida, de su perdón, de sus certezas eternas y exaltantes! Necesita comprender que la Iglesia querida por Él fue fundada con el único fin de transmitir y garantizar la Verdad revelada por Él, y mantener vivos y actuales los medios de salvación instituidos por Él mismo, es decir, los Sacramentos y la oración. Esto lo comprendieron espíritus elegidos y pensantes, como Pascal, Newman, Rosmini, Soloviev, Norwid.
Nos encontramos con una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que prospera una penosa incertidumbre moral, con la disgregación de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y de movimientos. La crisis de la civilización (Huizinga) y el ocaso de Occidente (Spengler) quieren significar solamente la extrema actualidad y necesidad de Cristo y del Evangelio. El sentido cristiano del hombre, imagen de Dios, según la teología griega tan querida por Cirilo y Metodio y profundizada por san Agustín, es la raíz de los pueblos de Europa y por ello hay que recordarlo con amor y buena voluntad para dar paz y serenidad a nuestra época: sólo así se descubre el sentido humano de la historia, que es en realidad "Historia de salvación"" (Juan Pablo II, Discurso sobre las comunes raíces de las Naciones de Europa, 6-noviembre-1981).

Constatamos, sin duda, la necesidad de emprender una nueva evangelización amplia, pensada a gran escala -siempre mayor que lo local, mayor que el propio campanario-. Se juega el bien de Europa:

lunes, 8 de septiembre de 2014

Cristo, camino de la Iglesia

Hay discursos que han marcado una etapa en la vida de la Iglesia, señalando un fundamento y orientando. Han sido una hoja de ruta para la vida de la Iglesia. No sólo hemos guardado una memoria agradecida de dichos discursos, sino que leídos con el paso del tiempo, siguen siendo programáticos; tienen vida; son eficaces, elocuentes.


Una de esas perlas del Magisterio pontificio la vamos a releer, con gratitud, pero también con inteligencia abierta, dejándonos interpelar, revisar, animar, estimular.

Es el discurso de apertura de la II Sesión del Concilio Vaticano II, pronunciado por el recién elegido Pablo VI apenas unos meses atrás. Un gran discurso, esperado por todos, para saber cómo iba a abordar el Concilio, qué esperaba, qué señalaba el Papa. Fue efectivamente grande ese discurso, memorable como varios otros que han resultado brillantísimos en el conjunto de su fecundo magisterio. Pablo VI era un maestro de la palabra, como igualmente lo ha sido Benedicto XVI.

El camino del Concilio Vaticano II y por tanto el camino de la Iglesia es Cristo, recuperar la centralidad de Cristo, adorar a Cristo. ¡Qué fuerza tienen sus palabras, qué vigor, qué ímpetu!


                "Volvemos, pues, hermanos, a emprender el camino. Este sencillo propósito trae a nuestro ánimo otro pensamiento tan importante y tan luminoso que nos obliga a comunicarlo a esta asamblea aun cuando ya está informada e ilustrada sobre él.

   

sábado, 6 de septiembre de 2014

Los tipos de silencio en la Misa

El cultivo del silencio en la acción litúrgica favorece la sacralidad del rito, su profundidad y su verdadera participación plena, consciente, activa, interior y fructuosa.


“Pastoral” será también el trabajo educador en torno al silencio ya que muestra la Presencia de Cristo propiciando la respuesta de fe; en palabras de Juan Pablo II:
“Puesto que la Liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Cristo, es necesario mantener constantemente viva la afirmación del discípulo ante la presencia misteriosa de Cristo: «Es el Señor» (Jn 21, 7). Nada de lo que hacemos en la Liturgia puede aparecer como más importante de lo que invisible, pero realmente, Cristo hace por obra de su Espíritu. La fe vivificada por la caridad, la adoración, la alabanza al Padre y el silencio de la contemplación, serán siempre los primeros objetivos a alcanzar para una pastoral litúrgica y sacramental” (Juan Pablo II, Carta Vicesimus Quintus Annus, n. 10).

jueves, 4 de septiembre de 2014

La oración sobre las ofrendas - I

Una de las oraciones sobre la Misa, que a lo mejor pasa desapercibida, es la oración sobre las ofrendas. De ella bien podemos entresacar teología, espiritualidad... y un poco de liturgia, de lógica litúrgica, es decir, de sentido común sobre las ofrendas, su valor y alcance.





1. Descripción


            Es una característica del rito romano que en cada Misa se recen (o se canten) tres oraciones menores: la oración colecta, la oración sobre las ofrendas y la oración después de la comunión. Cada una de ellas, breve, concisa en su estilo orante, cierra un rito con una procesión incluida. La oración colecta concluye los ritos iniciales con la procesión de entrada; la oración sobre las ofrendas cierra el rito de preparación de los dones con la procesión de ofrendas y, por último, la oración final concluye el rito de comunión con la procesión de los comulgantes hasta el altar.

            Las tres oraciones, aun en la concisión y brevedad, sin frases largas ni muy adjetivadas, ilustran el momento de la Misa en que se rezan, y son, como todo texto litúrgico, un manantial de piedad, de espiritualidad y también de teología. Cuando los fieles las oyen recitar con sentido y unción, sin apresuramiento, les parecen hermosas y comprensibles; más aún cuando se acostumbra a todos a meditar personalmente con los textos de la liturgia y no exclusivamente con “el Evangelio del día”.

            Acudiendo a la Introducción General del Misal Romano hallamos la descripción y realce de estas tres oraciones:


            “Estas oraciones las dirige a Dios el sacerdote que preside la asamblea actuando en la persona de Cristo, en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes. Con razón, pues, se denominan ‘oraciones presidenciales’” (IGMR 30).


martes, 2 de septiembre de 2014

Resurrección, nueva creación

La resurrección de Jesucristo, centro del cristianismo, es el factor último que inicia la nueva creación que esperamos. Con Él todo empieza, todo es nuevo, todo es renovado.


La creación del cielo y de la tierra, de todo cuanto existe, de los seres vivientes, es leída, interpretada y recreada por la Pascua del Señor. Pensemos, por ejemplo, en la primera lectura de la Vigilia pascual: el relato de la creación inaugura la larga liturgia de la Palabra que culmina en el evangelio de la Resurrección y es interpretada por la bellísima oración de san León Magno, "oh Dios, que de manera admirable creaste al hombre y de manera más admirable aún lo redimiste...". Pensemos, también, como en las Laudes dominicales entonamos el canto de las criaturas de Daniel, alabando la creación al Señor por su santa resurrección.