jueves, 31 de julio de 2014

Participar en la liturgia es orar


            Tal vez incluso alguien se sorprenda al identificar estos dos verbos, participar = orar, y sin embargo no hay participación verdadera sin oración y la oración (personal y común en la liturgia) es un modo importantísimo de participación.


            La liturgia es, ante todo, oración, la gran oración de la Iglesia que se une a Jesucristo y participar, por tanto, será orar en la liturgia, orar la liturgia. 

           “La liturgia es también participación en la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella toda oración cristiana encuentra su fuente y su término. Por la liturgia el hombre interior es enraizado y fundado (cf Ef 3,16-17) en "el gran amor con que el Padre nos amó" (Ef 2,4) en su Hijo Amado. Es la misma "maravilla de Dios" que es vivida e interiorizada por toda oración, "en todo tiempo, en el Espíritu" (Ef 6,18)” (CAT 1073). 

             Y también enseña el Catecismo cómo la liturgia es una de las fuentes de la oración, durante la liturgia misma y después de la liturgia, a modo de prolongación e interiorización:

martes, 29 de julio de 2014

Cristianismo y dolor

El cristianismo no es dolorismo: no ama el dolor por el dolor, ni mucho menos. Más bien, el cristianismo muestra cómo el dolor, el sufrimiento, pueden ser vividos, ofrecidos, otorgándole así un valor redentor, salvífico.

Las presentaciones doloristas del cristianismo, tan en boga en otras épocas y en ciertos ámbitos, no corresponden a la verdad. El cristiano no sufre por sufrir, ni ama el dolor por el dolor mismo. El cristiano sí sabe cómo vivir el sufrimiento y el dolor cuando se presentan. Además, las mortificaciones que pueda (debe) practicar no buscan tanto el dolor, o el fastidio, cuanto el vencimiento de la voluntad, el ejercicio de la reparación y la unión con el Señor crucificado.

El cristianismo es una escuela de vida que tiene por Maestro al Señor Jesucristo. Y vivir, muchas veces, es saber encajar el dolor y el sufrimiento, al que nadie nos prepara, únicamente el Señor nos da lecciones sublimes.

domingo, 27 de julio de 2014

La luz de los santos (Palabras sobre la santidad - V)

Cuando Cristo dice: "Vosotros sois la luz del mundo", y el Apóstol señala que los cristianos son estrellas en el firmamento: "Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en resplandor" (1Co 15,41), vemos estas palabras cumplidas sobradamente en los santos, en cada santo, en su existencia particular, concreta, histórica.



Los santos son luz en el mundo, lámparas en la ciudad, estrellas que no producen una luz propia sino que reverberan la luz que reciben de Jesucristo, Sol de justicia. Así se erigen como luz para nosotros, brillando en la noche del mundo, para que nuestros pasos se encaminan siempre hacia Cristo. Son luz para entender las Escrituras, pues ellos son una plasmación de la Palabra misma; son luz para señalar caminos nuevos de santidad, de comunión y de misión en cada época y generación.

sábado, 26 de julio de 2014

Oración del laicado católico

Es ésta una plegaria escrita por Pablo VI para el Congreso del Apostolado de los laicos en 1967. Podría muy bien ser la oración del apóstol católico, del seglar católico, que lleno de Cristo, respaldado y acompañado por la Iglesia, está ante el mundo y la vida pública desarrollando su vocación laical.


"Nosotros, hombres de este siglo, Laicos del Pueblo de Dios, Católicos deseosos de ser fieles y activos, hijos y hermanos en Tu Santa Iglesia,

Te miramos a Ti, Jesucristo nuestro Señor, Maestro y Salvador de la humanidad, como a la Luz del mundo, e iluminados por Ti, Te pedimos nos hagas comprender este resplandor Tuyo sobre nosotros como una vocación. –Amén.


jueves, 24 de julio de 2014

Magisterio: sobre la evangelización (XVIII)

¿Retomamos para la nueva evangelización algo que hemos perdido?

Lo hicimos en su momento y fue enriquecedor. La cultura recibió magníficas expresiones y formas, transidas de belleza y espiritualidad, cuando la fe buscó cauces de expresión. Una larga historia lo avala, si se recorre con objetividad.


En vez de ser antagónicas, pensando que la fe es subjetividad y sentimiento, y la cultura es objetividad y razón, la alianza de ambas fue fecundísima.

Pero en un cierto momento, fruto de la modernidad y de otras causas, los caminos se bifurcaron sin llegar a encontrarse. La fe se refugió mucho en sus iglesias perdiendo su influjo en la sociedad, su capacidad de belleza en muchos casos,  y la cultura prescindió de la espiritualidad cristiana para transitar senderos que, en muchas ocasiones, acababan en precipicios.

Hagamos memoria.