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domingo, 26 de octubre de 2014

Plegaria: Cristo medianero (S. Juan de Ávila)

Un solo Mediador tenemos, Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote, en el Santuario del cielo.

Allí muestra sus llagas gloriosas ante el Padre e intercede por nosotros; desde allí, derrama el Espíritu Santo sobre sus hermanos y su Esposa la Iglesia.


Es el Mediador, el medianero -en palabras de san Juan de Ávila, doctor-. A Él podemos recurrir confiados en su omnipotencia salvadora.

A Él oramos hoy con palabras de san Juan de Ávila, para así, de paso, conocer y saborear la doctrina y estilo de este doctor de la Iglesia.



Cristo mediador


            Gracias, Señor, sean dadas a tu nombre, pues por él somos escuchados.

            Que no te contentas con ser nuestro medianero, para merecernos la gracia que de ti recibimos, ni con ser nuestra cabeza, que nos enseña y mueve a orar por tu Espíritu, como conviene, sino que también quieres ser nuestro pontífice en el cielo, para que, presentando a tu Padre la sagrada humanidad que tienes, y la pasión que recibiste, alcances el efecto de lo que en la tierra pedimos invocando tu nombre.

sábado, 26 de julio de 2014

Oración del laicado católico

Es ésta una plegaria escrita por Pablo VI para el Congreso del Apostolado de los laicos en 1967. Podría muy bien ser la oración del apóstol católico, del seglar católico, que lleno de Cristo, respaldado y acompañado por la Iglesia, está ante el mundo y la vida pública desarrollando su vocación laical.


"Nosotros, hombres de este siglo, Laicos del Pueblo de Dios, Católicos deseosos de ser fieles y activos, hijos y hermanos en Tu Santa Iglesia,

Te miramos a Ti, Jesucristo nuestro Señor, Maestro y Salvador de la humanidad, como a la Luz del mundo, e iluminados por Ti, Te pedimos nos hagas comprender este resplandor Tuyo sobre nosotros como una vocación. –Amén.


jueves, 19 de junio de 2014

Plegaria: Pasión de Cristo, nuevo y verdadero Adán

San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia, bebió de los Padres de la Iglesia la forma de leer el Antiguo Testamento como tipo, figura y profecía del Nuevo Testamento. Cada personaje, cada acontecimiento, era tipo de lo que había de cumplirse en Cristo.

La oratoria avilista se explaya muchas veces en forma de oración y plegaria dirigida a Cristo. Ahí se ve la fina sensibilidad de san Juan de Ávila, a la vez que se observa su profundo arraigo no en devociones sensibleras, sino en la misma Tradición.



Con él vamos a orar hoy, de manera teológica a la par, asumiendo los modos teológicos de orar de san Juan de Ávila y penetrando en su contenido: Cristo es el nuevo Adán.



"Amor, dolor y Pasión de Cristo, nuevo Adán


            ¡Qué caro, Señor, te cuesta el nombre de Padre del siglo futuro (cf. Is 9,6) que te puso Isaías! Pues, así como ningún hombre hay que, según la generación de la carne, que se llame el primer siglo, no venga de Adán, así tampoco hay nadie que, según el ser de la gracia, no venga de ti. Pero Adán fue un mal padre, que por malos placeres se mató a sí y a sus hijos; pero tú, Señor, alcanzaste el nombre de Padre a costa de tus dolorosos gemidos, con los cuales, como leona que brama, diste la vida a los que el primer padre había matado.


martes, 18 de marzo de 2014

Plegaria: Pasión

Elevemos hoy nuestra plegaria a Dios y sea el esto de la misma plegaria, realizada personalmente, una catequesis que evangelice las fibras de nuestro corazón.

Son los santos grandes orantes, grandes evangelizadores; y en este caso, sea san Juan de Ávila el que guíe nuestra plegaria a la Pasión del Señor, considerándola y despertando el afecto hacia el Señor.



           "¡Jesús benditísimo!, que verte por fuera atormentado quiebra el corazón del cristiano, y verte por dentro quebrantado por algunos dolores, no hay vista ni fuerza que lo pueda soportar.

            Tres clavos, Señor, rompieron tus manos y tus pies con fuertes dolores; setenta y tantas espinas se dice que penetraron tu divina cabeza; tus bofetadas e injurias fueron muchísimas; y de los crueles azotes que recibió tu delicadísimo cuerpo, se dice que pasaron de cinco mil.

            Por esto, y por otras muchas penas que concurrieron en tu pasión, tan graves que otro que tú, que las pasaste, no las alcanza, se había dicho refiriéndose a ti mucho tiempo antes: Todos los que pasáis por el camino, atended y mirad si hay dolor igual al mío (Lm 1,12).

domingo, 25 de agosto de 2013

Lo importante eres Tú

Encontré este texto en una Hora santa que nos distribuyeron. No sé el autor -para poderlo citar- pero contiene intuiciones preciosas.

Lo hacemos nuestro, leyendo con suavidad, ante Cristo.


*******

Lo más importante no es que yo te busque... sino que Tú me buscas en todos los caminos.

Lo más importante no es que yo te llame por tu nombre... sino que Tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos.

Lo más importante no es que yo te grite cuando no tengo ni palabra... sino que Tú gimes en mí con tu grito.

miércoles, 12 de junio de 2013

Para alcanzar la humildad... ¡del Corazón de Jesús!

¡Jesús!



"Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, tú nos dijiste: ‘aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y vuestra alma encontrará descanso’. Sí, poderoso Monarca de los cielos, mi alma encuentra en ti su descanso al ver cómo, revestido de la forma y de la naturaleza de esclavo, te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles. Entonces me acuerdo de aquellas palabras que pronunciaste para enseñarme a practicar la humildad: ‘Os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. El discípulo no es más que su maestro… Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica’. Yo comprendo, Señor, estas palabras salidas de tu corazón manso y humilde, y quiero practicarlas con la ayuda de tu gracia.

sábado, 4 de agosto de 2012

Oración al Señor

Una oración al Señor, una verdadera elevación del alma a Dios, nos ofrece hoy san Juan María Vianney, el santo cura de Ars.

Con él, elevamos nuestro corazón a Dios, sumamente Amado, al que más hemos de amar porque es el único digno de amor.



"Te amo, Dios mío.

Mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida.

Te amo, Dios infinitamente amoroso,
y prefiero morir amándote que vivir un instante sin amarte.

Te amo, Señor,
 y la única gracia que te pido
 es la de amarte eternamente.

Dios mío, si mi lengua no puede decir  en cada instante
 que te amo, quiero que mi corazón lo repita cada vez que suspiro.

Te amo, mi Dios Salvador,
porque has sido crucificado por mí,
y me tienes crucificado contigo.

Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo".

"Amén".

martes, 13 de marzo de 2012

Tú eres nuestro refugio (Plegaria)

En los combates y en las luchas, el Señor es nuestro refugio.

En las adversidades y contradicciones, el Señor es nuestro refugio.


En los peligros y dificultades, el Señor es nuestro refugio.

En las debilidades y flaquezas, el Señor es nuestro refugio.

En las soledades y amarguras, el Señor es nuestro refugio.

En las búsquedas y tanteos, el Señor es nuestro refugio.

En las aflicciones y persecuciones, el Señor es nuestro refugio.

jueves, 26 de enero de 2012

Plegaria: El deseo de Cristo

Un ejemplo de "teología de rodillas", de la vinculación entre teología y santidad, es san Ambrosio. Y si no, baste leer y orar el texto que hoy tomamos como plegaria para descubrirlo. Sólo un gran orante-contemplativo será un gran teólogo y puede orar de esta manera suplicando esa Presencia que rompe toda soledad, ahuyenta toda tiniebla, hace renacer el gozo y la esperanza.



Con las palabras de san Ambrosio oramos hoy y dejamos que el corazón y la inteligencia se evangelicen, se conformen a imagen de Cristo, con un deseo siempre creciente de su Persona.

"Ven, Señor Jesús, 
ven a buscar a tu servidor,
ven a buscar a tu oveja fatigada,
ven, pastor...

Ven sin hacerte ayudar,
sin hacerte anunciar;
hace tiempo que espero tu venida.

Sé que vendrás, pues "no he olvidado tu voluntad".

Ven sin vara, sólo con tu amor y tu espíritu de dulzura.
No dudes en dejar en las montañas a tus noventa y nueve ovejas,
pues las que están en las montañas no pueden ser atacadas por lobos rapaces:
en el paraíso la serpiente sólo pudo dañar una vez...

domingo, 11 de septiembre de 2011

Plegaria a Cristo (ternura del alma enamorada)

Me apropio de esta plegaria que compuso una religiosa de vida activa que se dirigió conmigo.

¡Cuánta santidad hay en la Iglesia!

Está escondida, discreta; porque la santidad, perfección de la caridad, no es un metal que resuena ni unos platillos que aturden. Pero cuando se abre el alma y se ve la interioridad sincera, se revela cuánta santidad concreta, conviviendo con nosotros, hay en nuestra Iglesia. ¡Eso la hace grande, bendito Misterio de la Iglesia!

Oremos pues y digamos a Cristo:

"¿Dónde te escondes, Señor,
dónde tienes tu morada?

Te buscan estos mis ojos,
pero no logran ver nada.
Quieren tocarte mis manos,
pero quedan defraudadas.
Mis oídos nunca escuchan
tu voz dulce y delicada.

No puedo poner un ósculo
en tus dos manos llagadas,
ni tampoco de tus pies
puedo besar las pisadas.

¿De qué color son tus ojos?
¡Ay, quién viera tu mirada!
¿Qué timbre tiene tu voz?
¡Si pudiera yo escucharla!
¿Qué forma tienen tus manos?
¡Si pudiera yo tocarlas!
¿Cómo es toda tu persona?
¡Quién pudiera contemplarla!

viernes, 11 de marzo de 2011

Cristo ayunando, modelo de los ayunan


Pero ¿por qué digo el ejemplo de un antiguo pueblo, cuando hace poco tiempo Jesús, fatigado en nuestros frágiles miembros, ayunó, aunque era de corazón puro; el que por boca del profeta había sido llamado antes “Emmanuel”, es decir, “Dios con nosotros”;

el que con la austera ley de la virtud hizo libre este cuerpo, muelle por naturaleza y cautivo bajo el flojo yugo de los placeres, el emancipador de la criatura esclava y debelador de la pasión que antes reinaba sobre ella?


Retirado, pues, un paraje inhospitalario, durante el espacio de cuarenta días no reclamó el favor de alimento alguno, fortaleciendo ciertamente con el ayuno el vaso del cuerpo, incapaz de recibir los verdaderos gozos.


Maravillado el enemigo (el demonio) de que el barro corrompido (el cuerpo) pudiera sostener y soportar tanta fatiga, explora preguntando con artera maña si en verdad Dios estaba encarnado en aquellos miembros terrenales; pero, descubierta su astucia reprendida, cae de espaldas derrotado.


Sigamos nosotros ahora, cada uno según sus propias fuerzas, el ejemplo que Tú, Cristo, maestro de esta doctrina sacra, diste a tus seguidores, para que, cuando el espíritu haya vencido la pasión voraz de la comida, celebre cual general su gran triunfo.


Esto es lo que con malos ojos mira el odio del negro enemigo y aprueba el Gobernador de tierra y cielo, lo que hace favorable la víctima del altar, lo que aviva la fe del corazón dormido, lo que, como una lima, limpia la enferma herrumbre de los pechos.


No se apaga tan fácilmente una llama con el agua rociada de un torrente ni las nieves se derriten al ardor del sol como se desvanece la erizada mies de los pecados tumultuosos machacada por el ayuno fortalecedor, si a éste se une sin cesar la dulce generosidad de la limosna.


Hay también, por cierto, aquel otro gran cortejo de virtudes: vestir a los desnudos, alimentar a los necesitados, prestar ayuda bondadosa a cuantos la suplican, pensar que entre ricos y pobres una única y pareja condición es la guía de su destino humano.


Asaz bienaventurado el que extiende su diestra ávida de alabanza, pródiga de dinero, y cuya mano izquierda ignore la dulce acción de los favores dados; a éste lo colman ya a lo lejos los eternos bienes y la ganancia centuplicada lo enriquece por el préstamo ofrecido.


Prudencio, Himno de los que ayunan, vv. 176-220.

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N. B. Amigos: Hemos superado las 125.000 visitas, un número redondo, desde 23-julio-2009. Gracias. Encomendemos a Dios el blog y a cada uno de sus miembros, para crecer juntos en santidad y para que el blog crezca sembrando el bien (formación, liturgia, oración).

domingo, 7 de noviembre de 2010

Plegaria: la vida que brota del Bautismo


Oh Padre de la vida eterna,
que no eres Dios de muertos sino de vivos,

y que enviaste a tu Hijo como mensajero de la vida,

para arrancar a los hombres del reino de la muerte
y conducirlos a la resurrección,

te rogamos que libres a estos elegidos

de la potestad del espíritu maligno,
que arrastra a la muerte, para que puedan recibir la nueva vida de Cristo resucitado
y dar testimonio de ella.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Señor Jesús,
que, resucitando a Lázaro de la muerte, significaste que venías
para que los hombres
tuvieran vida abundante,
libra de la muerte a éstos,

que anhelan la vida de tus sacramentos,

arráncalos del espíritu de la corrupción

y comunícales por tu Espíritu vivificante

la fe, la esperanza y la caridad,

para que viviendo siempre contigo,
participen de la gloria de la resurrección.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Oración (hispana) antes del sueño

¡Ven, Padre supremo,
a quien jamás ha visto nadie,
y Tú, Verbo del Padre, Cristo,
y Espíritu, de bondades lleno!

¡Oh esencia y poder único
de aquesta Trinidad,
Dios eterno salido de Dios,
Dios que de uno y otro procede!

Pasó el trabajo del día
y a la hora del reposo torna;
el sueño suave, por su parte,
desata los cansados miembros.

El alma, entre borrascas agitada
y herida de mil cuitas,
la copa del olvido bebe
por sus entrañas todas.

La fuerza del Leteo se desliza
por todo el cuerpo y no consiente
que el sentimiento del dolor difícil
embargue el corazón a los que sufren.

Por voluntad de Dios se dio esta ley
a los mortales miembros:
que el placer saludable del descanso
alivio traiga a sus trabajos.

Prudencio, Himno para antes del sueño, vv. 1- 24.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Presencia de Dios entre los hombres (II)

Pero aquí hay paz, aquí el trono del Cordero en la tierra,
el atrio sagrado del cielo.
Y ningún espíritu creado puede comprender

lo que tu presencia llena de gracia,
obra de maravillas para la eternidad
en los corazones, convertidos en templos para ti;
aquí obras fuera de la vista de todo el mundo

lo que un día harás cuando renueves la faz de la tierra.


En el silencio de la tienda, oculto a la mirada del hombre,

sostienes tú el mundo en tu mano,

y a sus tormentas has puesto medida y meta.

Pero viene un día, entonces se abren las puertas,
sale el rey a bendecir a su país.

Los luminosos grupos de hijos esparcen flores en el camino

y entonan felices cantos de júbilo.

Cuando, después, los sonidos de campanas resuenan a lo lejos

la muchedumbre se arrodilla en silencio

para recibir la bendición de su Dios,

¿no va, pues, invisible tu ángel a través de las columnas

que se hallan admirando en los bordes de caminos
y pone aquí y allí sobre la frente
la señal, que le libra de la perdición?

Todavía no se imaginan, pero caerán las vendas,

cuando un día se desate el combate final
y tus fieles
testigos permanezcan a tu lado hasta la muerte.


¿Cuándo, Señor, cuándo será ese día?

Mi Señor y mi Dios, escondido bajo la forma de pan,

¿cuándo te manifestarás en tu gloria?
En dolores de parto se halla el mundo,

la esposa aguarda:

¡Ven pronto!
(Edith Stein, Tabernaculum Dei cum hominibus, 25-mayo-1937,
en Obras completas, vol. 5, Burgos 2004, p. 777).

domingo, 12 de septiembre de 2010

Presencia de Dios entre los hombres (I)


Tú dijiste: “Todo está cumplido”; e inclinaste la cabeza en silencio.
Había terminado tu peregrinación en la tierra,

a la derecha de tu Padre estaba el trono de la gloria

preparado desde el comienzo, y tú subiste a él.


Sin embargo, no te has separado de la tierra.

Con ella te desposaste para todos los tiempos,

desde que bajaste de las alturas del cielo
hasta lo más bajo.
Tú, buen Pastor, amabas ya a los tuyos

como nunca un corazón humano ha amado en la tierra,

y no quisiste dejar huérfanos a los hijos,

construiste en medio de ellas tu tienda

y es tu gozo permanecer aquí.


Así quedarás hasta el final de los tiempos:

tu sangre que has derramado para los tuyos abundantemente,
debe servirles la bebida de la vida,
y tú la ofreces cada nueva mañana.
Cada mañana el repicar de las campanas llama

por todas las calles e invita al banquete de bodas.


Los hombres se apresuran mudos y andan a prisa por los callejones,

el sonido alcanza sus oídos pero no su corazón.

Sólo un pequeño grupo de fieles corderitos escucha la voz del pastor.

Con alegría oculta siguen la llamada

a la tienda santa, a la mesa que has preparado.


viernes, 10 de septiembre de 2010

La luz (matinal) del Señor


Que esta luz nos traiga
serenidad y a ella nos devuelva puros;
nada digamos falseado,
nada pensemos tenebroso.

Así discurra todo el día;
que no pequen la lengua mentirosa,
ni las manos, ni los lascivos ojos;
que no mancille falta alguna nuestro cuerpo.

Un vigilante Juez existe allá en la altura
que atentamente todo el día
nos mira y nuestros hechos considera
desde la luz primera hasta el ocaso.

Este es el testigo, éste es el árbitro,
éste escudriña cuanto concibe el alma humana,
cualquiera que ello sea;
nadie a este Juez engaña.

Prudencio, Himno de la mañana, vv. 97-112.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Plegaria: "Mi amor supremo eres Tú"


Jesús, al desterrarte a nuestra tierra,
movido por tu amor,
por mí tú me inmolaste.
Toma mi vida entera,
Amado mío,

yo sufrir por ti quiero,

quiero morir por ti.


Tú mismo, mi Señor, nos lo dijiste:

“Nadie puede hacer más por los que ama que por ellos morir”.
Pues bien: mi amor supremo
eres Tú, mi Jesús.

Se hace ya tarde, el día ya declina,

ven, Señor, a guiarme en el camino.

Con tu cruz voy trepando
por la colina arriba.

Quédate aquí conmigo,
peregrino celeste.

En mi alma tu voz encuentra un eco,

quiero a ti parecerme,
reclamo el sufrimiento.
Tu palabra encendida me quema el corazón.


Tuya es para siempre la victoria,

y extasiados los ángeles la cantan.

Antes de entrar en la celeste gloria,

el Dios-Hombre tenía que sufrir.
¡Cuántos desprecios por mi amor sufriste en tierra extraña!

También yo quiero oculta y despreciada vivir y ser en todo la última por ti.

(Sta. Teresa del Niño Jesús, Poesía nº 31,
Cántico de Sor María de la Trinidad y de la Santa Faz).

domingo, 29 de agosto de 2010

Jesucristo llena el corazón


En ti solo, Jesús, mi afición pongo,
corro a tus brazos, a esconderme en ellos.

Como un niño pequeño quiero amarte, como un bravo soldado luchar quiero. Como un niño, te colmo de caricias,
y de mi apostolado en la palestra como un guerrero a combatir me lanzo...

Tu corazón divino,

que guarda y que devuelve la inocencia,

no es capaz de frustrar mis esperanzas.

En ti, Señor, reposan mis deseos:
después de este destierro,
¡al cielo a verte iré!
Cuando la tempestad se alza en mi alma,
levanto a ti mis ojos,
y en tu tierna mirada compasiva

yo leo tu respuesta: “¡Hija mía, por ti creé los cielos!”

Yo sé que mis suspiros y mis lágrimas

ante ti están y te encantan, mi Señor.

Los serafines forman en el cielo
tu corte,
y sin embargo
tú vienes a buscar mi pobre amor...

Quieres mi corazón, aquí lo tienes,

te entrego enteros todos mis deseos.

Y por ti, ¡oh mi Rey y Esposo mío!,
a los que amo seguiré yo amando.

(Sta. Teresa de Lisieux, Poesía n. 39, “Sólo Jesús”).

domingo, 22 de agosto de 2010

Tu corazón y el nuestro, Señor


Mi corazón ardiente quiere darse sin tregua,
siente necesidad demostrar su ternura.

Mas ¿quién comprenderá
mi amor,
qué corazón
querrá corresponderme?

En vano espero y pido
que nadie pague con amor mi amor.

Sólo tú, mi Jesús,
eres capaz de contentar mi alma.
Nada puede encantarme aquí en la tierra,
no se halla aquí la verdadera dicha.
¡Mi única paz, mi amor, mi sola dicha
eres Tú, mi Señor!

Tú supiste crear un corazón de madre,
por eso encuentro en ti al más tierno y amable de los padres.
¡Oh Jesús, mi único amor, Verbo eterno!,

tu corazón es para mí más dulce que el corazón más dulce de una madre.
A cada instante y paso
me sigues en mis pasos y me guardas.
Cuando te llamo, acudes prontamente.

Y si, tal vez, parece que te escondes,
Tú mismo vienes en mi ayuda luego para poder buscarte.
(Sta. Teresa de Lisieux, Poesía n. 39, “Sólo Jesús”).

domingo, 1 de agosto de 2010

Plegaria al amor del Corazón de Cristo


Nos atrae con poder misterioso,
nos encierra en sí en el seno del Padre
y nos da el Espíritu Santo.


Este corazón palpita para nosotros en el pequeño tabernáculo

donde permanece misteriosamente oculto en aquella silenciosa, blanca forma.

Éste es, Señor, tu trono de Rey en la tierra,

que tú has erigido visiblemente para nosotros,

y te gusta ver acercarme a él.


Tú hincas tu mirada lleno de amor en la mía,

e inclinas tu oído a mis suaves palabras
y llenas el corazón con profunda paz.


Pero tu amor no encuentra satisfacción
en este intercambio
que todavía permite separación:

tu corazón exige más y más.

Tú vienes a mí cada mañana como alimento,

tu carne y sangre son para mí bebida y comida

y se obra algo maravilloso.


Tu cuerpo cala misteriosamente en el mío,
y tu alma se une a la mía:

ya no soy yo lo que era antes.

Tú vienes y vas, pero permanece la semilla

que tú has sembrado para la gloria futura

escondida en el cuerpo de polvo.


Permanece un resplandor del cielo en el alma,

permanece una profunda luz en los ojos,
una suspensión en el tono de la voz.


Permanece el vínculo, que une corazón con corazón,

la corriente de vida que brota del tuyo

y da vida a cada miembro.


Qué admirables son las maravillas de tu amor,

sólo nos asombramos, balbuceamos y enmudecemos,
porque el espíritu y la palabra no pueden expresar.

(Edith Stein, “Yo estoy con vosotros”,
en Obras completas, vol. 5, Burgos 2004, pp. 799-803).